Octubre 2008
Muchos años de populismos radicales, militares y peronistas convergiendo sobre una ideología básicamente hostil al capitalismo, llevaron a nuestra Argentina a una postración muy costosa para los menos favorecidos.
No es casual que los indigentes y los que “se cayeron” de la clase media constituyan un altísimo porcentaje de la población. El costo de no ser a estas alturas un país rico y avanzado es inmenso. En sufrimiento, en resignaciones, en humillación y en vidas.
El sistema repartidor de lo ajeno que nos hunde desde hace más de 60 años no le sirve a la gente porque la única calidad de vida que mejora es la de los funcionarios políticos, la de los “empresarios” cortesanos, la de sindicalistas mafiosos y la de sus respectivas familias.
Lo que a la gente común le interesa es dar educación, vivienda y salud de primera a sus hijos, vivir en un país que tenga verdadera justicia y seguridad o tener más dinero para comprar lo que le venga en gana y poder ayudar a otros. Y esto se logra -aquí y en China, hoy y siempre- con capitalismo.
Lo que el gobierno debe lograr para hacer más feliz a más gente es crear condiciones donde se forme y prospere una sociedad de propietarios. Más interesados en proteger sus bienes y acrecentar sus derechos que en robar la propiedad ajena como modo de escapar a la pobreza.
Sin duda, los sueldos tienen que ser mucho más altos. ¡Debemos procurar entonces que haya más empresas que compitan ferozmente entre si por nuestros servicios! Y para que haya más empresas deben aparecer más personas emprendedoras dispuestas a arriesgar su dinero invirtiéndolo en la creación de un nuevo negocio.
Para que afluyan a un lugar los emprendedores y sus capitales deben existir ventajas con respecto a otros lugares. Las ventajas que aprecian quienes poseen el dinero son: seguridad jurídica (leyes y jueces que protejan a rajatabla la propiedad privada), seguridad física (agencias de protección que mantengan a raya a la delincuencia) y seguridad política (gobiernos austeros, honestos, respetuosos de los derechos individuales y que aseguren la continuidad de este sistema de respetos en el tiempo).
Pero se necesita un plus. Los emprendedores más exitosos son también los más creativos. Innovando, investigando y fabricando productos, artes, ideas que se inserten con ventaja en el mercado global. Y a las personas creativas las estimula la libertad. Libertad para ganar honradamente sin que se lo quiten y para gastar y colocar sus ganancias dónde y cómo les plazca.
Debemos entonces exigir un entorno de gran tolerancia y libertad. Religiosa, de pensamiento, económica, cultural, de modo de vida, de educación y de todo tipo. Deben minimizarse la coacción tributaria, la violencia verbal y las prohibiciones de toda laya llevando la línea divisoria hasta el punto extremo donde la acción de uno vulnere los derechos y la propiedad de otro.
Acciones como la entrega de títulos de propiedad a pobladores de etnias autóctonas no solo de sus actuales asentamientos sino de todas las tierras fiscales disponibles en el país o la de repartir las acciones de todas las empresas del Estado entre sus empleados, apuntarían en esa dirección: una sociedad de propietarios.
Con gran libertad bancaria, de movimiento de divisas sin restricciones ni sobrecostos. Convirtiéndonos en conveniente refugio para las fortunas del mundo. Colaborando tan solo con Interpol cuando haya requerimientos por dinero de cárteles, mafias o terrorismo. Bajando impuestos, burocracia y gasto público a medida que la libertad económica genere dinero en los bolsillos de la gente.
Un entorno semejante liberaría ingentes fondos a propios y extraños fomentando el crédito, el ahorro y el aterrizaje de grandes capitales. Al haber más empresas y más producción de toda clase, este gobierno austero y honesto podría disminuir aún más los impuestos, con igual o mayor recaudación. A menos impuestos, más incentivos para invertir, más capitalistas ingresando y mayor nivel de vida sustentable para más argentinos.
Ingresar al círculo virtuoso del capitalismo popular no es difícil.Lo difícil es lograr que los votantes se enteren de que con un sistema así, los más beneficiados están en las clases más bajas.
Como dar oportunidad a decenas de miles de familias urbanas jóvenes de escasos recursos disconformes con sus vidas, de poblar con emprendimientos productivos los enormes valles, costas de lagos y embalses patagónicos y norpatagónicos hoy paraísos semidesérticos, apenas visitados por unos pocos privilegiados.
El gobierno proveería asesoramiento, capacitación y un marco legal- ecológico mientras que capitales privados brindarían la necesaria infraestructura moderna (forestación, accesos, energía etc.) financiando a largo plazo a miles de nuevas pymes familiares.
La producción bajo riego de frutas finas y especialidades orgánicas de alto precio, la acuicultura, el turismo, los deportes náuticos, la fabricación de microinsumos tecnológicos, la microrrobótica medicinal y otras actividades intensivas más tradicionales se complementarían con nuevas oportunidades de negocios para aquellos que los sigan, ofreciendo los servicios comerciales, educativos, de salud y de todo tipo requeridos por estas nuevas comunidades.
Ideas como estas podrían multiplicarse desarrollando multitud de áreas, por ejemplo, en el noroeste argentino produciendo, industrializando y exportando masivamente especias, aromáticas, frutos secos, aceites esenciales, carnes especiales, vinos y licores, tejidos finos, especialidades medicinales de alto valor, explotando el ecoturismo, la nanotecnología futurista o los deportes de montaña entre muchos otros negocios. Nuevas comunidades dotadas de la más moderna tecnología, comunicadas e integradas con el planeta, abiertas a las inversiones sin trabas ni gabelas, innovando hasta en la sustentabilidad energética con emprendimientos solares, eólicos o geotérmicos amigables con el ambiente.
El agro, la industria y el comercio de las provincias centrales también son terreno fértil y obvio, por supuesto, para inversiones a gran escala de capital creativo, con impresionante potencial.
Menos Estado y más Sociedad. Menos leyes retrógradas y más acuerdos voluntarios. Menos violencia impositiva y más respeto hacia las decisiones personales sobre la propiedad: más propietarios y menos proletarios. Capitalismo popular creando y repartiendo riqueza furiosamente en un ambiente excitante que no le tema al poder económico, que atraiga cerebros y dinero en lugar de expulsarlos en forma suicida como lo han hecho hasta hoy nuestros gobiernos.
Para sacar a miles de jóvenes de la desesperanza, las drogas y el delito ofreciéndoles a cambio oportunidades de superación y progreso económico, de respeto por si mismos y por la comunidad.
martes 7 de octubre de 2008
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