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Odiadores... del Terrorismo de Estado

Enero 2021

Lo que verdaderamente odian los argentinos de trabajo, los republicanos que se sienten unidos a la Argentina por el contrato social de la Constitución Nacional de 1853, las 12.898.000 personas que en las últimas elecciones votaron por Macri, Lavagna, Espert  y Gómez Centurión… no es a los 13.034.000 personas que votaron por los Fernández y por Del Caño. Lo que odian es convertirse en los esclavos de sus mandatarios; en proveedores forzados del dinero destinado a bancar su aparato de control clientelar y desguace institucional/cultural para mejor atornillar a sus líderes en impunidades y privilegios. Algo que no figura en sus planes de vida ni en contrato alguno.

Odian la burocracia ideologizada, minada de costosos parásitos; vale decir, el terrorismo de Estado de la máquina de impedir que bloquea 9 de cada 10 intenciones de superación de jóvenes, emprendedores, innovadores, empresarios, comerciantes, inversores y voceros de la verdad, en línea con su plan de abatimiento de toda resistencia vía resignación. Vía desesperanza y/o exilio.

Odian el terrorismo de Estado justificador de ladrones corruptos, derogador de la igualdad de oportunidades, propulsor del capitalismo de amigos políticos, sindicales y de pseudoempresarios protegidos; todos con indignantes fortunas (y capacidades de presión y daño) malhabidas.

Y sobre todo odian el terrorismo de Estado fiscal que el gobierno usa como herramienta de demolición de poder económico ciudadano (y consecuente demolición del poder de libertad de elección), en su master-plan de sometimiento por pobreza de nuestras clases medias a través de tributos grillete: discriminantes, progresivos y confiscatorios. Una esclavitud impositiva que, opinen lo que opinen los 3 oportunistas, el corrupto y el rehén de la Suprema Corte, choca de frente con el espíritu y la letra de nuestra norma fundamental; la insulta, la viola y de hecho la deroga.

Lo cierto es que en nuestro país, los pobres e indigentes que son la declarada clientela del pobrismo gobernante, no tienen libertad de elección. El bienestar asociado a las múltiples opciones de la sociedad de consumo, normal en otros lares, es un tren que no se detiene en su andén; uno al cual no pueden subirse. Un pobre aquí, hoy, no puede tomar verdaderas decisiones. No es libre (¿libertad, para qué? dijo Lenin). Los argentinos, empobrecidos, son esclavos de sus pobres opciones de pobres; sin poder de compra ni capacidad de superación; sin igualdad ante la ley y lo que es más triste, sin sueños.

El plomero de barrio argentino Dani no puede elegir entre una camioneta Ranger y una Amarok cero kilómetro, como sí puede hacerlo su similar irlandés Johnny; para Dani la opción será entre una destartalada Saveiro modelo 95 y una F-100 ‘72. Él vive en una sociedad esclavista (estatista) y es, junto a millones, servil esclavo de unos pocos vivillos políticos; vive sodomizado intelectual y económicamente mientras Johnny es un hombre libre entre millones de prósperos iguales ante la Ley, en un país donde impera la democracia liberal en línea con un capitalismo competitivo.

Nuestro “camino de los vivillos” de 75 años, corporativo, autoritario, en muchos tramos criminal (Cinco por Uno, Montoneros, Triple A, Nisman, Once etc.), sustituidor de importaciones y expoliador del agro fue exitoso: llegamos a la pobreza. La mitad de nuestra población ya se encuentra en su destino merced al voto suicida de la última elección, en tanto el resto va empobreciéndose a marchas forzadas.

A nuestro gobierno no le interesa que Dani trabaje horas extras, gane bien en moneda dura, ahorre y prospere como para decidir (entre otras cosas) comprarse una Ranger cero; para guardarla en el garaje de su nueva casa con jardín, pagada con un crédito hipotecario accesible, en un barrio de su elección. No. A los Fernández no les interesa el mérito.

Su plan es otro: es el de “todos pobres y controlables” (menos ellos, claro, junto con las otras dos oligarquías parásitas: la sindical y la de los empresarios curro-protegidos) en un paisito de pocas opciones; cerrado, de cabotaje, sin librepensadores empoderados ni sueños de país audaces; que entusiasmen.

Todo gracias a los millones de alienados del voto de clase, “del palo”, de militancia tribal guiada por “los propios” (¿?); palmeados en sus unidades básicas y villas miseria por punteros coimeros, camporistas, narco-papás o sonrientes líderes de mansión, cuenta en Seychelles y autos de alta gama. Votantes resentidos y envidiosos. Colonizados. Girando en su propia y autocultivada impotencia pero eso sí, “contenidos”. Choriplaneros de ley que, mientras no tengan como vecino a algún “rico” (algún Dani exitoso que haya ganado su dinero trabajando honestamente en la actividad privada), mientras sean todos pobres, ladinos, incultos e iguales en resultados, se conformarán.

Eso, el sistema-basura al que hemos llegado a través de nuestro terrorismo de Estado cultivador del voto delincuente -algo profundamente genocida- es lo que odian los argentinos de bien.





¿Argentina Ladrona?

Abril 2008

El enfrentamiento del sector agropecuario con el gobierno tiene la virtud de haber dejado al descubierto la trama profunda del problema argentino. Porque la pelea de fondo que hoy se libra va más allá del aumento de las retenciones.

Se trata de un cuestionamiento ético de base al núcleo filosófico que sustenta, no solo al peronismo gobernante sino a los populismos (militares incluidos) que jalonaron nuestra ruina como nación rodando por las escaleras del ranking mundial, y a las muchas agrupaciones opositoras que propugnaron -y en muchos casos lograron- políticas económicas de corte socialista y nacionalista como “opción” a la sucesión de desaguisados, estafas, crisis y parches que marcaron los últimos 78 años de nuestra historia.

El cuestionamiento entonces, es al modelo de país que surge detrás de la rebelión fiscal del agro, como respuesta al terrorismo de estado fiscal del gobierno.

Si todo va tan bien como dicen (baja inflación, menos desocupación y pobreza, gran crecimiento) teniendo a la Argentina que produce bajo una fantástica presión tributaria, ¿para qué vuelven a subir impuestos?
Más bien deberían estar bajándolos.
Pero las caretas cayeron al suelo tras el cachetazo y ahora el pueblo empieza a darse cuenta de que el Estado necesita cada vez más dinero para apuntalar el derrumbe del insensato sistema dirigista de subsidios cruzados, precios falsos y salarios indignos que desde hace años intenta aplicar a contramano de lo que hacen las sociedades inteligentes del resto del planeta. ¡Los argentinos somos más vivos!

El modelo de país que se está cuestionando (dejando de lado los rabiosos llamados al gulag comunista del Sr. D’Elia y sus pandilleros racistas) es un modelo de solidaridad forzosa (concepto contradictorio en si mismo) donde el sector eficiente debe entregar como norma todo ahorro legítimamente logrado al Estado, quien lo seguirá usando para subsidiar precios de alimentos, energía y servicios a 40 millones de personas.

Hasta aquí puede cuestionarse la cosa como mero disparate económico, cuyas consecuencias de mediano plazo (5 – 7 años) ya empiezan a verse.
Sin embargo es el error moral inherente a este modelo lo que subleva a los honestos : el dinero succionado también se usa para poner de rodillas a intendentes y gobernadores, para cooptar opositores, para financiar la mafia sindical, piquetera y de madres empañueladas, para promover irresponsablemente el crecimiento de industrias inviables y prebendarias, para estatizar y crear nuevos actores económicos que dependerán de más subsidios, para asegurar la próxima elección comprando votos mediante asistencialismo, o simplemente para facilitar condiciones ideales de corrupción en beneficio de su propia clase política.
No menos importante es el error moral de quitar a palos, a un solo sector y antes de impuestos, las ganancias del trabajo obtenidas por derecha.

Es la Argentina ladrona, damas y caballeros. Y funciona con el acuerdo de 8.200.000 compatriotas que votaron otra vez a un Kirchner.
Aclaremos, por las dudas y hablando siempre de ciudadanos habilitados para votar, que 10.000.000 votaron por partidos de oposición y 8.800.000 no votaron a nadie.

El modelo de país que el empresariado eficiente propone es... el del mundo civilizado. Libertad económica para reinvertir y crecer, respeto por la propiedad ajena y absoluta seguridad jurídica contra atropellos de déspotas que creen que los votos legitiman la apropiación indebida. O sea, la aplicación en letra y espíritu de la Constitución Nacional de 1853, todavía vigente. El único pacto social legítimo.
La Argentina solidaria redistribuiría así la riqueza de su crecimiento en más trabajo mucho mejor pago para más personas.