Cambiando Saberes


Abril 2023

 

El saber popular dicta que la democracia representativa y el Estado que la sustenta son el Fin de la Historia en lo que a organización social se refiere.

Y que de dicho supuesto se infiere la inclusión de “todos” organizados y copropietarios de lo público (Estado), garantizando mediante el voto individual nuestro propio “autogobierno” (democracia representativa). Un modelo social superador del de las viejas monarquías absolutistas donde un rey hereditario era literalmente propietario del reino que estuviese bajo el dominio de sus armas, brindando a sus súbditos protección y justicia.

Dentro de este marco de saberes inculcados por la educación oficial desde la más tierna infancia, la evolución supuesta en este cambio de paradigma (de rey a presidente y de súbdito a ciudadano) no es algo que merezca duda.

Sin embargo, dado que el libre cuestionamiento intelectual es algo propio de personas inteligentes (quien esto lee, por caso), nos permitiremos presentar a modo de estimulante mental, una campana diferente.

En el caso de la primitiva monarquía absoluta sucedía que el capital tierra “arrendado” a terceros a cambio de cierta parte convenida de su producto, era propiedad de la familia real o feudal. Así las cosas, era de primordial interés para el soberano el conservar y acrecentar dicho capital con vista al éxito financiero, prestigio y sobre todo continuidad de su dinastía con el beneplácito de sus súbditos, sin cuya relativa anuencia le sería muy difícil sostenerse en el tiempo.

Por tal motivo, los impuestos (modo obvio de aumentar el gasto corriente de su corte) eran usualmente bajos ya que su resta de la renta privada de los habitantes implicaba una menor tasa de capitalización popular y por ende una erosión al capital productivo del que él era, en última instancia, dueño interesado.

Lo mismo corría para con el exceso regulatorio o la justicia amañada, suma de ineficiencias que redundarían al final del día en su propio quebranto económico y ético. En el de “su” reino frente a otros. Dos cuestiones en las que su mejor “virtud” impactaba de modo proporcional tanto en el ánimo colaborativo y prosperidad de su pueblo como en la riqueza a largo plazo de su Casa.

Los estímulos corren en otra dirección en el caso de la democracia representativa y su moderno Estado territorial con sus (¡también!) monopolios de seguridad y justicia.

Los funcionarios democráticos tienen acceso a la “renta fiscal” pero no al capital productivo, el que se encuentra repartido entre los ciudadanos. Por lo tanto carecen del incentivo hacia preferencias temporales de largo plazo para conservarlo y acrecentarlo y tienen claro que su autoridad caducará en pocos años con lo que su “momento” siempre será “ahora” tanto para quedarse con algo como para visibilizar su accionar frente a los clientes-votantes.

Tenderán pues a aumentar impuestos y regulaciones a minorías subjetivamente seleccionadas, tanto como a amañar la justicia para mejor disponer para sí y para su parcialidad de gratificaciones inmediatas. Y estarán inclinados, naturalmente, a hacer crecer el gasto de la “corte” del gobierno aumentando su tamaño y atribuciones (v.gr. el poder político) para congraciarse con socios, amigos y parientes haciéndolos vivir, como ellos, del Estado. La maximización de la propiedad privada y riqueza nacional futura de la ciudadanía de a pie (v.gr. el poder social), como es comprensible, no será su prioridad.

Bajo esta óptica, no se ve en el análisis tendencial ventaja evolutiva real de un sistema al otro sino más bien todo lo contrario.

Los absolutismos practicados en reinos, principados y ducados hereditarios o ciudades Estado de Europa (de los que sobreviven algunas pequeñas pero muy exitosas excepciones) cayeron en desuso en su momento por circunstancias históricas que no es del caso enumerar, mas no por falta de eficiencia económica estructural, modus racional “de base” del que mucho podría aprenderse.

De más está decir que las grandes monarquías europeas actuales no son asimilables a aquellas sino al sub grupo parlamentario de las democracias representativas.

El aprendizaje del caso no implica, desde luego, un retorno a los monarcas sino el apalancamiento del avance de la élite intelectual honesta hacia un más inteligente norte evolutivo de nuestra especie… y de nuestra Argentina.

Lo que hoy sí se sabe con certeza merced a la comprobación empírica y al aporte académico del liberalismo radical es que el desarrollo real,  sin relatos voluntaristas, puede darse con gran potencia en un sistema orientado a que todas las libertades teóricas enunciadas en nuestra Constitución (y algunas otras) tornen en letra viva conectándose sin trabas entre sí para sinergizar propiedad, recursos económicos, seguridad, transparencia y más oportunidades sociales en un marco de opciones civiles amplias. Incluyendo entre esas libertades, incluso, la posibilidad de secesión.





Acerca del Odio al Estado

Marzo 2023

 

Con respecto a lo que podemos esperar a largo plazo de la idea de organización social más beneficiosa, es el gobierno lo que es y será por siempre. El Estado, un constructo accidental en la larga historia de nuestra especie, no tendrá la misma suerte.

Importa señalar esta diferencia si es que nos interesa definir un norte ideal a la hora de aportar nuestro grano de arena al progreso humano. Si es que nos interesa apostar a largo plazo por el emprendedorismo, por la sacralidad inherente a cada individuo y por su búsqueda personal de la felicidad en el marco de una sociedad de mutuos respetos que adopte el principio de no-agresión como norma fundante.

En efecto, el Estado en tanto ente territorial monopólico y coercitivo nunca fue (ni es hoy) per se necesario para el mantenimiento de comportamientos civilizados.

Aunque no haya más ciego que quien no quiere ver, lo visible en la actualidad es que el Estado es más bien un impedimento para el sano orden social. Un freno burocrático (y muy costoso) para mejoras comunitarias más creativas y veloces; sin tanta cortapisa autoritaria discriminante.

Visión que demanda el esfuerzo consciente de superar el cúmulo doctrinal inculcado en nuestras cabezas desde niños por la educación estatal y privada de currícula obligatoria favorable, entre otras graves falsedades conceptuales, a que se considere a su burocracia como “monopolio natural” e insustituible en toda mediación.

Así las cosas, cualquiera puede ver que los esforzados emprendedores que logran triunfar económicamente, generan trabajo y promueven así el bienestar de otros, lo hacen 9 de cada 10 veces… a pesar del Estado. Y que son solo una fracción de los que hubieran triunfado en actividades constitucionalmente lícitas de no mediar un engorroso listado de impedimentos estatales “legales”.

Lo estatal, el poder político como contraposición (por carga económica parasitaria) al poder social que genera la renta, no es en modo alguno el formato definitivo de organización social para la solución de problemas.

No tuvo en el pasado la nociva preponderancia que tiene hoy y sin duda será sucedido a largo plazo por ordenaciones de convivencia distintas a las actuales. Más libres de mitos y temores interesados; más racionales y poderosas en el logro de un más efectivo bien común.

Ni siquiera la democracia, ni aún la republicana, es el Fin de la Historia en el humano camino hacia la no-violencia y sus sistemas de facilitación para el modo de autogobierno que mejor aporte a la búsqueda individual de la felicidad, respetando igual derecho del prójimo.

La verdad se va abriendo paso entre la intelectualidad contemporánea (al menos la honesta) que empieza a tomar nota de que el Estado, a fin de cuentas, es el Gran Corruptor.

Lo es con un modelo des-civilizador que  ha ido trocando las preferencias temporales de la gente desde las de largo plazo (ahorro, inversión y sacrificio del ahora en aras de un futuro mejor) a las de corto, de “pájaro en mano”, con la enormidad de consecuencias en cadena que ello acarrea.

La afectación de los derechos de propiedad y disposición que el Estado propicia en aras de solventar su creciente estructura (tributos y reglamentaciones coactivas que sustraen renta ciudadana) asegura una disminución de bienes futuros, entendidos como potenciales no logrados de inversiones privadas socialmente más eficientes no realizadas. Los ciudadanos (el mercado) tienden así a reorientar sus menguantes aportes hacia el corto plazo, afianzando el proceso des-civilizador.

Reorientaciones que, además, son menos eficaces (incluso perjudiciales) en función de la grave distorsión de precios relativos que provoca el intervencionismo estatal.

Por otra parte, intra-Estado, el mismo efecto tóxico se verifica en el propio sistema democrático que propende a la renovación cada cuatro años de los funcionarios políticos (que se saben administradores mas no dueños de los dineros sustraídos de la renta privada) impulsándolos a gastar (o robar) ya, por sobre el ideal del estadista de gobernar para el país que vendrá, dado que los resultados de los gastos de largo plazo no resultarán visibles en la siguiente elección.

Esto nunca podría ocurrir en un sistema de formato libertario cuyo norte estaría en implementar un sistema de fortísimo incentivo inversor, creador serial de riqueza, oportunidades y bienestar generalizados (capitalismo), en lugar de estarlo en la riqueza y el bienestar de los profesionales de la política clientelar (pobrismo). Porque en la descentralización que sobrevendría estos serían gradualmente reemplazados (desde la propia comuna, cada vez mejor autogobernada en libre red colaborativa global) por equipos de gerentes profesionales fáciles de calificar, tercerizar, despedir o reponer, al exclusivo servicio de las verdaderas necesidades de la gente de a pie: más y mejor trabajo e ingresos, mucho mejor seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura, paz social y esparcimiento con la mayor variedad de oferta en competencia, al menor costo posible, para el mayor número.

El odio al capitalista promovido desde hace siglos por la izquierda cambia, educando en valores al soberano, por el odio al Estado. El verdadero corruptor; creador y protector de mafias. El gran vampiro; obeso, oportunista y mentiroso. El leviatán que frena y revierte el progreso de las familias que componen la sociedad, devorando sus ingresos; esclavizándolas bajo el peso de sus grilletes reglamentarios e impositivos (siempre discriminantes, además).

El Estado, ente que los constituyentes pretendían encadenar con el bello artilugio de la división de poderes, los frenos y contrapesos, ciñéndolo a su tarea de promover el desarrollo a través del trabajo productivo de la gente común (actividad privada) se ha quitado esas cadenas para transferirlas, multiplicadas, al pueblo al que se supone debía proteger y hacer crecer en libertad. Y ha crecido Él, con nuestra sangre, hasta aplastarnos a todos. El desastre argentino es prueba visible de ello.

Es nuestra tarea hacer ver a la élite honesta y al electorado en general que es al Estado a quien se debe odiar y que es el amo castrador que este mismo año debemos empezar a quitarnos de encima, no votándolo.

Cuestionando y boicoteando mental y fácticamente hasta donde sea posible, además,  todo lo que de Él provenga.





El Sistema No Funciona

Febrero 2023

 

“Dadle poder a una ignorante y tendréis una energúmena”. Es precisamente lo que tenemos hoy y aquí desde hace más de 3 años, otra vez, al comando del Estado.

En verdad se nos va la vida (a las dos generaciones anteriores ya se les fue) esperando el “click” democrático. El número mágico de mayorías necesarias; el umbral de masa crítica electoral que permita empoderar a políticos con verdadero potencial de estadistas. Que los hay.

Entendiendo que ser estadista hoy implica haber asumido que nuestra prosperidad no va a depender de personas sino de instituciones. Y que electa la persona, deberá proponerse reformarlas en serio apuntando a convertirlas a mediano y largo plazo en Contratos Sociales reales; con norte final en redes de acuerdos cooperativos voluntario-inclusivos en lugar de coactivo-extractivos. Y en hacer que los nombres propios de los administradores designados lleguen a ser irrelevantes. Como lo es, por caso, el del presidente de Suiza. Una persona cuyo nombre casi nadie conoce en un país sin pobreza y que funciona como un reloj, donde cada uno se ocupa de lo suyo sin pensar en el gobierno más que como se piensa, casi, en un grupo de gerentes contratados.

No otra es la plataforma libertaria nacional de largo plazo.

Hoy y aquí, una -aun- enorme parte del electorado piensa en el gobierno como en un ente con el nombre propio de una mamá que (en su imaginario) les dá de comer, los arropa, les cuenta historias y les dice siempre qué hacer.

Que esa mamá sea tan peligrosa (para la riqueza social) como los payasos del Orinoco y esté en las antípodas de la calificación de estadista, los tiene sin cuidado. Es su mamá. Son sus infantes. En verdad, sus esclavos porque el comando de una energúmena ignorante no puede sino propiciar la pérdida de sus libertades (y consecuentes oportunidades de ascenso) a manos de quienes bajo su orden detentan hoy el poder en la Argentina: la costosísima casta de funcionarios parásitos, la corporación mafiosa de sindicalistas millonarios y la legión de empresaurios oportunistas acomodados al “capitalismo” de amigos. Todos hundiendo (esclavizando) con cinismo a la inmensa mayoría, planeros y ni-ni incluidos.

No sorprende en este marco de ya octogenaria decadencia, que los sondeos de opinión arrojen porcentajes muy altos de descreimiento en cuanto a la utilidad real, tangible de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. Números que revelan una fuerte decepción con la democracia republicana y su sistema de frenos y contrapesos en tanto sistema de “autogobierno”.

De entre estos disconformes, los simpatizantes peronistas y de otros espacios favorables a la confiscación impositiva botarían sin problemas la república para estacionarse en la dictadura plebiscitaria clientelar o “democracia popular”.

Del lado racional o “liberal” de la grieta en cambio y a pesar de la decepción, se desea mantener la normativa republicana de nuestra Constitución limitándose a un nuevo intento de ponerla en funcionamiento, buscando a un tiempo mayor eficiencia y austeridad fiscal relativa.

Pero la verdad debe ser dicha, desgraciadamente, para horror de muchos millones de bienintencionados.

Y esa verdad, a la luz de 250 años de experiencias, es que la (hoy) ingenua ilustración decimonónica del brillante J. B. Alberdi y sus contemporáneos así como antes la de T. Jefferson y otros ilustres caballeros protolibertarios creadores de la Constitución norteamericana, inspiradora de la nuestra y de tantas otras, en cierto punto se demostró fallida. El bello sistema que idearon, simplemente no funciona.

La división de poderes, los controles y contrapesos no lograron su cometido explícito de encadenar a los gobiernos ciñéndolos a su función de promover el desarrollo a través de la actividad privada. De encargarse de proteger la vida, la propiedad y la libertad en la búsqueda individual de la felicidad.

Tras dos siglos y medio de pruebas, cada vez más estudiosos coinciden en que el modelo de protección de minorías (y la minoría más pequeña es la de una sola persona) a través de constituciones escritas no logró asegurar aceptablemente ninguno de aquellos fines.

Y lo que es peor, el tamaño del Estado y el número de sus auto-atribuciones no han dejado de aumentar; tendencia constante comprobada aquí y en el resto del mundo, más allá de agónicos “serruchos” estadísticos entre ocasionales (vanos) intentos de reversión. Lo que significa que la carga económica del poder político avanza lenta pero segura sobre el poder social; vale decir sobre la labor real de producción, ahorro, comercio y reinversión (tasa de capitalización) de la sociedad civil. Lo que equivale a decir, sobre los derechos de propiedad.

La reacción libertaria aparecida en los últimos tiempos aquí y en otras partes, cual duro anticuerpo, es síntoma de que nos acercamos al límite físico del sistema. Insustentabilidad evidenciada en los alarmantes macro datos de déficit crónico y astronómica deuda en ascenso, en especial entre los países más desarrollados.

El bello encuadre republicano (ya no democrático) falló por la ya obvia razón de que tanto los poderes divididos como su compleja ingeniería de controles mutuos deben funcionar con hombres y mujeres de carne y hueso con sus humanas debilidades y lícitos deseos individuales de progreso, apoyados en un modelo de financiación forzada (impuestos). Es decir, todas las personas que integran los poderes y organismos del Estado y su (ahora) enorme masa de funcionarios rentados (incluida la judicatura del sector “auto-controlador”) cargan con la misión de “ajustarse” a sí mismas en favor de “otros” (el sector que genera la renta). Y eso, por comprensibles razones, no sólo no ha ocurrido sino que por tendencia natural corrió desde el vamos en sentido opuesto, pasando de los iniciales, frugales Estados mínimos a los monstruos burocráticos de la actualidad, que casi todo lo asfixian y pervierten. Nuestro país es ejemplo de ello, cayendo en un siglo de la riqueza a la pobreza.

La racionalidad de la teoría libertaria está, justamente, en apoyarse en las tendencias naturales innatas de los seres humanos para avanzar con incentivos institucionales inteligentes en línea con el máximo posible de acuerdos voluntarios, en lugar de insistir en forzar dichas inclinaciones, a contrapelo, mediante el primitivo (y costosísimo) sistema policíaco-estatal de imposiciones económico-reglamentarias y amenazas de terribles castigos por violarlas.

Imposiciones supuestamente  ideadas y aplicadas, cómo no, por individuos de superior bondad, inteligencia y honestidad, plenos de vocación desinteresada de servicio.

Se trata en todo caso de crudas verdades que el sistema educativo uniformador sin fisuras y de currícula oficial obligatoria trató durante generaciones de ocultar mediante un bien planeado adoctrinamiento, tanto a nivel escolar como superior, en la sacro-santidad del Estado como ente (cuasi angélico) integrado “por todos”. Y en la incuestionable “moralidad” del pago de los tributos por Él decididos y de obediencia a las leyes por Él dictadas así como a sus muchos y muy potentes símbolos nacionalistas (A. Einstein afirmaba, por su parte, que el nacionalismo era una enfermedad infantil de la humanidad).

Un condicionamiento mental que resulta ser de tan difícil superación para la mayoría como, por cierto, fuente de conmiseración intelectual y zozobra social para la minoría que ya lo consiguió.

Es tarea de la fracción pensante no alienada, pues, dar la correspondiente batalla cultural, cada cual a su modo y virtud en las casas, en las calles, en las aulas, en los medios, en las plazas, en los campos, en los montes, en los sitios de trabajo, en las playas, en los cafés o donde sea que dos argentinos se encuentren. Aportando el personal grano de arena en la noble tarea de liberar las enormes potencialidades de nuestra comunidad, hoy engrilladas.

 

 

 


Villas Miseria para Todos y Todas.

Enero 2023

 

En Argentina, como en muchos otros países, las encuestas coinciden en mostrar una creciente disconformidad con la democracia representativa, tal como se la entiende hoy.

Además y más marcadamente que en otras partes existe aquí un hartazgo para con la mayoría de los políticos que la gerencian.

Tras el extendido clamor para que “se vayan todos” de principios de siglo, nos encontramos frente a una sensación similar en este fin de ciclo kirchnerista.

Un ciclo de 16 largos años (y breve interludio de 4) de gobiernos peronistas que no dejaron nada sin hacer para cimentar la percepción de que “la democracia” sirve de poco y que los políticos profesionales, sus funcionarios, asesores y referentes comunitarios son casi sin excepción mentirosos, corruptos y soberbios. Pero sobre todo inútiles. Ineptos.

Y que asentados en esa ineptitud, en lugar de crear las condiciones para una movilidad social ascendente por generación de riqueza, nos guiaron cuesta abajo en todos los sentidos en los que puede hundirse una sociedad. Empezando por el sentido de la ética.

La brutal movilidad social descendente que hoy capitanea S. Massa en nombre del triunvirato de ineptos que nos gobierna se inscribe en el modo policial y encepador de la Patria Socialista a la que el actual  ministro de economía siempre adscribió, en tanto peronista redistribuidor coactivo de lo ajeno. Nada nuevo bajo el sol.

Más allá de qué tan larga sea la interminable fila de idiotas útiles (¿30 % del padrón electoral?) que volverán a ceder al síndrome de la mujer golpeada cayendo ante los cantos de sirena de los A. Fernández, Manzur, Scioli, Schiaretti, de Pedro, Uñac, Lavagna, Insaurralde, Urtubey, Massa o quienquiera que coloquen como “moderado” mascarón de proa cazabobos este año… más allá de la legión de empresaurios vivillos, protegidos y ultragatopardistas y de los sindicalistas millonarios y mafiosos que defenderán a capa y cuchillo extorsivo sus aberrantes privilegios, todo argentino debe ser informado (por más intolerable que le sea escucharlo) de que esta gran asociación ilícita hoy denominada Frente de Todos, solo se trata y se tratará de nomenklaturas ricas con cuentas numeradas en Seychelles, impuestos y regulaciones sin freno para todos y todas, pueblo pobre y villa miseria general… sin más esperanza que ser acompañados (a diferentes velocidades, eso sí) por quintacolumnistas cipayos al infierno del socialismo castro-chavista. Vale decir, a un pobrismo al palo.

El oficialismo reúne hoy con claridad meridiana a todos quienes pugnan por carnear a la Argentina honesta. Por acuchillar sin más a lo que resta de la gallina de los huevos de oro. A los que, alienados de frustración y resentimiento, desean escupir sobre las tumbas de nuestros próceres y sus mandatos liberales. Sobre las historias ejemplares de innumerables tanos y gallegos (entre otros) que forjaron trabajando, sin robar a nadie, la América Libre de m´hijo el dotor. Reúne en este 2023 a los cómplices que se aferran sin vergüenza al robo de los privilegios estatales para seguir parasitando el esfuerzo de los decentes a como dé lugar; de los (cada vez menos) que estudian, se esfuerzan, invierten, ahorran y crean valor resistiéndose a huir del país.

Valga como ejemplo la jornada del martes 20 de Diciembre pasado, cuando algunos cientos de los muchos compatriotas que fueron a recibir a nuestra selección vandalizaron el obelisco, destruyeron rejas,  semáforos, luminarias, monumentos, carteles, quioscos cercanos y mobiliario urbano del Metrobús; apedrearon a bomberos y policías, sustrajeron billeteras y celulares y hasta robaron un cajero automático entero tras forzar la puerta del Banco Galicia. Otros compañeros, entretanto, robaban decenas de ruedas a autos estacionados de personas que se habían acercado a Ezeiza para homenajear a los campeones.

Con altísimo grado de probabilidad, quienes hicieron todo esto podrían identificarse casi en un ciento por ciento como simpatizantes kirchneristas. Por cierto, todo un símbolo y representación práctica de cientos de miles de sus votantes, más allá de los millones de conciudadanos peronistas, usuales portadores de falsos ropajes republicanos, cuidadas apariencias y maneras más civilizadas; un tanto menos bárbaras mas igual de tóxicas.

Grandes aportantes con su voto, todos, al descreimiento generalizado en el sistema democrático y al descrédito de nuestra clase política, tras 40 años consecutivos de gobiernos electos desde la última dictadura.

La batalla cultural que debemos dar para revertir esto es enorme. Los cambios de fondo intra-Estado y antimafia a implementar son enormes. Los intereses del privilegio en estatutos y canonjías que habremos de afectar son enormes. Pero la conurbanización total de la Argentina si no lo hacemos está, esta vez sí, a la vuelta de la esquina.

 

 

 

 

Cuándo Se Jodió la Argentina

Diciembre 2022

 

Breves, bellas en su cruel brutalidad, las palabras de Abel Posse (diplomático, académico y autor criollo nacido en 1934) describen con filosa precisión el momento histórico en que “se jodió” la Argentina.

“Perón fue el gran corruptor que dividió al país entre pueblo y explotadores. Distrajo a los de debajo de seguir ganando y progresando con el trabajo honesto, como los gallegos y los tanos e inauguró un espacio de democracia ajena a toda republicanidad. Frenó una marcha igual a la de Estados Unidos, de Canadá, de Australia y sembró la sospecha de estafa de clases en una sociedad que era realmente abierta”.

Agregaríamos, en una sociedad con gran movilidad social ascendente que desde hacía 50 años se movía en el top ten planetario no sólo en lo económico sino también en lo educativo, en lo laboral, en salud pública, infraestructura ferroviaria y edilicia entre muchos otros ítems.

A pesar del absoluto desastre del actual, enésimo gobierno peronista (cuyos lapidarios guarismos, gravísimas pruebas de latrocinio, estúpidas mentiras a repetición y dramáticos efectos sociales obviaremos para no aburrir al lector), recientes encuestas consignan que un 15 % del padrón electoral volvería a votar a sus responsables si las elecciones fuesen mañana. Dato que no sería tan humillante para el promedio de inteligencia del país si no fuese porque los mismos sondeos detectan por cuerda separada un 10 % adicional de “voto vergonzante”, con lo que se concluye que un impactante 25 % del electorado les seguiría dando su apoyo.

Sobre un padrón de aprox. 34.340.000 electores habilitados, serían 8.585.000 personas dispuestas a emitir un tipo de voto cómplice que va de lo inmoral a lo claramente delincuente.

¿Por qué delincuente? Porque implica la pretensión de elegir a sicarios políticos que los representen en la tarea de someter por la fuerza reduciendo a la más brutal servidumbre fiscal y reglamentaria a  millones de compatriotas para que los subsidien a como dé lugar; continuando y agravando el pisoteo de sus proyectos de vida, implícitos en las (hoy derogadas de facto) garantías constitucionales que protegen la propiedad privada, origen de toda libertad civil y progreso económico.

Habiendo todos ellos de tal modo “jodido” a la Argentina, ahora tratan de que sigamos sufriendo un gobierno delincuente por alzamiento contra nuestra Constitución y su preclaro mandato de “sociedad abierta”. Sistema generador de riqueza social; con bajos impuestos, libre mercado, integrado al mundo, republicano en subsidiariedad, ética, austeridad y división de poderes. Lo que excluye privilegios oligárquicos como lo son sin sombra de duda los que ostentan los políticos de la casta, los empresaurios protegidos y los sindicalistas mafiosos. Oligarcas argentos que traicionando a la patria para llenar con coimas sus famosos bolsos de dólares, hundieron al país y multiplicaron por diez la miseria.

Un 25 % de gente que abjure de nuestro contrato social y que adscriba a un modelo de dictadura de tipo nicaragüense, ruso o venezolano (mafio-narco-clepto-kakistocracias), es demasiado.

Esa actitud estato-esclavista, de abierta falta de respeto a la propiedad, de prepotencia resentida propia del ladrón, del parásito profesional, del que es pasto de complejos de impotencia y de inferioridad por malas decisiones de vida (y de voto) tomadas durante mucho tiempo… es lo que excede y quiebra al sistema. Corporizando un virtual escupitajo sobre nuestros próceres, traicionando sus ideales desde adentro en procura de “joder” al país para salirse con la suya.

Ese 25 % de voto cómplice, entonces, no es hoy otra cosa que una Quinta Columna anti-argentina; cipaya; colaboracionista para con el ejército de ocupación y saqueo de las múltiples oligarquías y mafias peronistas. Y se constituye en masa crítica dispuesta a la acción directa, al paro, al bloqueo y a la militancia anti republicana dentro del mismo Estado contra cualquier gobernante que intente reinstaurar la vigencia constitucional y su sabia sociedad abierta.

En otra época, San Martín, Güemes, Belgrano, Rosas o Urquiza hubieran pasado por el sable a sus cabecillas (y a unos cuantos más) por alta traición.

Hoy sólo esperamos que una justicia implacable los alcance. Veloz, resarcidora y duramente ejemplar en penas.

Sería una guía ética; una luz de esperanza; un camino posible de reinserción emocional, moral y mental (en definitiva, institucional) para esos más de 8 millones de conciudadanos perdidos; tóxicos para cualquier proyecto viable de sociedad.

Esa Justicia igualitaria, seria, valiente y tajante es, por otra parte, casi la única alternativa a una eventual deriva hacia intentos secesionistas y/o a la explosión definitiva de nuestro fallido nacional.

Porque, cuidado, la grieta a ultranza, el llegar al extremo de ya “no querer convivir” con quienes tienen tan grandes diferencias en cuanto a proyecto de país, sentido de la vida y de la honra, fue lo que en su momento desató tanto la guerra civil española como el monstruoso éxodo venezolano.

 

 

 

 

Forjando una Nueva Argentina

Noviembre 2022

 

Una frase rigurosamente cierta dice que no se puede ser honesto, inteligente y peronista al mismo tiempo. En efecto; si una persona es honesta e inteligente, no puede ser peronista. Si es inteligente y peronista, no es honesta (al menos no intelectualmente) y si es honesta y peronista… no es inteligente.

Hace algunas semanas vimos en TV a un peronista inteligente siendo entrevistado. A una pregunta del periodista referente al “bucle de decadencia” en el que se encuentra entrampada nuestra Argentina y a su origen coincidente con el advenimiento en 1945 de J. D. Perón y E. Duarte, lo negó airado argumentando que hasta 1969 el país se situaba por encima de Brasil y México en ingreso per cápita, liderando el pelotón latinoamericano. Si bien esto puede ser cierto, omitió mencionar no sólo la gran altura de prestigio y riqueza de la que se partió en el ´45 sino la clara curva descendente que partiendo de aquel año nos trajo hasta el 2022 sin solución de continuidad.

El problema, obviamente, fue y es el “modelo” peronista de fiscalismo, autarquía y proteccionismo nunca abandonado desde entonces, reemplazando al “modelo” liberal de signo contrario que nos había llevado en las 8 décadas previas desde la pobreza y la barbarie hasta las cimas del mundo desarrollado.

Como vemos, otra prueba de la falta de honradez intelectual que confirma el aserto que encabeza esta nota.

Recordemos ahora algunas de las expresiones públicas de su amado líder: “Con un fusil o con un cuchillo, a matar al que se encuentre” (Junio ‘47). “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (Septiembre ‘47).“Vamos a salir a la calle de una sola vez para que no vuelvan nunca más ni los hijos de ellos” (Junio ‘51). “Distribuiremos alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos” (Agosto ‘51). “¡Ah… si yo hubiese previsto lo que iba a pasar… entonces sí: hubiera fusilado a medio millón, o a un millón, si era necesario! Tal vez ahora eso se produzca” (Mayo ‘70). “¡Al amigo, todo, al enemigo, ni justicia!” (Junio ’72).

Cualquier político que hubiera pronunciado urbi et orbi una sola de estas frases hubiese quedado descalificado de por vida en la consideración ciudadana, sin importar qué otras cosas haya hecho o dicho a lo largo de su vida. Se trata de afirmaciones incivilizadas que denotan un bestialismo del que no es posible volver y que ninguna buena persona puede suscribir. Aun así, según encuestas recientes al menos un 25 % de nuestros conciudadanos las suscribe aún hoy haciendo permanecer a Perón y a Eva en su corazón.

Ciertamente tanto el síndrome de Estocolmo como el de la mujer golpeada siguen tallando fuerte en la psicología social argentina.

Villas miseria, sí; clientelismo, también. Perón, un vivillo poco ilustrado, autoritario y sobrador, logró inocular estas taras en millones de almas haciendo que se apartaran de la categoría de “buenas personas” para, ladinamente y sicarios electos mediante, tratar de someter y saquear al prójimo esclavizándolo. Maniatando y embozalando tanto impositiva como reglamentariamente a todos quienes piensan diferente; aplastando sus derechos de propiedad y proyectos de vida junto, claro, con la letra y el espíritu de nuestra Constitución, el pensamiento y la ética de nuestros próceres.

Si es cierto que la edad mental promedio de los adultos actuales oscila entre los 13 y 17 años, es esa inmadurez emocional e intelectual la vulnerabilidad principal sobre la que se asienta el pobrismo peronista, estimulando una permanente dependencia política “del papá y la mamá” (paternalismo i-responsable, identificación y “contención” cultural-partidaria de tribu) en todo lo social.

Por eso, como acertadamente se dice, la educativa es la madre de todas nuestras batallas. Para virar al menos hacia una honestidad intelectual que permita a más y más personas despegarse de la idea de que el camino es el del resentimiento, la envidia, el robo de la labor ajena y un lamentable cabotaje intelectual a través de un “papá” o una “mamá” que (en su imaginario) les dé de comer, los arrope, les cuente historias y les diga siempre qué hacer.

Por el contrario, la libertad a todo orden que nos hará una sociedad rica, de emprendedores y propietarios, nos exige madurar destetándonos de una buena vez del Estado, creciendo en responsabilidad individual, respeto al prójimo y valores cívicos de alta ética.

Es justamente la agenda de hoy; la batalla cultural en proceso, cuyo derrotero empiezan a torcer (y a ganar) los libertarios, vanguardia ideológica de una nueva Argentina Potencia que se presiente y asoma, atada al recambio generacional.

 

 

 

 

Rebeldía Estudiantil

Octubre 2022

 

No está mal la rebeldía estudiantil.

Lo que deben hacer los adultos inteligentes, especialmente los que practican la docencia y los padres de alumnos, es encauzarla. ¡Hagan lío! pidió el papa Francisco a los jóvenes del mundo.

Tomar un colegio y levantar pasacalles para conseguir el acondicionamiento de algunos baños y mortadela de mejor calidad en un sándwich subsidiado son paradigmas de mente estrecha.

Podría estimularse su reemplazo, ciertamente, por otros de mente abierta que saltasen hacia adelante con igual fiereza, apuntando a metas más ambiciosas. En busca de un modelo de escuela y de país mucho mejor que el que nos condiciona hoy, que empuja a los egresados a emigrar tras sus sueños de oportunidades y modernidad.

Mente abierta hacia una sociedad mucho más abierta. Hacia una Argentina Potencia cuyo entorno de grandes libertades no sólo estimule a los nuestros a quedarse sino que atraiga mentes y capitales de otras partes del mundo.

¡Qué imagen! Mil colegios estatales de pie gritando basta a los sueldos infames de Baradel para  maestros y profesores, a instalaciones obsoletas, a más copas de leche y viandas “gratis” para cada vez más alumnos de padres empobrecidos. ¡Basta! a polvorientos programas obligatorios, adoctrinantes en el atraso y la servidumbre. ¡Basta! a malos docentes y directivos que escalan categorías no por presencia, resultados, mérito o innovación sino por inercia de edad y pérfida burocracia sindicalizada.

Decenas de miles de chicos y chicas de pie exigiendo a sus mayores poner fin a 70 años de decadencia y fracaso educacional público equiparando a todos, en todo el país, en la excelencia y oportunidades que dan los mejores colegios privados. Cambiando ya, con audacia, lo que haya que cambiar para asegurar eso.

Empezando por “privatizar” las escuelas estatales dando a sus cuerpos docentes las más amplias libertades curriculares y administrativas y cambiando en 180 grados el uso del presupuesto educativo de la Nación, pasando a subsidiar la demanda en lugar de seguir haciéndolo con la oferta. Esto es, repartiendo esa inmensa masa de dinero (que representa más por cada alumno estatal registrado de lo que un “privilegiado” paga en un buen colegio privado) en vouchers personalizados para que cada padre elija para cada hijo la escuela de su preferencia, atento a su excelencia a todo orden. ¡Limpia competencia, señoras y señores! Se subsidiaría entonces a las pocas escuelas en las que esto sea imposible por distancia, carencias o falta de escala.

Todo alumno estatal rebelde sabe que en una Argentina Potencia, padres y madres contarían con los medios para pagar por sí mismos no sólo una buena alimentación sino un buen colegio privado para sus hijos, con libre elección de currícula, infraestructura y ubicación.

Y sabe que su rebeldía de estudiante indignado puede servir para hacer que cada vez más padres escalen a esta situación haciendo casi innecesaria, un día, la humillante limosna de una educación pública… del “rico” al “pobre”.

Sepamos que eso se llama capitalismo y que la potencia de su acción es directamente proporcional a la decisión con la que se lo aplica.




Visión Opositora

Octubre 2022

 

¿Tenemos en Argentina algún o alguna estadista? ¿Alguien que pueda guiar con sabiduría y vocación desinteresada de servicio en lugar de tratar de ganar elecciones sumando vivezas y zancadillas para usufructuar del Estado? Estadista es aquel que se adelanta a las necesidades y reclamos de su sociedad mientras que político a secas es quien corre por detrás de aquellas demandas. Por detrás de faltas de previsión y estupideces… ya consumadas.

El fenómeno de gobiernos autocráticos que acceden al poder apoyados por el voto mayoritario encuentra parte de su explicación en estudios que estiman la edad mental promedio de los seres humanos actuales, entre los 13 y los 17 años. Porque la sujeción y sometimiento por parte del poder ejecutivo de los poderes legislativo, judicial y de prensa, característica operativa de las dictaduras, se apoya sin piedad en esa inmadurez popular para trocar repúblicas democráticas en cáscaras vacías al estilo ruso o venezolano.

En esa cuerda, el kirchnerismo que nos gobierna denuncia como oligárquica y contramayoritaria a la independencia judicial garantizada por nuestra Constitución, afirmación que por otra parte vuelve a desnudar la táctica de “proyectar” en sus detractores características que le son propias, como la de ser su nomenklatura (políticos y sindicalistas corruptos en connivencia mafiosa con pseudoempresarios cortesanos) la verdadera Oligarquía Nacional. “Nueva” oligarquía en funciones, como bien sabe todo argentino adulto,  desde el año 1945. Otro atropello conceptual peronista que va en línea con su tradicional pretensión hegemónica, que apeló y apela a emociones básicas propias de aquella inmadurez para clientelizar  idiotas útiles pre-esclavizados a través de un gramsciano adoctrinamiento escolar (y universitario) endiosador del Estado, en provecho de sus líderes. Provecho pecuniario de casta que, merced al desastre de la actual gestión estatal, es cada día más visible. Situación esta última que está forzando un cambio cultural que implica traumáticos virajes individuales desde lo emocional hacia lo racional, a pesar de nuestra edad mental promedio (más baja aún, de seguro, que la mundial).

De seguir así las cosas, dentro de un año habrá quedado definido un nuevo sistema de paradigmas. Y un cambio de poder político que según todo indica interrumpirá nuestra irresponsabilidad adolescente de casi ocho décadas en un giro histórico. Copernicano.

La siempre minoritaria fracción madura, la élite intelectual y cultural de nuestra sociedad debe despertar ya, hoy, antes de las elecciones del ‘23 a la asunción de que dos tercios del comercio mundial, la investigación y el desarrollo globales son impulsados y financiados por compañías privadas, no por gobiernos. Y que esto crece y se consolida cada día con nuevos avances tecnológicos, de IA y cripto informáticos al tiempo que instituciones tradicionales como los mismos Estados, las escuelas, los sindicatos, los organismos supranacionales, las religiones y las familias se ven inmersas en profundas crisis;  en graves replanteos de identidad, modus operandi y razón última de ser.

Nuestra élite opositora debe despertar y elevar a un o una estadista con férreo apoyo, anticipándose a otras sociedades en la tarea de reorientar reglas y consensos en la dirección correcta (como lo hizo nuestra “generación del ´80” con J. A. Roca) para no volver a perder el tren de la Historia.

Debe hacerlo porque la humanidad se encuentra en una transición global hacia un cambio de estándares en lo social y económico: de estatales a no estatales; de políticos a no políticos. De instituciones centralizadas, costosas, muchas veces inútiles y corruptas a  organizaciones privadas descentralizadas, más convenientes y útiles.

Una tendencia histórica gradual pero indetenible desde lo coactivo, impositivo y socialista hacia lo voluntario, libre y capitalista, de la mano de trabajadores, emprendedores y empresarios de nueva generación con nueva comprensión holística y social, apalancados en tecnologías de punta y acuerdos voluntarios más heterárquicos (de redes conectivas horizontales) que jerárquicos (ordenamientos de tipo piramidal).

Un tránsito disruptivo de lo violento a lo no violento, que viene de la mano de jóvenes líderes comunitarios y culturales empoderados en el respeto a (hoy) impensadas libertades individuales y proyectos de vida alternativos, de altísima potencialidad multiplicadora de bienestar.

La oposición al actual régimen, tiene la palabra. Y la responsabilidad de visualizar ya la profundidad de ese cambio. De vincularlo con audacia a los argentinos de manera esperanzadora, en el diseño de una plataforma de gobierno consensuada. Y de seleccionar con verdadera vocación desinteresada de servicio al o a la estadista más valiente y confiable para llevar esas ideas a la práctica.




La Constitución Chilena

Septiembre 2022

 

El rechazo popular en Chile al proyecto de nueva constitución, nos interpela.

Por cierto, se trataba de una Carta que nació vieja. Con ampulosas recitaciones de nuevos derechos que para ser efectivizados requieren, como parece ser costumbre, de la violación de derechos previos de mayor calado. Un “contrato social” más restrictivo de la propiedad y de las libertades contractuales en general;  vale decir, aún más frenador de inversiones que el actual en tanto más repartidor coercitivo de lo ajeno. Y retrógrado en cuanto a encuadre civilizador sobre enquistes sociales violentos, apologistas de atrasadas costumbres precolombinas.

En suma, otra constitución voluntarista e intervencionista favorecedora del pobrismo, a ser evitada.

El mensaje que nos compete y que como argentinos deberíamos procesar es que las personas que protestaron en las calles chilenas a partir de Octubre del 2019 (nueva clase media, hace 30 años casi inexistente), en su mayoría querían participar más del avance económico logrado desde la dictadura de Pinochet y su Constitución (aprobada en plebiscito, vale recordarlo). En modo alguno ralentizar ni detener ese progreso; mucho menos revertirlo.

Claro que para lograr el objetivo de real igualdad de oportunidades de mejora para todos lo antes posible con respeto a las normas fundantes de la civilización occidental el camino racional era, en todo caso, una constitución más de avanzada; más audaz y de mayor vuelo intelectual: más capitalista, no más comunista-indigenista. Giro perspicaz que la constituyente no logró plasmar.

De Suiza a Singapur pasando por Irlanda, hace tiempo se demostró que más libertades e inversión privada (no existe tal cosa como “inversión pública”, sólo gasto poco eficiente) con menos impuestos conducen por línea directa al aumento de los ingresos reales -por emprendedorismo y tasa de capitalización- de toda la población. Así como se demostró hace tiempo, de la dictadura cubana a la de Corea del Norte pasando por la venezolana, que más Estado planificador conduce por línea directa (sangre, censura y torturas mediante) a la caída de  ingresos reales y derechos humanos de toda la población con excepción de los de sus reducidas nomenklaturas. 

Los sistemas esclavistas (estatistas) de sumisión tributaria como el que pretende imponernos el peronismo, no funcionan. No, al menos, para mejorar la igualdad  de oportunidades y por ende la económica para los estratos más (por ellos) empobrecidos. Mucho menos para generar verdadera riqueza comunitaria extendida. Sí funcionan, y muy bien, para la reducción del pueblo a la servidumbre clientelar en beneficio directo de las 3 oligarquías mafiosas que hoy cabalgan sobre nuestra Argentina, cual jinetes del apocalipsis rumbo al averno: la oligarquía política fiscalista (incluyendo a los líderes planeros), la sindical y la de los empresaurios amigos; un trío hermanado en el terrible daño social de lo mal habido.

El gran Juan Bautista Alberdi no se equivocaba: brindemos protección constitucional a la libertad más plena en todo sentido y lo demás se nos dará por añadidura. Pocas y poderosas normas fundantes que aseguren más empresarialidad en abierta competencia relacionándose contractualmente. Y menos Estado “iluminado” y coactivo estorbando a gran escala la movilidad social ascendente con altos impuestos discriminantes, subsidios y reglas distorsivas, clientelismo, negociados seriales, costosos monopolios minados de nepotismo y más empleo público

El rechazo de los ciudadanos chilenos debería difundirse aquí con la potencia y por los canales adecuados a fin de llamar a la reflexión a nuestra población “apolítica”. Nos referimos a ese gran número de personas carentes de convicciones que terminan inclinando la balanza electoral sin contar con una visión de conjunto ni valores éticos racionalmente fundados. Ciudadanía de sufragio volátil; sólo interesada en  sustento de corto plazo, motivaciones de momento y recreación liviana. Gente las más de las veces ignorante y fatua (y como tal, influenciable) víctima, claro, de nuestro orwelliano adoctrinamiento izquierdista.

¿Quisieran por ventura en las próximas elecciones, esta vez, poner unas fichas a la cultura del respeto a los proyectos de vida ajenos, del mérito y sobre todo de la protección efectiva de la propiedad para encarar en serio el progreso económico (así como moral y cultural) de largo plazo?

 Si la respuesta a tales interrogantes fuera si, les sería útil entonces imitar los modos de acción para el progreso de nuestros vecinos de Chile. Ejemplo de protesta en dura rebeldía y posterior decisión ciudadana. Apoyando al político de su agrado… que más en contra esté del intervencionismo dirigista.






 

Antipolítica

Septiembre 2022

 

¿Tenemos, en verdad, libertad de pensamiento crítico? ¿O sólo creemos tenerla? Veamos.

Como afirmó con ácida lucidez Groucho Marx (intelectual y humorista estadounidense, 1890-1977) “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Porque más allá de la inocencia de los crédulos, hay algo que se sabe; que está en el aire: como también lo definió en su momento Edmond Thiaudiere (filósofo y novelista francés 1837-1930) “la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”.

En nuestro caso, el interés particular de las tres corporaciones que desde hace más de 7 décadas lucran a expensas del pueblo, comandando el hundimiento nacional. Verdaderas oligarquías simbióticas: la de los políticos fiscalistas, la de los empresarios prebendarios y la de los sindicalistas millonarios.

Lo político es sin duda una gran ocupación, fuente de fortuna y modo de vida para mucha gente. Actividad que por cierto merece un capítulo medular en la aún inédita Historia Universal del Parasitismo. Mas una ocupación sin conexión alguna con el verdadero bienestar general ni con la evolución cultural de los ciudadanos, virtudes que sólo surgen del intercambio voluntario constante de un casi infinito número de intereses dentro de la comunidad, en pos de acuerdos que a todos y cada uno convengan.

Lo cierto y visible es que la política divide. Que no posee (más allá de bellos enunciados) vocación universalista y que, por el contrario, crea grietas.

Porque lo que une a los seres humanos es el ejercicio de la negociación de sus múltiples intereses en el respeto, la diversidad y la reflexión en base al diálogo, la justicia y la tolerancia. Seis ítems que están muy lejos de la actividad política real. Que es básicamente agresión -vía saqueo- de quienes tienen poder de presión en nombre de algunos sobre todos los demás, bajo el imperio de instituciones, estatutos y normas de relación no-voluntarias. Bajo formas que no son contractuales; como deberían serlo en una sociedad de personas libres, evolucionadas y responsables de sus actos, a tono con este siglo. Y los próximos

Como norma general, la burocracia gubernamental genera oportunidades para que el poder de los intereses creados de nuestras tres oligarquías y sus factores de presión, influyan. Corrompan. Tuerzan las garantías teóricas del sistema. Frenen la meritocracia y abonen, deseándolo o no, la ineficacia, los sobrecostos, el nepotismo, la dádiva clientelar y las lucrativas mafias criminales del capitalismo de amigos.

En tanto exista Estado coactivo es inevitable que las oportunidades estatales se generen, independientemente de qué coalición gobierne. Y está en la naturaleza humana usar esas oportunidades porque quienes son depositarios de poder gubernamental, al nivel que sea, no son ángeles sino simples mujeres y hombres… moralmente débiles.

 Aunque pregone lo contrario, la política garantiza en los hechos desde siempre que el hombre sea lobo del hombre y que, aunque disfrazada, impere la ley del más fuerte; de los monopolios (en particular los estatales) y de las transas en innegable detrimento de los más. De los débiles. De los ilusos. De los ignorantes. De los pobres.

Resulta claro que el poder político seguirá siendo agresión en tanto no se reduzca a formas de colaboración para la solución de problemas comunes, sin imperio alguno.

Y es claro, asimismo, que la mejor forma de delegación, “democratización” o descentralización del poder con vistas a lo anterior es empezar alguna vez a devolvérselo a las personas; al soberano; al pueblo llano en un ámbito competitivo, voluntario y contractual de libre mercado.

No evolucionaremos por el camino (cristiano, gandhiano, budista, confuciano) de la no violencia hasta que cada lobo humano sea frenado y convertido en servicial cordero por el efecto de muchos iguales compitiendo -sin ventajas artificiales- con él por el favor de la gente en lo que sea que ofrezca o, lo que es lo mismo, compitiendo por el voto diario de sus billeteras; sean estas grandes o chicas. Compitiendo por la elección diaria de cada individuo con base en sus intereses y responsabilidades personales, sean estas las que fuesen. No hay otra.

Esto es: poner el natural afán de diferenciación, ganancia y superación humana propio de creativos y empresarios, al servicio de la comunidad. Incluso si ellos no lo desearen así. Sin estúpidos resentimientos ni envidias. Con inteligencia; sin coerción, amenazas ni violencia: …con incentivos.

Será el camino del fin para las 3 corporaciones parásitas que frenan a la nación. Y de su despreciable faena des-educativa de putrefacción ética sobre millones de votantes, hoy sucios cómplices del hundimiento argentino.

 

 





Reacción

Agosto 2022

 

La explicación más obvia a la aparición de J. Milei y otros libertarios en posición expectable en las encuestas de cara a las elecciones del año próximo, podemos hallarla en la palabra reacción.

Sufrimos, qué duda cabe, el peor gobierno desde la restauración democrática; sumatoria tóxica de ineptitud, violencia fiscal, parasitismo y consolidación mafiosa. Uno que aplica a la nación un “encarnizamiento terapéutico”; profundizando medidas que, cien veces probadas en otros tantos intentos autoritarios de soberbia dirigista, nos desbarrancaron desde la gloria del primer mundo a nuestra actual ruina e insignificancia internacional. A la fuga de cerebros y capitales. Al resentimiento por propia incapacidad y al odio profundo a las libertades y planes del prójimo.

El declive de nuestro país de tal manera acelerado, dispara desde el anarcopobrismo fáctico del actual peronismo, una reacción de similar intensidad ideológica y sentido contrario: el anarcocapitalismo teórico; un modelo definido como el sistema contractual voluntario de la no-violencia. Su regla número uno, el principio de no agresión, es la prohibición del inicio del uso de la fuerza en el marco del respeto por los proyectos de vida de cada persona responsable de sus acciones. Estipulando castigo con cargo de estricto resarcimiento efectivo del victimario a la víctima (no “a la sociedad”) para quien inicie violencia o enarbole la amenaza de su uso, incluyendo a los funcionarios y a las actuales modalidades confiscatorias o conculcatorias de gobierno, en su mayor parte no voluntarias (coactivas).

Como se ve, el modo libertario puro es algo demasiado avanzado (en lo gandhiano, al menos) como para ser aplicado sin más a una población tan incivil y atrasada de ideas, con instituciones tan inoperantes, disfuncionales y/o violentas como la nuestra.

Los libertarios argentinos lo saben y entienden que nuestra comunidad requiere décadas de previa y dura batalla cultural, revirtiendo el adoctrinamiento de corte esclavizante que el sistema educativo estatista nos inculcó durante las últimas 3 o 4 generaciones para formarnos en el modelo de sumisión de rebaño y robo fiscal.

El mismo que hoy está terminando de ahorcar a los argentinos honestos con la cínica complicidad de varios millones de compatriotas que creen poder salvarse agrediendo por delegación política (a través de emisión y deuda; de reglas, cepos e impuestos discriminantes) a quienes no iniciaron violencia; descartando, pisoteando y arruinando sus pacíficos proyectos de vida.

El repentino avance en los sondeos de estas ideas se debe entonces, mayormente, a una reacción de furia transversal; liberadora; de chicotazo emocional en reversa ante la brutal desesperanza  que causa el crimen de sueños, economía y república en curso. Porque, en verdad, la mayoría todavía no sabe lo que significa el libertarismo real; y si lo supiera recularía asustada en su ignorancia, confirmando el clásico del esclavo que no desea ser liberado.

Luz aún incipiente, la batalla cultural está en pañales.

Paralelamente y desde hace un tiempo, las encuestas reportan una progresiva disminución del apoyo ciudadano a la democracia en toda Latinoamérica. Que el entero sistema está en problemas es algo de lo que ya no hay dudas. La actual técnica de selección de autoridades y reparto de poderes, entendida como el mejor modo posible de organización social, está en entredicho. Algo que no se debe a supuestas preferencias autoritarias de la sociedad sino a la forma en que interpretan la democracia los líderes políticos de la hora, hablando de ella ad nauseam mientras pervierten su alma de austeridad republicana y servicio cívico desinteresado; perversión que está en la naturaleza humana y que es parte (insoluble) del problema.

La fe en la democracia se pierde, en la práctica, porque los pobristas la han usado para desguazarla; para involucionar en términos históricos retrocediendo hacia su vieja, querida y conveniente dictadura. Hacia un autoritarismo (hoy de tipo chavista) sin libertades personales aunque de modos maternales: contenedor, igualitario hacia abajo, censurador, clientelar y… confortablemente embrutecedor.

Desde el extremo opuesto, la reacción libertaria también pretende usar la democracia. Quiere hacerlo para acceder al poder y transformarla, evolucionando en términos históricos hacia un sistema organizativo donde primen las grandes libertades personales de un sistema liberal a todo orden asociado a un capitalismo sin complejos. Vale decir, usarla para un tránsito hacia las antípodas de la dictadura.

Demás está decir cuál de estos dos extremos interpreta más cabalmente el espíritu que nuestros próceres quisieron infundirnos con la Constitución de 1853 y cuál pretende reemplazarla por una carta fascista, como la de 1949.