Marzo 2026
Para
los autores clásicos griegos y romanos, esos sabios que superaron la prueba del
tiempo, la libertad era un valor supremo (de más entidad que valores como democracia,
república e incluso lealtad) y se la vinculaba a la autonomía intelectual así
como a la expresión crítica y/o artística de la sociedad.
Dejaron
así sentado un compromiso sin atenuantes con la permanente búsqueda humana del
conocimiento, la justicia y la verdad como base de nuestra civilización.
Hoy, los libertarios desarrollan y ejercen esta idea-fuerza, cuestionando entre otros el mito-doctrina de que el Estado sea “la sociedad organizada” o el de que los impuestos sean el costo que debemos pagar por vivir en un entorno civilizado.
Las
“ideas de la libertad” que propugnan incorporan, desde luego, estos supuestos
tras la seguridad ancap de que el Estado resulta a fin de cuentas un ingenio caro,
innecesario y peligroso, a más de inaceptablemente coactivo (no
contractualmente voluntario) a esta altura del siglo XXI.
Como
bien dijo el gran David Friedman hace ya más de medio siglo en su libro La
Maquinaria de la Libertad “Todo lo que el gobierno hace puede clasificarse
en dos categorías: aquello de lo que podemos prescindir hoy y aquello de lo que
esperamos poder prescindir mañana. La gran mayoría de las funciones del
gobierno pertenecen a la primera categoría” (tomaba por supuesto la
acepción “gobierno” como sinónimo de Estado).
Como es sabido, la naturaleza humana es tal que la mayoría menos creativa prefiere con frecuencia sobrevivir en la seguridad de una pobreza conocida, al riesgo y el estrés de la innovación socio económica. Destrucción creativa o libertad real con plena responsabilidad personal, son términos que inspiran terror aunque es sabido también que no hay peor dolor que el soportable porque como es soportable, se soporta… evitando el cambio y prolongando la agonía.
Mariano
Moreno, un preclaro miembro de nuestra minoría más creativa, decía “quiero
más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila” mas no es esta la
actitud dominante, aún, en nuestra Argentina 2026.
Por lo general la gente le teme a la libertad. Es una actitud vergonzante pero se trata de un temor basado en la idea de que quedarían librados a su suerte …en un contexto similar al que hasta aquí han conocido.
Lo
que la batalla cultural de La Libertad Avanza (apoyada en aquella libertad clásica
de pensamiento y de crítica) pretende lograr es incentivar en las mentes
abotagadas de la mayoría la apertura suficiente como para cuestionar la
relación costo-beneficio del aparato estatal así como para aceptar la
posibilidad de alternativas superadoras. Que las hay, en la extensa y erudita
biblioteca anarcocapitalista.
Vale
decir, superar la barrera del adoctrinamiento recibido durante generaciones
desde el mismo Estado, para otear un horizonte distinto apoyados hoy en avances
tecnológicos (aplicables y en ciernes) capaces de solucionar problemas
prácticos y operativos antes casi insolubles.
Por tanto, en lo que se piensa a largo y muy largo plazo es en un contexto radicalmente distinto, contractual, de no-violencia y riqueza general post esclavitud y saqueo fiscal, donde “quedar librados a su suerte” sólo significa oportunidades de más proyectos de vida personalizados, de progreso cultural y educativo con ascenso social y también de variantes laborales conducentes al bienestar económico mucho mayores y más variadas que las actuales, de por sí escasas, restrictivas e increíblemente condicionadas.
La verdad que nos hará libres es que las ideas de la libertad fueron, son y serán siempre el camino correcto y, claro, importa tener ese buen norte siempre presente en cada opinión y voto porque “nunca habrá vientos favorables para quien no sabe adónde va” (L. Séneca, filósofo griego, 4 a. C. – 65 d. C.).