Julio 2009
Situémonos por un momento en el mundo de los deseos argentinos promedio. Podría tratarse de una familia, obligada por las circunstancias a vivir en una modesta vivienda estandarizada de clase media baja, de un barrio pobre con mal asfalto “electoral” deteriorado. El padre empezó como encargado de sección en una fábrica que quebró y ahora se gana la vida manejando un camión para la municipalidad. La madre, antes ama de casa, ahora revende y arregla ropa para vecinos. Los hijos callejean o se demoran en el cyber mientras no están en su escuela pública de medio turno.
Imaginemos ahora sentar a esta pareja a una mesa, dejándolos expresar sus sinceros anhelos de vida; sus sueños. Poco tiempo les tomaría entusiasmarse en un listado que sin duda incluiría:
a) Trabajo seguro y bien remunerado para el padre en una industria novedosa y pujante. Dinero efectivo, tarjetas de crédito, cuenta bancaria y respetabilidad social. b) Buena educación para sus hijos en un colegio privado bilingüe de doble escolaridad con deportes y luego, en universidades empresariales con rápida salida laboral c) Medicina prepaga de calidad en sanatorios privados y clínicas de primer nivel. d) Casa de categoría con todo el confort moderno en un barrio de buena ubicación y ambiente familiar, con seguridad privada y accesos iluminados. e) Dos autos de modelo reciente, para independizar movilidades. Buen guardarropa para todos. Muy buena comida. Vacaciones en la playa. f) Seguros de vida y retiro para proveer a una vejez en plenitud, sin sobresaltos económicos. Y probablemente varias cosas más.
Perfectamente justo y válido. ¿Por qué no? En algunos países, metas como esas son realidades alcanzables. Está probado. Tal vez no en la escala en que sería posible para un país tan “rico” como el nuestro, pero forman parte de “la normalidad” en nuestro siglo XXI.
Es de notar que todo lo que nuestros empobrecidos padres de familia anhelan se sitúa en la órbita de la economía privada.
Si pudiesen elegir, abandonarían la órbita de lo estatal y de sus “servicios, subsidios y ayudas” públicas, huyendo raudos hacia lo que ofrece el capitalismo bien entendido; ese “malvado” sistema que nos enseñan a odiar: empresas dadoras de empleo real, banca real, educación real, salud real, hogar real, seguridad real, sociedad de consumo real o jubilación real. Entre muchas otras cosas.
El listado de deseos del argentino medio lo prueba. Tras más de 65 años de gobiernos populistas de todo pelaje, gastando dinero extraído al sector privado en el intento de “ayudar al pueblo” con servicios e intervenciones públicas, el pueblo sólo anhela escapar de los resultados reales de esta “distribución de la riqueza” al revés.
El odio y la descalificación al capitalismo real pueden entenderse en la clase política, sindical y de “empresarios” amigos que viven del sistema socialista repartidor de lo ajeno, de la violencia tributaria y de la inmunidad que les da el poder estatal.
No se justifica en el 95 % restante de la población, incluyendo a empleados públicos, beneficiarios de planes sociales, integrantes de fuerzas armadas o jubilados. Porque son justamente los más vulnerables y postergados quienes más sufren las consecuencias, frente al aborto de las condiciones básicas que permitirían su progreso; su salida de la miseria crónica.
El progresismo sólo hace lo que sabe hacer: retrasar nuestro despegue una y otra vez pisando las cabezas y los deseos de superación de millones de desgraciados para que sus líderes acumulen cuentas numeradas, tierras, negocios y mansiones. Para que un puñado de cerdos inconscientes juegue con ideologías perimidas de dirigismo intervencionista haciendo pagar los costos de su bárbara ignorancia a las familias del llano.
Es cuestión de sentido común. Las intervenciones estatales en la economía siempre son anti-mercado eficiente, anti-ganancias honestas y por lo tanto, anti-inversiones productivas. Son un verdadero fogonazo por la culata para el/la votante de izquierda, centro izquierda, izquierda vergonzante o con un toque de izquierda disfrazada.
La estatización de actividades que pueden ser gestionadas con mayor eficacia y economía de recursos por el sector privado, siempre genera pérdidas en cadena (directas o indirectas) que frenan severamente al conjunto. Ahuyentando el ingreso de dinero y emprendedores desde el exterior. O desde las reservas morales y económicas del interior. Impidiendo la posibilidad de que gente de mérito acceda a su propia y honrada riqueza sin procurar (inútilmente) incautarse la del vecino votando ladrones socialistas que se la roben.
Debemos entender, aunque sea en el plano teórico, que el gobierno siempre trabaja contra la gente. Aunque aparente lo contrario. El sólo costo operativo de todos esos caciques pedantes ordenándonos qué debemos hacer (¡como si lo supieran mejor que nosotros mismos!) y cómo debemos adorar al sistema que los sostiene, es una suma monumental. Suma que estaría mejor aplicada en capitalización productiva privada, creadora de cientos de miles de buenos empleos reales.
Ni hablar del daño económico, el freno anímico, las trabas laborales artificiales, la fuga de fondos, los sobrecostos administrativos, las colosales pérdidas de tiempo y oportunidades de crecimiento que generan todos esos jerarcas políticos lanzados a discurrir sobre la mejor manera de controlarlo todo. Ahogando nuestra libertad, nuestro natural solidario, nuestra cultura del trabajo y nuestra creatividad. Los buenos empleos reales perdidos se cuentan entonces por millones. Entre ellos, el empleo deseado por el padre trabajador de nuestro ejemplo inicial.
El engendro, la máquina de impedir que crearon se devora ya la mitad de la producción total anual de nuestra patria y va por más con la “profundización del modelo”. Los impuestos son hoy el arsénico que la sociedad bebe, forzada, con justa aprensión. Cada peso que se lleva el recaudador es una medida menos de poder financiero y sueños de progreso para las familias y una medida más de poder para la corrupta discrecionalidad estatal.
Evidentemente, cuanto más nos acerquemos al ideal de Cero Impuestos (*) más poderosa, justa, inventiva, captadora de capitales y con más poder inclusivo será nuestra sociedad.
Claro que siempre estará la posibilidad de seguir marchando (¿otros 65 años?) contra el sentido común.
(*) http://www.libertadynoviolencia.blogspot.com/
Ver artículo Cero Impuestos, de Noviembre 08
jueves 9 de julio de 2009
Sentido Común
miércoles 24 de junio de 2009
Límites
Junio 2009
Un paquebote desvencijado y venido a menos ingresa a hélice muerta deteniéndose de a poco en un canal portuario sin salida, rodeado de basura flotante.
La viabilidad real de la Argentina y con ella las oportunidades de progreso ofrecidas a nuestra gente, ingresan en una zona límite. Un límite de perspectiva mental más allá del cual las personas creativas (las que crean, hacen, producen, invierten) pasan a orientar su creatividad hacia una prioridad: huir. Sacar de aquí su patrimonio, sus esfuerzos diarios, sus esperanzas de integrar productivamente una sociedad avanzada. Achicando el negocio para abandonar el barco en busca de horizontes menos asfixiantes. Al menos en lo que respecta al trabajo empresario y la ambición de ganancias honestas que puedan disfrutarse y reinvertirse, a salvo de la confiscación. Muchos ya lo han hecho: fuga de empresas y capitales dando trabajo, creando valor e invirtiendo en otra parte.
La presión de los impuestos sobre nuestra población, se sitúa hoy en el 50 % del producto bruto del país. De cada 2 pesos que genera toda la economía argentina, uno se lo lleva el gobierno. Una cifra colosal. Desmoralizante, ahuyentadora y absurda. Como los colmillos de un vampiro clavados en la yugular social. Fuera de límite. Que explica la mayor parte de los quebrantos privados y los males de la república.
A eso debe sumársele el demencial desmadre de lo que debería haber sido honesta e inteligente acción de gobierno: asombrosas mentiras, insultos, fraudes, abusos, prepotencias, vendettas, defraudaciones, favoritismos, coimas, discriminaciones etc. etc. redondeando un “modelo” marcado por el subjetivismo, el cinismo amoral y el más crudo gangsterismo mafioso.
Todo lo cual nos sigue empujando, por supuesto, hacia el infierno de la pobreza totalitaria: al sometimiento final, vía trituradora fiscal aplicada sobre la mayoría silenciosa.
Casi sin darnos cuenta, fuimos violando límites. Primero, el Estado ingresó como el socio vago a las empresas, con pesados retiros de fondos que se restaban a la reinversión y al reparto de dividendos. Pasando ahora de socio a dueño o socio mayoritario, relegando a los “propietarios” al rol de simples administradores. Que aportan sus esfuerzos y “know-how” (saber-cómo) para obtener una renta mínima respecto del riesgo, el trabajo y el capital puestos en juego, sobre un total que les es “propio” solo en los papeles.
Se trata de la situación actual de las empresas argentinas: auténticas meretrices trabajando “para el macho”. Para el Estado cafisho. La propiedad privada ya no es privada, sino propiedad condicionada al capricho y la fusta del amo.
Es estafa socialista en estado puro: confiscar “legalmente” la renta sin expropiar el comercio, la fábrica, la empresa de servicios o la tierra, haciendo que las cautivas trabajen gratis para el cacique y sus amigos… ¡creyéndose dueñas de sus emprendimientos y del producto! Yugo genialmente calzado sobre las cervicales de una sociedad pusilánime, que desde hace tiempo decidió someterse entregando virginidad… y dignidades.
La del impuesto es una ideología dañina. Ya se sabe. A más impuestos, menos renta empresaria y dinero honesto en las familias, menos inversión, creación de negocios y buenos empleos sustentables que generen consumo. A más impuestos más Estado pisoteador de derechos, des-educación con antivalores, burocracia, clientelismo y botín para los amigos. Más parasitismo social crónico y caciques ignorantes hostigando a los ciudadanos que se obstinen en crear riqueza.
Guste o disguste, en eso se basa el sistema peronista y radical que nos hundió. Ese es en núcleo duro de sus “doctrinas”. Es la madre del borrego y la madre de las recetas acerca de cómo hacer pedazos un gran país. De cómo quebrarle el espinazo a una gran sociedad. De cómo prostituir la cultura del trabajo y los sueños de nuestros abuelos inmigrantes reemplazándolos por el “modelo” de la obsecuencia delincuente con robo legalizado.
Llamando a las cosas por su nombre, es la ideología de la sinvergüenzada. Todo argentino y argentina, en su interior, lo sabe.
Al cruzar este tipo de límites, el gobierno provoca la reacción de un gran número de personas que comienzan a preguntarse cosas tales como ¿Qué utilidad me presta un Estado costosísimo que no me brinda seguridad, justicia, educación, jubilación, salud ni condiciones para mi desarrollo económico? ¿Pagaría los impuestos si el Estado no me obligara bajo brutal amenaza a hacerlo? ¿Prefiero trabajar para el macho del revólver o para mi familia? ¿Tengo opción real? ¿La caridad bien entendida empieza por casa, o por la casa del puntero populista de turno? ¿Por qué deberíamos apoyar con el producto de nuestra labor a violentos, autoritarios, intolerantes o dirigistas corruptos, cuando la historia universal y nuestra experiencia desde 1945 hasta hoy nos muestran que ese es el camino de la servidumbre, de la decadencia y de la exaltación de lo peor de nuestro pueblo? ¿Por qué temer a nuestra propia gente no brindándole las condiciones para crear riqueza sin agredir a otros ni ser agredidos cuando la historia de las sociedades más exitosas, inclusivas y civilizadas nos muestra que la diferencia estuvo en las libertades civiles irrestrictas, la apertura económica al mundo y el respeto por los bienes ajenos? ¿Por qué será que no nos dan la oportunidad de mostrar lo mejor de nosotros? ¿No vemos acaso que el Estado-zorro está en el gallinero llenando sus bolsas mientras nos grita que la libertad es peligrosa? Lo peligroso es lo coactivo. Son aquellos que nos prohíben elegir no pertenecer a lo vil. Eso es lo que hemos apoyado… y así hemos terminado.
Las cuadrillas de desguace se acercan por el muelle. La hora está sonando para nuestro arruinado buque que casi no recuerda ya su tiempo de gloria, de hace un siglo. Cuando éramos faro y guía de progreso en un mar de desorientados. ¿Tendremos las reservas morales y de valentía necesarias para revertir este desastre?
Un paquebote desvencijado y venido a menos ingresa a hélice muerta deteniéndose de a poco en un canal portuario sin salida, rodeado de basura flotante.
La viabilidad real de la Argentina y con ella las oportunidades de progreso ofrecidas a nuestra gente, ingresan en una zona límite. Un límite de perspectiva mental más allá del cual las personas creativas (las que crean, hacen, producen, invierten) pasan a orientar su creatividad hacia una prioridad: huir. Sacar de aquí su patrimonio, sus esfuerzos diarios, sus esperanzas de integrar productivamente una sociedad avanzada. Achicando el negocio para abandonar el barco en busca de horizontes menos asfixiantes. Al menos en lo que respecta al trabajo empresario y la ambición de ganancias honestas que puedan disfrutarse y reinvertirse, a salvo de la confiscación. Muchos ya lo han hecho: fuga de empresas y capitales dando trabajo, creando valor e invirtiendo en otra parte.
La presión de los impuestos sobre nuestra población, se sitúa hoy en el 50 % del producto bruto del país. De cada 2 pesos que genera toda la economía argentina, uno se lo lleva el gobierno. Una cifra colosal. Desmoralizante, ahuyentadora y absurda. Como los colmillos de un vampiro clavados en la yugular social. Fuera de límite. Que explica la mayor parte de los quebrantos privados y los males de la república.
A eso debe sumársele el demencial desmadre de lo que debería haber sido honesta e inteligente acción de gobierno: asombrosas mentiras, insultos, fraudes, abusos, prepotencias, vendettas, defraudaciones, favoritismos, coimas, discriminaciones etc. etc. redondeando un “modelo” marcado por el subjetivismo, el cinismo amoral y el más crudo gangsterismo mafioso.
Todo lo cual nos sigue empujando, por supuesto, hacia el infierno de la pobreza totalitaria: al sometimiento final, vía trituradora fiscal aplicada sobre la mayoría silenciosa.
Casi sin darnos cuenta, fuimos violando límites. Primero, el Estado ingresó como el socio vago a las empresas, con pesados retiros de fondos que se restaban a la reinversión y al reparto de dividendos. Pasando ahora de socio a dueño o socio mayoritario, relegando a los “propietarios” al rol de simples administradores. Que aportan sus esfuerzos y “know-how” (saber-cómo) para obtener una renta mínima respecto del riesgo, el trabajo y el capital puestos en juego, sobre un total que les es “propio” solo en los papeles.
Se trata de la situación actual de las empresas argentinas: auténticas meretrices trabajando “para el macho”. Para el Estado cafisho. La propiedad privada ya no es privada, sino propiedad condicionada al capricho y la fusta del amo.
Es estafa socialista en estado puro: confiscar “legalmente” la renta sin expropiar el comercio, la fábrica, la empresa de servicios o la tierra, haciendo que las cautivas trabajen gratis para el cacique y sus amigos… ¡creyéndose dueñas de sus emprendimientos y del producto! Yugo genialmente calzado sobre las cervicales de una sociedad pusilánime, que desde hace tiempo decidió someterse entregando virginidad… y dignidades.
La del impuesto es una ideología dañina. Ya se sabe. A más impuestos, menos renta empresaria y dinero honesto en las familias, menos inversión, creación de negocios y buenos empleos sustentables que generen consumo. A más impuestos más Estado pisoteador de derechos, des-educación con antivalores, burocracia, clientelismo y botín para los amigos. Más parasitismo social crónico y caciques ignorantes hostigando a los ciudadanos que se obstinen en crear riqueza.
Guste o disguste, en eso se basa el sistema peronista y radical que nos hundió. Ese es en núcleo duro de sus “doctrinas”. Es la madre del borrego y la madre de las recetas acerca de cómo hacer pedazos un gran país. De cómo quebrarle el espinazo a una gran sociedad. De cómo prostituir la cultura del trabajo y los sueños de nuestros abuelos inmigrantes reemplazándolos por el “modelo” de la obsecuencia delincuente con robo legalizado.
Llamando a las cosas por su nombre, es la ideología de la sinvergüenzada. Todo argentino y argentina, en su interior, lo sabe.
Al cruzar este tipo de límites, el gobierno provoca la reacción de un gran número de personas que comienzan a preguntarse cosas tales como ¿Qué utilidad me presta un Estado costosísimo que no me brinda seguridad, justicia, educación, jubilación, salud ni condiciones para mi desarrollo económico? ¿Pagaría los impuestos si el Estado no me obligara bajo brutal amenaza a hacerlo? ¿Prefiero trabajar para el macho del revólver o para mi familia? ¿Tengo opción real? ¿La caridad bien entendida empieza por casa, o por la casa del puntero populista de turno? ¿Por qué deberíamos apoyar con el producto de nuestra labor a violentos, autoritarios, intolerantes o dirigistas corruptos, cuando la historia universal y nuestra experiencia desde 1945 hasta hoy nos muestran que ese es el camino de la servidumbre, de la decadencia y de la exaltación de lo peor de nuestro pueblo? ¿Por qué temer a nuestra propia gente no brindándole las condiciones para crear riqueza sin agredir a otros ni ser agredidos cuando la historia de las sociedades más exitosas, inclusivas y civilizadas nos muestra que la diferencia estuvo en las libertades civiles irrestrictas, la apertura económica al mundo y el respeto por los bienes ajenos? ¿Por qué será que no nos dan la oportunidad de mostrar lo mejor de nosotros? ¿No vemos acaso que el Estado-zorro está en el gallinero llenando sus bolsas mientras nos grita que la libertad es peligrosa? Lo peligroso es lo coactivo. Son aquellos que nos prohíben elegir no pertenecer a lo vil. Eso es lo que hemos apoyado… y así hemos terminado.
Las cuadrillas de desguace se acercan por el muelle. La hora está sonando para nuestro arruinado buque que casi no recuerda ya su tiempo de gloria, de hace un siglo. Cuando éramos faro y guía de progreso en un mar de desorientados. ¿Tendremos las reservas morales y de valentía necesarias para revertir este desastre?
miércoles 17 de junio de 2009
Izquierda Inteligente
Junio 2009
Tomemos el ejemplo de un tema caro a todo progresista que se precie: los pueblos indígenas, su postergación y pobreza, la pérdida de sus valores culturales y costumbres ancestrales tanto como la discriminación de que son objeto.
Como en casi todos los casos, los izquierdistas endilgan al sistema capitalista la culpabilidad sobre desastres, como este, de los que ellos mismos son directos responsables.
Lo primero que debe señalarse es que no somos una economía capitalista desde hace unos 80 años, al menos.
Lo nuestro es un híbrido mafioso con fuertes rasgos fascistas. Un corrupto prebendarismo de amigos y testaferros con asfixiante tributación de cuño socialista para el resto, condimentado con un reglamentarismo cerril y paralizante a todo nivel. Propiedad privada bajo ataque constante, Justicia con pistola en la nuca y legislaturas títere. Progresismo de manual si los hay.
En un entorno económico y jurídico tan esquizofrénico, el empresariado responderá al desafío adaptando sus acciones para sobrevivir y prosperar tanto como sea posible, dentro del marco-corset impuesto por el Estado.
No debe sorprender entonces que particulares y funcionarios hayan llevado las cosas por la senda de depredar ecosistemas, arrinconar etnias autóctonas y despreocuparse por las consecuencias económicas, morales y culturales de sus acciones. No sólo lo que es “de todos” no es “de nadie” sino que la falta de incentivos de verdadera ética capitalista abortó cualquier motivación favorable a los intereses de los nativos originarios.
Claramente, lo que debemos cambiar es el marco. Las reglas de juego que obligan a todos los argentinos a ocultar, trampear, desconfiar y aprovecharse pisando la cabeza del vecino para sacar la propia, de un agua estancada que nos llega a la barbilla.
Lo cierto es que las culturas autóctonas no deben asimilarse a fotos congeladas en el tiempo, que gente con pretensiones de élite y recursos para viajar, mantengan encerradas en un paleo-zoológico con tufillo cultural y “humanitario”. Como quieren ambientalistas retrógrados y sociólogos de izquierda.
Muy por el contrario, lo avanzado, lo libertario, es comprender que las tradiciones culturales o el lenguaje son modalidades vivas y dinámicas. Cada comunidad tiene derecho a reinterpretar sus ideales, reviviendo mediante la potencia del progreso económico el interés por el estudio y preservación científica de sus entidades más valiosas y conducentes. Es algo inevitable…y deseable.
En un entorno de seguridad jurídica y libertades individuales (del cual estamos muy lejos) las etnias originarias se habrían integrado al crisol de la nación, sus hijos serían universitarios graduados y propietarios en lugar de indígenas discriminados, muchos de los ecosistemas depredados serían explotados por ellos mismos con criterios agro-ecológicos de vanguardia y las condiciones de miseria que hoy tanto conmueven, no hubiesen tenido lugar.
Izquierda inteligente sería aquella que tuviera la decencia y valentía de admitir su enorme responsabilidad por crasos errores de enfoque en este y otra miríada de casos de desastre, humillación y muerte de los que está minada nuestra historia contemporánea. De retirarse al silencio de sus hogares y permanecer allí sin entorpecer más la recuperación del standard de vida evolucionado y próspero al que estábamos destinados.
El propio Ministro de Justicia acaba de admitir que durante todos estos años estuvo equivocado y que quienes pensaban distinto “lo convencieron”. Atenuó el bochorno bajo el recordatorio de que es necesario “ser valiente” para reconocer públicamente los propios yerros. El caso (esta vez) trató sobre el derecho de las parejas gay a adoptar. Un derecho defendido desde antaño por todos quienes sabemos que la libertad en todos los órdenes y la no violencia como regla fueron siempre el camino.
En absolutamente todos los casos de interacción humana en los que se pueda opinar sobre la manera más beneficiosa de resolver problemas de convivencia social, la opinión que se sitúe más cerca de la izquierda será siempre la peor y más contraproducente para todos los involucrados, su entorno, su comunidad y la humanidad global. No existen excepciones a esta regla negativa. Puede demostrarse caso por caso, error por error, conflicto por conflicto y fracaso por fracaso ad infinitum.
La regla de oro positiva que sitúa lo anterior en perspectiva tampoco tiene excepciones y es esta: en absolutamente todos los casos de interacción humana en los que se pueda opinar sobre la manera más beneficiosa de resolver problemas de convivencia social, la opinión que se sitúe más cerca de la libertad y la no-violencia será siempre la mejor y más productiva para todos los involucrados, su entorno, su comunidad y la humanidad global. Lo que también puede demostrarse caso por caso, éxito por éxito y progreso por progreso ad infinitum.
Todos sabemos que nada bueno puede resultar de líneas de acción cuyos cimientos se asienten en el barro de lo violento, de la fuerza bruta de la superioridad numérica, de la falta de respeto por la libertad real de elección y por la apropiación indebida de bienes vía impuestos. Genialmente resumido en palabras de Albert Einstein: “Es raro que se mencione un derecho humano destinado a tener gran importancia. Se trata del derecho y el deber que tiene la persona a no formar parte de asuntos que le parezcan errados o perjudiciales”.
Independientemente de que las “soluciones” de izquierda satisfagan las más deleznables inclinaciones humanas en orden al odio, la envidia, el resentimiento, la codicia de lo ajeno, la insatisfacción vital por propia incapacidad o por pereza, y que esta sea la razón profunda de su popularidad, izquierdismo y no-violencia serán siempre y en todos los casos, visiones de vida enfrentadas.
No hay un “grado bueno” de socialismo, como no hay un grado bueno de raticida que uno pueda tomar. En el compromiso entre raticida y salud, siempre perderá la salud. Nuestra historia y nuestro presente lo demuestran.
Tomemos el ejemplo de un tema caro a todo progresista que se precie: los pueblos indígenas, su postergación y pobreza, la pérdida de sus valores culturales y costumbres ancestrales tanto como la discriminación de que son objeto.
Como en casi todos los casos, los izquierdistas endilgan al sistema capitalista la culpabilidad sobre desastres, como este, de los que ellos mismos son directos responsables.
Lo primero que debe señalarse es que no somos una economía capitalista desde hace unos 80 años, al menos.
Lo nuestro es un híbrido mafioso con fuertes rasgos fascistas. Un corrupto prebendarismo de amigos y testaferros con asfixiante tributación de cuño socialista para el resto, condimentado con un reglamentarismo cerril y paralizante a todo nivel. Propiedad privada bajo ataque constante, Justicia con pistola en la nuca y legislaturas títere. Progresismo de manual si los hay.
En un entorno económico y jurídico tan esquizofrénico, el empresariado responderá al desafío adaptando sus acciones para sobrevivir y prosperar tanto como sea posible, dentro del marco-corset impuesto por el Estado.
No debe sorprender entonces que particulares y funcionarios hayan llevado las cosas por la senda de depredar ecosistemas, arrinconar etnias autóctonas y despreocuparse por las consecuencias económicas, morales y culturales de sus acciones. No sólo lo que es “de todos” no es “de nadie” sino que la falta de incentivos de verdadera ética capitalista abortó cualquier motivación favorable a los intereses de los nativos originarios.
Claramente, lo que debemos cambiar es el marco. Las reglas de juego que obligan a todos los argentinos a ocultar, trampear, desconfiar y aprovecharse pisando la cabeza del vecino para sacar la propia, de un agua estancada que nos llega a la barbilla.
Lo cierto es que las culturas autóctonas no deben asimilarse a fotos congeladas en el tiempo, que gente con pretensiones de élite y recursos para viajar, mantengan encerradas en un paleo-zoológico con tufillo cultural y “humanitario”. Como quieren ambientalistas retrógrados y sociólogos de izquierda.
Muy por el contrario, lo avanzado, lo libertario, es comprender que las tradiciones culturales o el lenguaje son modalidades vivas y dinámicas. Cada comunidad tiene derecho a reinterpretar sus ideales, reviviendo mediante la potencia del progreso económico el interés por el estudio y preservación científica de sus entidades más valiosas y conducentes. Es algo inevitable…y deseable.
En un entorno de seguridad jurídica y libertades individuales (del cual estamos muy lejos) las etnias originarias se habrían integrado al crisol de la nación, sus hijos serían universitarios graduados y propietarios en lugar de indígenas discriminados, muchos de los ecosistemas depredados serían explotados por ellos mismos con criterios agro-ecológicos de vanguardia y las condiciones de miseria que hoy tanto conmueven, no hubiesen tenido lugar.
Izquierda inteligente sería aquella que tuviera la decencia y valentía de admitir su enorme responsabilidad por crasos errores de enfoque en este y otra miríada de casos de desastre, humillación y muerte de los que está minada nuestra historia contemporánea. De retirarse al silencio de sus hogares y permanecer allí sin entorpecer más la recuperación del standard de vida evolucionado y próspero al que estábamos destinados.
El propio Ministro de Justicia acaba de admitir que durante todos estos años estuvo equivocado y que quienes pensaban distinto “lo convencieron”. Atenuó el bochorno bajo el recordatorio de que es necesario “ser valiente” para reconocer públicamente los propios yerros. El caso (esta vez) trató sobre el derecho de las parejas gay a adoptar. Un derecho defendido desde antaño por todos quienes sabemos que la libertad en todos los órdenes y la no violencia como regla fueron siempre el camino.
En absolutamente todos los casos de interacción humana en los que se pueda opinar sobre la manera más beneficiosa de resolver problemas de convivencia social, la opinión que se sitúe más cerca de la izquierda será siempre la peor y más contraproducente para todos los involucrados, su entorno, su comunidad y la humanidad global. No existen excepciones a esta regla negativa. Puede demostrarse caso por caso, error por error, conflicto por conflicto y fracaso por fracaso ad infinitum.
La regla de oro positiva que sitúa lo anterior en perspectiva tampoco tiene excepciones y es esta: en absolutamente todos los casos de interacción humana en los que se pueda opinar sobre la manera más beneficiosa de resolver problemas de convivencia social, la opinión que se sitúe más cerca de la libertad y la no-violencia será siempre la mejor y más productiva para todos los involucrados, su entorno, su comunidad y la humanidad global. Lo que también puede demostrarse caso por caso, éxito por éxito y progreso por progreso ad infinitum.
Todos sabemos que nada bueno puede resultar de líneas de acción cuyos cimientos se asienten en el barro de lo violento, de la fuerza bruta de la superioridad numérica, de la falta de respeto por la libertad real de elección y por la apropiación indebida de bienes vía impuestos. Genialmente resumido en palabras de Albert Einstein: “Es raro que se mencione un derecho humano destinado a tener gran importancia. Se trata del derecho y el deber que tiene la persona a no formar parte de asuntos que le parezcan errados o perjudiciales”.
Independientemente de que las “soluciones” de izquierda satisfagan las más deleznables inclinaciones humanas en orden al odio, la envidia, el resentimiento, la codicia de lo ajeno, la insatisfacción vital por propia incapacidad o por pereza, y que esta sea la razón profunda de su popularidad, izquierdismo y no-violencia serán siempre y en todos los casos, visiones de vida enfrentadas.
No hay un “grado bueno” de socialismo, como no hay un grado bueno de raticida que uno pueda tomar. En el compromiso entre raticida y salud, siempre perderá la salud. Nuestra historia y nuestro presente lo demuestran.
viernes 12 de junio de 2009
Evolución Individual
Junio 2009
Se ha dicho que hombres y mujeres piensan y también enloquecen en rebaños, mientras que suelen recobrar la cordura lentamente, uno a uno.
Ya somos grandes y no deberíamos llamarnos a engaño: hace 2.400 años Sócrates sentenció que la democracia nunca funcionaría pues la mayoría menos creativa siempre elegiría vivir en forma parasitaria de la minoría más creativa mediante la confiscación de su riqueza para repartírsela. Pensamiento que se tiene como la primera y más clara comprensión del socialismo.
Otro sabio, el estadounidense Benjamín Franklin, también razonó sobre el caso afirmando que la democracia podía describirse como dos lobos y un cordero decidiendo qué iban a almorzar. Lo que resulta especialmente cierto en el modelo argentino, que más allá de bellas teorías de protección republicana y declamaciones ingenuas, ha degenerado en brutal despotismo electivo.
Un tercer sabio, Albert Einstein, dijo por su parte: “la investidura del dirigente político proviene parcialmente de la violencia y parcialmente de la elección de la masa. No representa al grupo de intelectuales avanzados. Es como si el destino de los países estuviera condenado a caer en manos de irresponsables, que detentan el poder político”.
Porque en rigor de verdad los comicios, hoy y aquí, son maniobras de grupos de personas organizadas afianzando su bienestar y seguridad a través del expediente de restringir la libertad y la propiedad de los demás. Apelando para empezar, a una subasta anticipada de los bienes que robarán “a otros” cuando lleguen al poder (lo que se conoce como campaña electoral).
La Organización política detenta el monopolio del uso de la fuerza armada y, es claro, del cobro bajo amenaza de pesados tributos cargados sobre cada cosa que tocamos. Tiene su código de silencios y lealtades para “hacer negocios” y también su propio blindaje legal y de controles para someter a los que producen y comercian -a la minoría creativa- capítulo con el que contribuiremos a fines de este mes (la elección de legisladores).
Por cierto robar “a otros” votando a esbirros que asalten la propiedad ajena, dinamita la única escalera de salida de la pobreza que tienen los votantes más desprotegidos. Porque dicho robo frena las inversiones, desalienta la producción, fomenta la fuga de cerebros y de capitales. Causa principalísima del arrodillamiento de la patria ante decenas de pueblos a los que mirábamos desde arriba; de la mala vida y muerte prematura por miseria asestada a generaciones de argentinos. Probable genocidio por terrorismo fiscal de Estado pendiente aún de reivindicación.
La clase política que conforma esta Organización se divide grosso modo en tres vertientes: la primera directamente convicta por propia acción y confesión; la segunda, mejor intencionada pero reacia a reconocer en el no-respeto a los derechos de propiedad la causa-base del desastre nacional. Y una tercera vertiente a la que denominaremos “la menos dañina”, aunque lejana aún de las ideas de avanzada que necesitaríamos para ser un gran país.
El increíble descaro con que el actual gobierno expropia, insulta, provoca, divide, miente, atropella, compra conciencias y falsea instituciones republicanas, es el regocijo de malvivientes y parásitos asumidos. Y es la indignación de los justos y honestos, que todavía son mayoría. Nuestros gobernantes, continuadores del peronismo más vil, corrupto y bárbaro, representan entonces la primera vertiente.
La segunda se identifica hoy con la Coalición de pan-radicalismo más socialistas y reedita la misma alianza (en organizaciones adherentes e ideas económicas) que fracasó tanto con R. Alfonsín como con F. De La Rua.
El socialismo repartidor de lo ajeno, reglamentador y gran-papá-Estado-que-lo-sabe-todo es una idea superada, propia de estadios infantiles de evolución social. Que condujo a estancamientos, asfixia impositiva y anímica, como frenos a la generación enérgica de riquezas toda vez que se lo intentó en el pasado. Aquí, en Uganda, en China o en Suecia.
Demostró ser un sistema de conceptos artificiales, mal adaptados a la naturaleza humana. Sencillamente no sirvió ni servirá por más que la enana resentida (compañera del enano fascista) que muchos llevan dentro, lo siga prefiriendo. Y cuidado: no puede disfrazarse de ético al conjunto de ideas que condujo una y otra vez al hundimiento de los sueños de buen dinero por derecha y bienestar, de millones de sumergidos.
La tercera y “menos mala” está hoy representada por la alianza liberal-peronista de Unión Pro. No es más que eso: la menos desactualizada y dañina de las tres. La única con apertura mental y cultural como para allanar un tanto nuestra salida del infierno.
No evolucionaron aún hasta el Santo Grial de la potencia creadora de riqueza sin límites de las libertades máximas, la no-violencia aplicada sin excepciones y lo voluntario primando siempre por sobre lo coactivo. Pero concedamos al menos que las ideas y proyectos que exponen avanzan algunos pasos en la dirección correcta, cosa harto improbable (por su esencia estatista) para las dos opciones anteriores.
La corrección absoluta sería mucho más drástica, desde luego, y no se presenta aquí como opción. Pero si una mayoría de, digamos, el 60 o 70 % de los electores votara en blanco o simplemente se abstuviese de votar, la Organización política entera daría con su cara en tierra. Sería quitarles legitimidad, en la rebelión por hartazgo de un verdadero “que se vayan todos”.
En las elecciones de 2 años atrás, los que así lo hicieron superaron el 32 % del padrón. Cifra que se oculta cuidadosamente, contribuyendo al falseamiento institucional antes mencionado.
Sonaría entonces la hora de la gente. Sin déspotas iluminados que vivan de nuestro trabajo forzándonos a levantar las manos en silencio y a mirar al piso mientras les entregamos nuestra dignidad y el futuro de nuestros hijos.
Se ha dicho que hombres y mujeres piensan y también enloquecen en rebaños, mientras que suelen recobrar la cordura lentamente, uno a uno.
Ya somos grandes y no deberíamos llamarnos a engaño: hace 2.400 años Sócrates sentenció que la democracia nunca funcionaría pues la mayoría menos creativa siempre elegiría vivir en forma parasitaria de la minoría más creativa mediante la confiscación de su riqueza para repartírsela. Pensamiento que se tiene como la primera y más clara comprensión del socialismo.
Otro sabio, el estadounidense Benjamín Franklin, también razonó sobre el caso afirmando que la democracia podía describirse como dos lobos y un cordero decidiendo qué iban a almorzar. Lo que resulta especialmente cierto en el modelo argentino, que más allá de bellas teorías de protección republicana y declamaciones ingenuas, ha degenerado en brutal despotismo electivo.
Un tercer sabio, Albert Einstein, dijo por su parte: “la investidura del dirigente político proviene parcialmente de la violencia y parcialmente de la elección de la masa. No representa al grupo de intelectuales avanzados. Es como si el destino de los países estuviera condenado a caer en manos de irresponsables, que detentan el poder político”.
Porque en rigor de verdad los comicios, hoy y aquí, son maniobras de grupos de personas organizadas afianzando su bienestar y seguridad a través del expediente de restringir la libertad y la propiedad de los demás. Apelando para empezar, a una subasta anticipada de los bienes que robarán “a otros” cuando lleguen al poder (lo que se conoce como campaña electoral).
La Organización política detenta el monopolio del uso de la fuerza armada y, es claro, del cobro bajo amenaza de pesados tributos cargados sobre cada cosa que tocamos. Tiene su código de silencios y lealtades para “hacer negocios” y también su propio blindaje legal y de controles para someter a los que producen y comercian -a la minoría creativa- capítulo con el que contribuiremos a fines de este mes (la elección de legisladores).
Por cierto robar “a otros” votando a esbirros que asalten la propiedad ajena, dinamita la única escalera de salida de la pobreza que tienen los votantes más desprotegidos. Porque dicho robo frena las inversiones, desalienta la producción, fomenta la fuga de cerebros y de capitales. Causa principalísima del arrodillamiento de la patria ante decenas de pueblos a los que mirábamos desde arriba; de la mala vida y muerte prematura por miseria asestada a generaciones de argentinos. Probable genocidio por terrorismo fiscal de Estado pendiente aún de reivindicación.
La clase política que conforma esta Organización se divide grosso modo en tres vertientes: la primera directamente convicta por propia acción y confesión; la segunda, mejor intencionada pero reacia a reconocer en el no-respeto a los derechos de propiedad la causa-base del desastre nacional. Y una tercera vertiente a la que denominaremos “la menos dañina”, aunque lejana aún de las ideas de avanzada que necesitaríamos para ser un gran país.
El increíble descaro con que el actual gobierno expropia, insulta, provoca, divide, miente, atropella, compra conciencias y falsea instituciones republicanas, es el regocijo de malvivientes y parásitos asumidos. Y es la indignación de los justos y honestos, que todavía son mayoría. Nuestros gobernantes, continuadores del peronismo más vil, corrupto y bárbaro, representan entonces la primera vertiente.
La segunda se identifica hoy con la Coalición de pan-radicalismo más socialistas y reedita la misma alianza (en organizaciones adherentes e ideas económicas) que fracasó tanto con R. Alfonsín como con F. De La Rua.
El socialismo repartidor de lo ajeno, reglamentador y gran-papá-Estado-que-lo-sabe-todo es una idea superada, propia de estadios infantiles de evolución social. Que condujo a estancamientos, asfixia impositiva y anímica, como frenos a la generación enérgica de riquezas toda vez que se lo intentó en el pasado. Aquí, en Uganda, en China o en Suecia.
Demostró ser un sistema de conceptos artificiales, mal adaptados a la naturaleza humana. Sencillamente no sirvió ni servirá por más que la enana resentida (compañera del enano fascista) que muchos llevan dentro, lo siga prefiriendo. Y cuidado: no puede disfrazarse de ético al conjunto de ideas que condujo una y otra vez al hundimiento de los sueños de buen dinero por derecha y bienestar, de millones de sumergidos.
La tercera y “menos mala” está hoy representada por la alianza liberal-peronista de Unión Pro. No es más que eso: la menos desactualizada y dañina de las tres. La única con apertura mental y cultural como para allanar un tanto nuestra salida del infierno.
No evolucionaron aún hasta el Santo Grial de la potencia creadora de riqueza sin límites de las libertades máximas, la no-violencia aplicada sin excepciones y lo voluntario primando siempre por sobre lo coactivo. Pero concedamos al menos que las ideas y proyectos que exponen avanzan algunos pasos en la dirección correcta, cosa harto improbable (por su esencia estatista) para las dos opciones anteriores.
La corrección absoluta sería mucho más drástica, desde luego, y no se presenta aquí como opción. Pero si una mayoría de, digamos, el 60 o 70 % de los electores votara en blanco o simplemente se abstuviese de votar, la Organización política entera daría con su cara en tierra. Sería quitarles legitimidad, en la rebelión por hartazgo de un verdadero “que se vayan todos”.
En las elecciones de 2 años atrás, los que así lo hicieron superaron el 32 % del padrón. Cifra que se oculta cuidadosamente, contribuyendo al falseamiento institucional antes mencionado.
Sonaría entonces la hora de la gente. Sin déspotas iluminados que vivan de nuestro trabajo forzándonos a levantar las manos en silencio y a mirar al piso mientras les entregamos nuestra dignidad y el futuro de nuestros hijos.
jueves 4 de junio de 2009
Deber Ser
Junio 2009
Hemos sido reiterativos a lo largo de estas columnas, sobre el extraordinario logro de aquella nación joven, incivilizada y remota escalando velozmente posiciones hasta ubicarse entre los mejores países de la tierra. Superando a sociedades europeas, asiáticas y americanas en todos los rubros que definen el nivel de vida de los pueblos y la potencia de una economía en expansión.
No se trata de una opinión sino de hechos históricos: la Argentina liberal del Centenario (1910) era poderosa, respetada y admirada.
Líderes indiscutidos de todo el continente sólo superados por los Estados Unidos, éramos meca de inmigración calificada porque la inteligencia del mundo apostaba a nuestro brillante futuro.
Futuro del que querían participar, porque la apuesta era terminar de hacer de la República Argentina una sociedad de avanzada, inclusiva, libre y opulenta como ninguna otra.
Debimos ser todo eso y mucho más. Pudimos serlo con un mínimo de sentido común. Pero no fue así.
El Bicentenario nos hallará peleando los últimos puestos con ignotos países africanos y oscuras dictaduras asiáticas. Encabezando rankings de corrupción, dirigismo socialista y consecuente decadencia económica.
Caracterizados como caprichosos, mal educados, soberbios y poco confiables por el mundo civilizado, nuestra dirigencia gobernante y todos los votantes que la hicieron posible desde los años 40 en adelante, encarnan con precisión lo descripto en el magistral libro de Vargas Llosa “Manual del Perfecto Idiota Sudamericano” y en su continuación “El Regreso del Idiota”.
La realidad de hoy es, por ejemplo, la de un jubilado de 75 años, algo cojo y con rostro amargado, bajando de su mal mantenido automóvil de 35 años de antigüedad. El sol del verano lo ha hecho transpirar dentro del viejo habitáculo y recalienta el frente de su modesta casa de barrio con techo plano. ¿Vacaciones junto al mar? Imposible con su miserable retribución, tras décadas de aportes. Apenas si le alcanza para los muchos remedios que necesita, tras una vida de hacer colas en hospitales en busca de una salud pública preventiva que nunca encontró.
Pero la realidad de este mismo hombre podría ser otra. Basta imaginar una situación donde los votantes se hubiesen negado a encumbrar a nuestros campeones del Tercer Mundo populista desde los años 40 en adelante. Los mismos cuyos nombres desmerecen hoy numerosas calles, instituciones y parques.
Imaginemos una Argentina libre (o casi) de los peronistas, militares y radical-socialistas que nos mal-gobernaron. Siguiendo el otro camino: el de sociedad abierta marcado por los Padres de la Patria.
Veríamos entonces al mismo jubilado de 75 años bajando con una sonrisa de su automóvil de 1 año de antigüedad con aire acondicionado, fresco a pesar de un sol implacable. Esta vez estaciona en una calle arbolada, frente a su coqueto chalet de Mar del Plata. Se lo ve bronceado y saludable; erguido y con buena ropa. Su compañía de seguridad privada custodia su casa de dos plantas con jardín en un tranquilo suburbio rosarino. Tras décadas de trabajo y aportes a un seguro de retiro multinacional con plan de salud, hoy goza de una jubilación que le da solvencia y tranquilidad vitalicias.
La realidad de hoy también puede verse en una pareja de unos 30 años de edad. Ella aporta a la familia con su sueldo de empleada doméstica, mejorando un tanto el insuficiente salario de su marido, empleado municipal. Viven en un monoblock idéntico a muchos otros, en la zona sur del gran Buenos Aires. Es muy estrecho para ellos y sus 3 hijos, lo mismo que su pequeño automóvil de 10 años de antigüedad. Deberán aguantar, sin embargo, ya que su pobre horizonte no tiene visos de mejora. Y lo que es más doloroso: el futuro de sus adorados hijos tampoco parece prometedor. La igualdad de oportunidades ha sido sólo un cruel eslogan para ellos ya que las posibilidades prácticas reales de una educación superior competitiva, son escasas partiendo desde allí.
Pero en el planteo posible que nuestros dirigentes desecharon, la historia de esta familia trabajadora pudo haber sido muy diferente:
Así diez años atrás, de recién casados, calificaron para una empresa desarrolladora internacional que les brindó un crédito a 30 años con 5 de gracia. Comprendía el terreno con vivienda, los gastos de vida de los 2 primeros años, la infraestructura básica y el asesoramiento detallado para la producción de especialidades orgánicas de alto valor, sobre tierras irrigadas cercanas a un enorme y bello lago de la precordillera chubutense.
El emprendimiento prosperó en una gran comunidad de muchas decenas de miles de hectáreas antes desérticas, y ahora salpicadas de modernas empresas familiares.
En la actualidad, los millones de árboles plantados con criterio agro-ecológico por la desarrolladora comienzan a elevarse y a cambiar literalmente el clima. El verde se ve por doquier en un paisaje de calles vecinales asfaltadas, centros médicos y colegios privados, centros comerciales y una prolija zona industrial con empacadoras de última generación para colocar la producción local en mercados de todo el mundo, con el soporte de traders privados altamente especializados.
Grandes molinos de energía eólica y miles de metros cuadrados de paneles solares marcan, desde colinas adyacentes, la tónica de ciudadanos comprometidos con un sistema de vida sustentable y de mínima polución ambiental.
Nuestra pareja y sus hijos tienen una casa luminosa y confortable, una 4x4 de 2 años de antigüedad, una lancha para los fines de semana en el lago y están pagando sin inconvenientes las cuotas de su extensa hipoteca. Y lo que es mejor: la comunidad cuenta con un nuevo e impactante campus universitario sucursal de la Colorado University, que dicta diversos doctorados en ramas de la ingeniería genética.
Una autopista de ocho carriles enlaza ya a nuestra comunidad con el puerto, el aeropuerto y centro financiero de Rawson, terminal a su vez de un tren bala que conecta en pocas horas con Bahía Blanca, Azul y Buenos Aires. (Fin del sueño. Volvamos al monoblock elegido por nuestros votantes).
Los costos del atraso sufrido por la Argentina son pavorosos. En tiempo, vidas, humillación y sufrimientos inútiles.
Tal vez estos dos pequeños ejemplos gráficos de lo que deberíamos ser en todos los órdenes, ayuden a pensar con patriotismo nuestro próximo voto-castigo.
Hemos sido reiterativos a lo largo de estas columnas, sobre el extraordinario logro de aquella nación joven, incivilizada y remota escalando velozmente posiciones hasta ubicarse entre los mejores países de la tierra. Superando a sociedades europeas, asiáticas y americanas en todos los rubros que definen el nivel de vida de los pueblos y la potencia de una economía en expansión.
No se trata de una opinión sino de hechos históricos: la Argentina liberal del Centenario (1910) era poderosa, respetada y admirada.
Líderes indiscutidos de todo el continente sólo superados por los Estados Unidos, éramos meca de inmigración calificada porque la inteligencia del mundo apostaba a nuestro brillante futuro.
Futuro del que querían participar, porque la apuesta era terminar de hacer de la República Argentina una sociedad de avanzada, inclusiva, libre y opulenta como ninguna otra.
Debimos ser todo eso y mucho más. Pudimos serlo con un mínimo de sentido común. Pero no fue así.
El Bicentenario nos hallará peleando los últimos puestos con ignotos países africanos y oscuras dictaduras asiáticas. Encabezando rankings de corrupción, dirigismo socialista y consecuente decadencia económica.
Caracterizados como caprichosos, mal educados, soberbios y poco confiables por el mundo civilizado, nuestra dirigencia gobernante y todos los votantes que la hicieron posible desde los años 40 en adelante, encarnan con precisión lo descripto en el magistral libro de Vargas Llosa “Manual del Perfecto Idiota Sudamericano” y en su continuación “El Regreso del Idiota”.
La realidad de hoy es, por ejemplo, la de un jubilado de 75 años, algo cojo y con rostro amargado, bajando de su mal mantenido automóvil de 35 años de antigüedad. El sol del verano lo ha hecho transpirar dentro del viejo habitáculo y recalienta el frente de su modesta casa de barrio con techo plano. ¿Vacaciones junto al mar? Imposible con su miserable retribución, tras décadas de aportes. Apenas si le alcanza para los muchos remedios que necesita, tras una vida de hacer colas en hospitales en busca de una salud pública preventiva que nunca encontró.
Pero la realidad de este mismo hombre podría ser otra. Basta imaginar una situación donde los votantes se hubiesen negado a encumbrar a nuestros campeones del Tercer Mundo populista desde los años 40 en adelante. Los mismos cuyos nombres desmerecen hoy numerosas calles, instituciones y parques.
Imaginemos una Argentina libre (o casi) de los peronistas, militares y radical-socialistas que nos mal-gobernaron. Siguiendo el otro camino: el de sociedad abierta marcado por los Padres de la Patria.
Veríamos entonces al mismo jubilado de 75 años bajando con una sonrisa de su automóvil de 1 año de antigüedad con aire acondicionado, fresco a pesar de un sol implacable. Esta vez estaciona en una calle arbolada, frente a su coqueto chalet de Mar del Plata. Se lo ve bronceado y saludable; erguido y con buena ropa. Su compañía de seguridad privada custodia su casa de dos plantas con jardín en un tranquilo suburbio rosarino. Tras décadas de trabajo y aportes a un seguro de retiro multinacional con plan de salud, hoy goza de una jubilación que le da solvencia y tranquilidad vitalicias.
La realidad de hoy también puede verse en una pareja de unos 30 años de edad. Ella aporta a la familia con su sueldo de empleada doméstica, mejorando un tanto el insuficiente salario de su marido, empleado municipal. Viven en un monoblock idéntico a muchos otros, en la zona sur del gran Buenos Aires. Es muy estrecho para ellos y sus 3 hijos, lo mismo que su pequeño automóvil de 10 años de antigüedad. Deberán aguantar, sin embargo, ya que su pobre horizonte no tiene visos de mejora. Y lo que es más doloroso: el futuro de sus adorados hijos tampoco parece prometedor. La igualdad de oportunidades ha sido sólo un cruel eslogan para ellos ya que las posibilidades prácticas reales de una educación superior competitiva, son escasas partiendo desde allí.
Pero en el planteo posible que nuestros dirigentes desecharon, la historia de esta familia trabajadora pudo haber sido muy diferente:
Así diez años atrás, de recién casados, calificaron para una empresa desarrolladora internacional que les brindó un crédito a 30 años con 5 de gracia. Comprendía el terreno con vivienda, los gastos de vida de los 2 primeros años, la infraestructura básica y el asesoramiento detallado para la producción de especialidades orgánicas de alto valor, sobre tierras irrigadas cercanas a un enorme y bello lago de la precordillera chubutense.
El emprendimiento prosperó en una gran comunidad de muchas decenas de miles de hectáreas antes desérticas, y ahora salpicadas de modernas empresas familiares.
En la actualidad, los millones de árboles plantados con criterio agro-ecológico por la desarrolladora comienzan a elevarse y a cambiar literalmente el clima. El verde se ve por doquier en un paisaje de calles vecinales asfaltadas, centros médicos y colegios privados, centros comerciales y una prolija zona industrial con empacadoras de última generación para colocar la producción local en mercados de todo el mundo, con el soporte de traders privados altamente especializados.
Grandes molinos de energía eólica y miles de metros cuadrados de paneles solares marcan, desde colinas adyacentes, la tónica de ciudadanos comprometidos con un sistema de vida sustentable y de mínima polución ambiental.
Nuestra pareja y sus hijos tienen una casa luminosa y confortable, una 4x4 de 2 años de antigüedad, una lancha para los fines de semana en el lago y están pagando sin inconvenientes las cuotas de su extensa hipoteca. Y lo que es mejor: la comunidad cuenta con un nuevo e impactante campus universitario sucursal de la Colorado University, que dicta diversos doctorados en ramas de la ingeniería genética.
Una autopista de ocho carriles enlaza ya a nuestra comunidad con el puerto, el aeropuerto y centro financiero de Rawson, terminal a su vez de un tren bala que conecta en pocas horas con Bahía Blanca, Azul y Buenos Aires. (Fin del sueño. Volvamos al monoblock elegido por nuestros votantes).
Los costos del atraso sufrido por la Argentina son pavorosos. En tiempo, vidas, humillación y sufrimientos inútiles.
Tal vez estos dos pequeños ejemplos gráficos de lo que deberíamos ser en todos los órdenes, ayuden a pensar con patriotismo nuestro próximo voto-castigo.
domingo 31 de mayo de 2009
Ecologistas de Avanzada
Mayo 2009
El ecologismo, el conservacionismo, el uso de los recursos no renovables en forma sustentable, el rostro humano y amigable con el medio ambiente, en cultura, arte o espiritualidad, la economía al servicio del hombre y de la biodiversidad de nuestro planeta, son todas banderas claramente liberales. Con mayor propiedad aún, libertarias.
Los problemas alimentarios que hoy enfrenta el mundo, las amenazas climáticas con origen en la polución humana, las pruebas nucleares radioactivas, los derrames petroleros, la contaminación de espejos de agua dulce, la deforestación y prácticamente todos los desastres ecológicos, de extinción animal y sobreexplotación de los mares son culpa directa o indirecta de los Estados nacionales. Particularmente de aquellos con sistemas más dirigistas y contrarios al libre mercado. En especial de los regímenes de socialismo comunista, como puede comprobarse en la increíble acción depredadora de Rusia y China sobre sus territorios desde la segunda mitad del siglo XX, sin duda de índole genocida.
Que los Estados y los estatistas han sido la mayor fuente de desgracias humanas a todo nivel, es algo que a esta altura de nuestro camino evolutivo está fuera de cuestión. (*)
¿Se han preguntado porqué las gallinas, los caballos o las ovejas no se encuentran en peligro de extinción, mientras que sí lo están las tortugas marinas, las ballenas o los elefantes africanos?
Muy sencillo: sobre las 3 primeras especies rigen los derechos de propiedad mientras que para las 3 últimas rige el infantil son de todos.
Hablando de elefantes, observemos un edificante ejemplo al paso: diferentes países adoptaron diferentes estrategias con vista a su preservación. Zaire, Kenia y Tanzania, por caso, optaron hace unos años por lo convencional: los elefantes son de propiedad pública y se los protege con decisión (y aplauso de grupos verdes), con todos los gastos que ello implica a cargo de sus contribuyentes. El resultado de este accionar es…que se siguen extinguiendo. Hay ahora menos de la mitad de los elefantes que había al momento de tomarse la “opción estatista”.
Botswana y Zimbabwe, en cambio, adoptaron la estrategia inteligente: la mejor para los elefantes, no para los burócratas. Aquí el gobierno vendió en propiedad las manadas a los consejos tribales regionales y a particulares (con derechos de caza y de percibir cánones de cazadores y otros por cada animal utilizado). Y el resultado “liberal” obviamente, fue espectacular: la población de elefantes aumentó rápidamente. Por la misma razón por la que no se extinguen las vacas a pesar de su utilización intensiva como alimento humano.
¿Cuál creen que hubiese sido la opción tomada por Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Fidel Castro o Evo Morales? Si. Adivinaron. Los hundimientos de pueblos, economías y ecosistemas nunca son casuales.
La tecnología actual posibilita acciones que antes hubieran sido de difícil implementación. El riesgo de extinción de las ballenas azules, por ejemplo, puede conjurarse mediante el expediente de adjudicar derechos de propiedad a empresas que administren el recurso mediante su explotación racional. Podría ser con fines conservacionistas o meramente utilitarios. Como sea, el objetivo del empresario será siempre aumentar sus planteles, mantenerlos sanos, bien alimentados y electrónicamente protegidos de balleneros piratas y furtivos. A su costa. Sin corrupción posible.
Si las selvas amazónica o filipina no fueran tierra fiscal concesionada sino vendidas en propiedad absolutamente privada y negociable (sin discriminación a extranjeros), la deforestación dejaría de ser un problema planetario. Las valiosas especies arbóreas quedarían protegidas de incendiarios y depredadores oportunistas a costa de los particulares, ya que la supervivencia de la empresa con su finca comercial incluido el recupero de la inversión inicial, dependería del uso racional del recurso, de la replantación constante y del manejo científico de la valiosa biodiversidad de la que es poseedora. Nadie trabaja para perder su patrimonio. Antes bien para incrementarlo en beneficio de su descendencia (¡y de la humanidad!), para lo cual el afán de ganancia oficia de poderoso estímulo. Descontando, como en el ejemplo anterior, que “explotación comercial” es un concepto tan amplio como para incluir… a un grupo de filántropos que aporten capital privado con el sólo objeto de preservar y permitir visitas de turismo ecológico, entre muchas otras posibilidades que el ingenio humano liberado de impuestos y bloqueos mentales nacionalistas podría crear.
Si en lugar de tanto estatismo imbécil nuestra república y otro centenar de naciones hubiesen determinado la propiedad privada del subsuelo, como hicieron algunas sociedades más perspicaces, el cercano agotamiento de recursos como el petróleo más la crisis energética no estarían en la agenda actual.
Los incentivos para la exploración, extracción y administración económica del recurso (cualquier recurso valioso) hubieran forzado un derrotero histórico totalmente diferente. El mercado siempre orienta, a través del precio libre, tanto la demanda racional cuanto la oferta de sustitutos o la creación de “reservas” de distinta disponibilidad, estimulando la investigación, el avance de nuevas alternativas comerciales y la máxima tasa de conservación o nueva prospección posible compatible con el crecimiento económico deseado por cada actor. Algo que el intervencionismo estatal jamás pudo ni podrá hacer. Porque los actores son unos 6.500 millones.
Argentina sería hoy, desde luego, una potencia productora y exportadora de petróleo, gas, oro, plata, aluminio, piedras preciosas, cobre, agua dulce, tungsteno y muchos otros recursos que hubieran estado al servicio de la riqueza de nuestra población, en lugar de dormir a la espera de la obsolescencia vía el desarrollo de sustitutos y nuevas tecnologías operativas.
El tema excede el espacio físico de esta nota pero la habilitación y el respeto de los derechos de propiedad, son el principio y el fin. El alfa y el omega del bienestar humano y ambiental.
Los ecologistas de mentalidad madura ya lo comprendieron. Los verdes antiglobalización adscriptos a la izquierda troglodita y al nacionalismo discriminador, aún no.
(*) http://www.libertadynoviolencia.blogspot.com/ artículo “Estado” de Julio 2008
El ecologismo, el conservacionismo, el uso de los recursos no renovables en forma sustentable, el rostro humano y amigable con el medio ambiente, en cultura, arte o espiritualidad, la economía al servicio del hombre y de la biodiversidad de nuestro planeta, son todas banderas claramente liberales. Con mayor propiedad aún, libertarias.
Los problemas alimentarios que hoy enfrenta el mundo, las amenazas climáticas con origen en la polución humana, las pruebas nucleares radioactivas, los derrames petroleros, la contaminación de espejos de agua dulce, la deforestación y prácticamente todos los desastres ecológicos, de extinción animal y sobreexplotación de los mares son culpa directa o indirecta de los Estados nacionales. Particularmente de aquellos con sistemas más dirigistas y contrarios al libre mercado. En especial de los regímenes de socialismo comunista, como puede comprobarse en la increíble acción depredadora de Rusia y China sobre sus territorios desde la segunda mitad del siglo XX, sin duda de índole genocida.
Que los Estados y los estatistas han sido la mayor fuente de desgracias humanas a todo nivel, es algo que a esta altura de nuestro camino evolutivo está fuera de cuestión. (*)
¿Se han preguntado porqué las gallinas, los caballos o las ovejas no se encuentran en peligro de extinción, mientras que sí lo están las tortugas marinas, las ballenas o los elefantes africanos?
Muy sencillo: sobre las 3 primeras especies rigen los derechos de propiedad mientras que para las 3 últimas rige el infantil son de todos.
Hablando de elefantes, observemos un edificante ejemplo al paso: diferentes países adoptaron diferentes estrategias con vista a su preservación. Zaire, Kenia y Tanzania, por caso, optaron hace unos años por lo convencional: los elefantes son de propiedad pública y se los protege con decisión (y aplauso de grupos verdes), con todos los gastos que ello implica a cargo de sus contribuyentes. El resultado de este accionar es…que se siguen extinguiendo. Hay ahora menos de la mitad de los elefantes que había al momento de tomarse la “opción estatista”.
Botswana y Zimbabwe, en cambio, adoptaron la estrategia inteligente: la mejor para los elefantes, no para los burócratas. Aquí el gobierno vendió en propiedad las manadas a los consejos tribales regionales y a particulares (con derechos de caza y de percibir cánones de cazadores y otros por cada animal utilizado). Y el resultado “liberal” obviamente, fue espectacular: la población de elefantes aumentó rápidamente. Por la misma razón por la que no se extinguen las vacas a pesar de su utilización intensiva como alimento humano.
¿Cuál creen que hubiese sido la opción tomada por Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Fidel Castro o Evo Morales? Si. Adivinaron. Los hundimientos de pueblos, economías y ecosistemas nunca son casuales.
La tecnología actual posibilita acciones que antes hubieran sido de difícil implementación. El riesgo de extinción de las ballenas azules, por ejemplo, puede conjurarse mediante el expediente de adjudicar derechos de propiedad a empresas que administren el recurso mediante su explotación racional. Podría ser con fines conservacionistas o meramente utilitarios. Como sea, el objetivo del empresario será siempre aumentar sus planteles, mantenerlos sanos, bien alimentados y electrónicamente protegidos de balleneros piratas y furtivos. A su costa. Sin corrupción posible.
Si las selvas amazónica o filipina no fueran tierra fiscal concesionada sino vendidas en propiedad absolutamente privada y negociable (sin discriminación a extranjeros), la deforestación dejaría de ser un problema planetario. Las valiosas especies arbóreas quedarían protegidas de incendiarios y depredadores oportunistas a costa de los particulares, ya que la supervivencia de la empresa con su finca comercial incluido el recupero de la inversión inicial, dependería del uso racional del recurso, de la replantación constante y del manejo científico de la valiosa biodiversidad de la que es poseedora. Nadie trabaja para perder su patrimonio. Antes bien para incrementarlo en beneficio de su descendencia (¡y de la humanidad!), para lo cual el afán de ganancia oficia de poderoso estímulo. Descontando, como en el ejemplo anterior, que “explotación comercial” es un concepto tan amplio como para incluir… a un grupo de filántropos que aporten capital privado con el sólo objeto de preservar y permitir visitas de turismo ecológico, entre muchas otras posibilidades que el ingenio humano liberado de impuestos y bloqueos mentales nacionalistas podría crear.
Si en lugar de tanto estatismo imbécil nuestra república y otro centenar de naciones hubiesen determinado la propiedad privada del subsuelo, como hicieron algunas sociedades más perspicaces, el cercano agotamiento de recursos como el petróleo más la crisis energética no estarían en la agenda actual.
Los incentivos para la exploración, extracción y administración económica del recurso (cualquier recurso valioso) hubieran forzado un derrotero histórico totalmente diferente. El mercado siempre orienta, a través del precio libre, tanto la demanda racional cuanto la oferta de sustitutos o la creación de “reservas” de distinta disponibilidad, estimulando la investigación, el avance de nuevas alternativas comerciales y la máxima tasa de conservación o nueva prospección posible compatible con el crecimiento económico deseado por cada actor. Algo que el intervencionismo estatal jamás pudo ni podrá hacer. Porque los actores son unos 6.500 millones.
Argentina sería hoy, desde luego, una potencia productora y exportadora de petróleo, gas, oro, plata, aluminio, piedras preciosas, cobre, agua dulce, tungsteno y muchos otros recursos que hubieran estado al servicio de la riqueza de nuestra población, en lugar de dormir a la espera de la obsolescencia vía el desarrollo de sustitutos y nuevas tecnologías operativas.
El tema excede el espacio físico de esta nota pero la habilitación y el respeto de los derechos de propiedad, son el principio y el fin. El alfa y el omega del bienestar humano y ambiental.
Los ecologistas de mentalidad madura ya lo comprendieron. Los verdes antiglobalización adscriptos a la izquierda troglodita y al nacionalismo discriminador, aún no.
(*) http://www.libertadynoviolencia.blogspot.com/ artículo “Estado” de Julio 2008
domingo 24 de mayo de 2009
Sociedad de Esclavos
Mayo 2009
¿Somos una sociedad de mujeres y hombres libres, como nos gusta creer? ¿O se trata de un autoengaño?
Cuando algunos eligen crear o trabajar en empresas y negocios, producir bienes o servicios mientras otros hombres se dedican a usar las armas del Estado para saquear y confiscar a los primeros como modo de vida, parece aventurado catalogar a esa sociedad como libre.
Los vampiros del esfuerzo ajeno, cualquiera sea el grado de su vampirismo (y en la Argentina es muy elevado) conspiran contra el nivel de ingresos de toda la sociedad parasitando a sus víctimas, restándoles energía creativa e imponiéndoles una degradación que conlleva también el propio fin.
La historia de todas las dictaduras del globo y la de nuestra propia y terrible decadencia a manos de despotismos electos lo prueba.
Quienes se benefician de la sangría argumentan que sólo así puede solucionarse el grave conflicto de intereses entre quienes tienen mucho y quienes no tienen nada.
La verdad y la justicia, claro, están en otra parte ya que no hay divergencia de intereses entre personas que no pretenden lo que no han ganado siendo que en un marco de libre intercambio (del que estamos muy lejos), los intereses racionales no chocan entre sí. Sólo se complementan y potencian en la sinergia de un círculo virtuoso: el de la distribución de la riqueza vía el rápido aumento de los ingresos reales de todos. (1)
El bien común no puede lograrse mediante sacrificios humanos, como en la cultura precolombina, desangrando a algunas mujeres y hombres (o empresas y negocios) en beneficio de algunos otros. No somos animales sacrificables, medios para, números en la pantalla del burócrata cuyo destino es subsidiar la vida de vagos, avivados, mafiosas y otros, enriqueciendo políticos en el camino. Aunque una mayoría opine lo contrario.
Si seguimos internándonos en la trampa de aceptar que el infortunio de algunos es una hipoteca con peso de lápida sobre las ganas de crecer de otros, seguiremos decayendo como lo venimos haciendo desde hace más de seis décadas. Años en los que el voto mayoritario apoyó a quienes, aplicando conceptos paleo-económicos, consolidaron la pobreza y la des-educación hundiendo a millones en la desesperanza. Provocando golpes militares que sólo atinaron a administrar el corrupto cáncer estatista, pasando la pelota al siguiente civil inepto.
No se puede vivir en una eterna emergencia que “justifique” fraudes, robos y violación de propiedades por parte del Estado.
Tampoco puede considerarse emergencia a todas las desdichas humanas, muchas elegidas por acción u omisión como pereza, vicios insalubres, incapacidad laboral o agresiva incultura limitante.
El dar es un acto de generosidad y nobleza moral mas no un deber coactivo que deba ser impuesto por la fuerza de las armas. La solidaridad voluntaria se troca en robo bajo amenaza cuando el Estado viola su obligación de proteger los derechos de las personas; en este caso los de aquellas forzadas a solventar el supuesto “derecho” de otras a una casa gratuita, a un trabajo para el que no se esforzaron en calificar o a boletos de ferrocarril a precios de quebranto. El vano intento de lograr fines contradictorios (redistribución de capital de trabajo con crecimiento social) sólo lleva a la destrucción económica y moral, caso del que nuestra patria es ejemplo palmario.
El votante populista dirá “la sociedad me debe una forma fácil de tener mi propia casa. Es mi ‘derecho’ a la vivienda digna. ¿Cómo? No lo sé. De alguna manera” El problema es que de alguna manera siempre significa alguien con rostro, familia, sueños, problemas, nombre y apellido. Y ocurre que no existe el “derecho” de algunas personas a violar los derechos de otras. So pena de africanización… como la que nos está distinguiendo.
Se sabe que sin el derecho de propiedad privada ningún otro derecho es real. Es el primer “derecho humano” después del derecho a la vida porque si el creador de algo no es dueño del resultado de su esfuerzo, tampoco es realmente dueño de su vida no pudiendo sustentarla en acuerdo a la inteligencia, el tiempo y el trabajo empleados en la creación de ese algo. Sostener lo contrario, negando el derecho a disponer de lo propio equivale a convertir a los seres humanos en propiedad del Estado, admitiendo que son sus esclavos o bienes de uso. De los que puede succionar toda la riqueza creada que le parezca conveniente, necesaria o “apropiada”.
En definitiva, los derechos individuales (primer enunciado de nuestra ignorada Constitución) son el medio civilizado de poner a sociedad y Estado bajo el control de la ley moral. Protección de mujeres y hombres libres contra la fuerza bruta de la “superioridad numérica”. La sociedad no es, para nuestra Constitución, un fin en sí misma. Sí lo es el hombre. La sociedad es sólo un medio para la coexistencia ordenada, voluntaria y pacífica de las personas. El individuo no le pertenece y no puede concederle (o revocarle) el permiso de ser libre puesto que cada ser humano posee su vida por completo, como derecho natural anterior a la sociedad y al Estado. Y su vida, como vimos en acuerdo con los más brillantes pensadores de la historia universal, incluye a sus bienes, como extensión del propio ser. El individuo que trabaja, produce y comercia mientras otros disponen del producto de su esfuerzo es, entonces, un esclavo.
Y como tal le asisten los derechos de rebelión, impugnación, resignación bajo protesto o secesión entre otros.
Si las doctrinas nacionalista (militar), peronista, radical o socialista desconocen los derechos del individuo (esencialmente el derecho in-avasallable a la propiedad con todo lo que de él se deriva) sus postulados son la ley del linchamiento legalizado.
Evitemos consolidar en las urnas este sistema criminal donde el gobierno se halla en libertad de hacer lo que le venga en gana mientras los ciudadanos sólo podemos trabajar, comerciar o producir algo si nos conceden el permiso.
Por el contrario, podríamos apoyar con nuestro voto a aquellos candidatos capaces de reeditar el honesto “sueño americano” traducido aquí en el sueño del inmigrante que podía, en una generación, construir su casa, acceder a una vejez con seguridad económica y dejar a sus hijos en buena situación inicial, sin pedir permiso ni parasitar a nadie.
(1) ver artículo “Capitalismo Popular” en http://www.libertadynoviolencia.blogspot.com/
¿Somos una sociedad de mujeres y hombres libres, como nos gusta creer? ¿O se trata de un autoengaño?
Cuando algunos eligen crear o trabajar en empresas y negocios, producir bienes o servicios mientras otros hombres se dedican a usar las armas del Estado para saquear y confiscar a los primeros como modo de vida, parece aventurado catalogar a esa sociedad como libre.
Los vampiros del esfuerzo ajeno, cualquiera sea el grado de su vampirismo (y en la Argentina es muy elevado) conspiran contra el nivel de ingresos de toda la sociedad parasitando a sus víctimas, restándoles energía creativa e imponiéndoles una degradación que conlleva también el propio fin.
La historia de todas las dictaduras del globo y la de nuestra propia y terrible decadencia a manos de despotismos electos lo prueba.
Quienes se benefician de la sangría argumentan que sólo así puede solucionarse el grave conflicto de intereses entre quienes tienen mucho y quienes no tienen nada.
La verdad y la justicia, claro, están en otra parte ya que no hay divergencia de intereses entre personas que no pretenden lo que no han ganado siendo que en un marco de libre intercambio (del que estamos muy lejos), los intereses racionales no chocan entre sí. Sólo se complementan y potencian en la sinergia de un círculo virtuoso: el de la distribución de la riqueza vía el rápido aumento de los ingresos reales de todos. (1)
El bien común no puede lograrse mediante sacrificios humanos, como en la cultura precolombina, desangrando a algunas mujeres y hombres (o empresas y negocios) en beneficio de algunos otros. No somos animales sacrificables, medios para, números en la pantalla del burócrata cuyo destino es subsidiar la vida de vagos, avivados, mafiosas y otros, enriqueciendo políticos en el camino. Aunque una mayoría opine lo contrario.
Si seguimos internándonos en la trampa de aceptar que el infortunio de algunos es una hipoteca con peso de lápida sobre las ganas de crecer de otros, seguiremos decayendo como lo venimos haciendo desde hace más de seis décadas. Años en los que el voto mayoritario apoyó a quienes, aplicando conceptos paleo-económicos, consolidaron la pobreza y la des-educación hundiendo a millones en la desesperanza. Provocando golpes militares que sólo atinaron a administrar el corrupto cáncer estatista, pasando la pelota al siguiente civil inepto.
No se puede vivir en una eterna emergencia que “justifique” fraudes, robos y violación de propiedades por parte del Estado.
Tampoco puede considerarse emergencia a todas las desdichas humanas, muchas elegidas por acción u omisión como pereza, vicios insalubres, incapacidad laboral o agresiva incultura limitante.
El dar es un acto de generosidad y nobleza moral mas no un deber coactivo que deba ser impuesto por la fuerza de las armas. La solidaridad voluntaria se troca en robo bajo amenaza cuando el Estado viola su obligación de proteger los derechos de las personas; en este caso los de aquellas forzadas a solventar el supuesto “derecho” de otras a una casa gratuita, a un trabajo para el que no se esforzaron en calificar o a boletos de ferrocarril a precios de quebranto. El vano intento de lograr fines contradictorios (redistribución de capital de trabajo con crecimiento social) sólo lleva a la destrucción económica y moral, caso del que nuestra patria es ejemplo palmario.
El votante populista dirá “la sociedad me debe una forma fácil de tener mi propia casa. Es mi ‘derecho’ a la vivienda digna. ¿Cómo? No lo sé. De alguna manera” El problema es que de alguna manera siempre significa alguien con rostro, familia, sueños, problemas, nombre y apellido. Y ocurre que no existe el “derecho” de algunas personas a violar los derechos de otras. So pena de africanización… como la que nos está distinguiendo.
Se sabe que sin el derecho de propiedad privada ningún otro derecho es real. Es el primer “derecho humano” después del derecho a la vida porque si el creador de algo no es dueño del resultado de su esfuerzo, tampoco es realmente dueño de su vida no pudiendo sustentarla en acuerdo a la inteligencia, el tiempo y el trabajo empleados en la creación de ese algo. Sostener lo contrario, negando el derecho a disponer de lo propio equivale a convertir a los seres humanos en propiedad del Estado, admitiendo que son sus esclavos o bienes de uso. De los que puede succionar toda la riqueza creada que le parezca conveniente, necesaria o “apropiada”.
En definitiva, los derechos individuales (primer enunciado de nuestra ignorada Constitución) son el medio civilizado de poner a sociedad y Estado bajo el control de la ley moral. Protección de mujeres y hombres libres contra la fuerza bruta de la “superioridad numérica”. La sociedad no es, para nuestra Constitución, un fin en sí misma. Sí lo es el hombre. La sociedad es sólo un medio para la coexistencia ordenada, voluntaria y pacífica de las personas. El individuo no le pertenece y no puede concederle (o revocarle) el permiso de ser libre puesto que cada ser humano posee su vida por completo, como derecho natural anterior a la sociedad y al Estado. Y su vida, como vimos en acuerdo con los más brillantes pensadores de la historia universal, incluye a sus bienes, como extensión del propio ser. El individuo que trabaja, produce y comercia mientras otros disponen del producto de su esfuerzo es, entonces, un esclavo.
Y como tal le asisten los derechos de rebelión, impugnación, resignación bajo protesto o secesión entre otros.
Si las doctrinas nacionalista (militar), peronista, radical o socialista desconocen los derechos del individuo (esencialmente el derecho in-avasallable a la propiedad con todo lo que de él se deriva) sus postulados son la ley del linchamiento legalizado.
Evitemos consolidar en las urnas este sistema criminal donde el gobierno se halla en libertad de hacer lo que le venga en gana mientras los ciudadanos sólo podemos trabajar, comerciar o producir algo si nos conceden el permiso.
Por el contrario, podríamos apoyar con nuestro voto a aquellos candidatos capaces de reeditar el honesto “sueño americano” traducido aquí en el sueño del inmigrante que podía, en una generación, construir su casa, acceder a una vejez con seguridad económica y dejar a sus hijos en buena situación inicial, sin pedir permiso ni parasitar a nadie.
(1) ver artículo “Capitalismo Popular” en http://www.libertadynoviolencia.blogspot.com/
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