El Futuro de la Grieta y el Proyecto S.


Octubre 2019

En un interesante artículo publicado el mes pasado, con el que coincidimos, el respetado analista y catedrático Alejandro Katz sostiene que la Argentina, entendida como comunidad de destino, dejó de existir. Que la idea de una vida en común confiando en nuestros compatriotas dejó de tener sentido porque ya no compartimos un mismo ideal de patria. Porque ya no hay una casa ni una causa en común.
Quedaron fraguados dos modelos de país completamente distintos; dos concepciones éticas -y por tanto económicas- de fondo, opuestas; que nos separan casi por mitades y que se han constituido en un abismo infranqueable.

Es una verdad omnipresente en estos días electorales, tal como se difundió desde el rectorado de la Universidad de San Andrés, que la liza que se dirime no trata de economía. Ni siquiera del relevo entre gobiernos sino de algo previo a todo eso; trata de una decisión de vida en sociedad definida por  2 valores contrapuestos: decencia e indecencia.
O sea, vigencia constitucional, instituciones republicanas y justicia independiente versus impunidad mafiosa para con el saqueo corrupto, los asesinatos (como el del fiscal Nisman) y los narcos, además de censura y nuevo asalto a la propiedad con fuerte fiscalismo reglamentarista.
Acordamos con lo allí mencionado en el sentido de que sin decencia social no hay libertad posible y que sin ella no tiene sentido vivir tal entorno, ni sentirlo como propio.

Supuesto el caso de que el kirchnerismo se haga con el control del aparato del Estado tras demostrar este mes en las urnas que los indecentes son mayoría, no estaría de más empezar a pensar en un contundente “Plan B”.
Basado, claro está, en las acertadas premisas del Lic. Katz. Que bien podría implicar un aceleramiento vertiginoso de los hechos en dirección a un futuro de poder y riqueza sin precedentes, al menos para la fracción decente de la sociedad, de la mano de los representantes del extremo opuesto del arco (y los de mayor consistencia doctrinaria): los libertarios.
Esto es así porque los libertarios ponen a la persona, su familia, sus libertades creativas, solidarias y productoras de riqueza (bienestar general) en primer lugar… y al Estado después; a su servicio. Jamás a la inversa ya que el ser humano (con su intangibilidad, libre albedrío y plena asunción -tanto civil como penal- de sus responsabilidades individuales) es ética y moralmente superior además de históricamente anterior a la entelequia colectiva que denominamos Estado. Y porque miles son las formas posibles en las que la libertad y la no violencia (la contractualidad voluntaria en red como sistema) podrían difundirse por todo el campo de la interacción comunitaria, si hubiera la voluntad política de permitirlas.

Así las cosas, dejando ingenuidades albertistas de lado y ante un avasallamiento de la Constitución Nacional y consecuente ruptura del último “pacto social” protector de libertades que aún nos une, quedarían lícitamente abiertos los caminos del Proyecto S: la Secesión.
Empezando por la más obvia: la de la Ciudad de Buenos Aires en unión, tal vez, con la de algunos partidos cercanos (San Isidro, Vicente López etc.) donde la decencia haya logrado conservar su mayoría. Como modo de escapar a la conurbanización general de la Argentina en sintonía con el proceso chavo-cristinista en ciernes, pero también como posible puerta de un ingreso acelerado al Primer Mundo.
Los avezados constitucionalistas que tenemos podrán sin duda dar forma jurídica (tras la caída de la Carta Magna alberdiana) a esta suerte de denuncia del Pacto de San José de Flores firmado en 1859 por el que la provincia de Buenos Aires y su ciudad portuaria homónima aceptaron, tras años de férrea independencia, integrarse a la Confederación bajo la Constitución de 1853.

Los mismos líderes de Juntos por el Cambio o en su defecto los del PRO, podrían encabezar las acciones para separar de un tajo a estos territorios de la Argentina populista, en acuerdo con J. L. Espert y otros referentes libertarios que nunca han temido llamar a las cosas por su nombre y que saben cómo revertir los lamentables errores político-económicos del presidente M. Macri.
Territorios que, por otra parte, tienen mayor extensión que países europeos de extraordinaria riqueza. O que la República de Singapur, por caso, Ciudad-Estado de pequeñas dimensiones, cero recursos naturales y gran población que, adherida a la seguridad jurídica de una economía de corte libertario, logra impresionantes ingresos promedio por habitante y constituye dentro del top-five mundial una de las pocas zonas del planeta donde impera el hiper-Primer Mundo.
¿Por qué nuestra fantástica Buenos Aires (la que nos lega H. Rodríguez Larreta y su obra), con valentía cívica y bien conducida, no podría emular estos casos de éxito popular? Tenemos aeropuerto, sede de gobierno y puerto; incluso fronteras aceptablemente prefijadas.
Resulta impactante visualizar el enorme flujo de emprendedores e inversionistas (sobre todo argentinos) que el nuevo enclave podría captar y la velocidad a la que podría crecer, superando en poco tiempo al entero PBI de la restante Argentina socialista, corporativa… fascista.
Resulta emocionante visualizar el efecto que esta potencia económica en ascenso causaría en la población vecina, sojuzgada por el obtuso estatismo peronista. Y la marea de ex conciudadanos pidiendo visa para sortear el muro e ingresar al “mundo libre”.
Pero lo más impresionante sería observar en el tiempo el dominó de jurisdicciones que, a la vista de las diferencias y con jefes presionados por la opinión pública, por plebiscitos autoconvocados o por el propio voto regular irían adhiriendo, como islas confederadas, al nuevo país. O al menos al nuevo sistema, con la vista puesta en un eventual final de República reconciliada.

En ocasiones, lo que no se consigue transfundiendo educación en valores se logra por el atajo de ofrecer ejemplos poderosos que impliquen audacia, ética y valentía.
Y, por qué no, con ejemplos rotundos de cómo otras familias, vecinas e iguales, prosperan económicamente.
Verdaderos cachetazos despertadores con el potencial de trocar a millones de indecentes en decentes. ¿Se trataría acaso de pura conveniencia, a todo orden? Bienvenida sea, porque eso se llama… capitalismo.

Dejaríamos así que las Cristinas, Hebes, Magarios, Milagros y Contis, que los Grabois, D’ Elías y Cúneos, que los De Pedros, Solanas, Baradeles y Moyanos, que los Balcedos, Aníbales, Insfranes, Víctor Hugos… sus títeres y tanta otra canalla, se macere en su propia cocción de pobrismo. Restando nuestros impuestos de lo que dispondrían para seguir con su infame tarea de demolición.




Se Cierne la Tormenta


Septiembre 2019

Si bien el castrismo, el sandinismo, el chavismo y el kirchnerismo son experimentos infames y fallidos todavía conservan (especialmente en nuestro suelo) considerable poder electoral.
Son infames por su natural violento, ladrón y sectario, apoyado clientelarmente en el parasitismo y en el odio de clase. Y son fallidos porque, aun habiendo atropellado toda institución republicana que osara limitarlos, nunca lograron crear riqueza ni alcanzar su consecuencia: bienestar general sustentable. Por el contrario, sólo generaron retracción de inversiones y su corolario: más pobreza.

¿Por qué tantos millones de personas apoyan aquí este fracaso? ¿Por qué votan una y otra vez por quienes los empobrecen, maltratan, subestiman e infantilizan?
Saben bien que son mafiosos y falsos, que prohíjan impunidades asqueantes y que se enriquecen cometiendo monumentales desfalcos a cara de piedra, indiferentes a toda evidencia. Saben que violan la Constitución Nacional, que hunden a nuestra Argentina en todos los rankings y que la asocian con dictaduras delincuentes.

Y sin embargo los bancan, con vergüenza o sin ella, buscando su complicidad.

Tanto el famoso síndrome de Estocolmo como el de la mujer golpeada, tomados en “modo tribu”, aportan desde lo sociológico explicaciones plausibles. Más plausibles aún si agregamos al cóctel 7 décadas de des-educación; es decir promoción docente de revisionismos mendaces, mitos económicos y antivalores éticos: irresponsabilidad social transfundida gota a gota a través de 3 generaciones desde la “educación” pública (y no sólo a las clases media-baja y baja), potenciada por periodistas, locutores y analistas adoctrinados en la misma escuela de graves ignorancias conceptuales acerca de cómo funciona el círculo virtuoso de la prosperidad.
Sumémosles a estos votantes, en acuerdo con el  lúcido análisis del politólogo justicialista Eduardo Fidanza, consistentes sentimientos de orfandad (falta de representación), fatalismo (ante las mafias, los narcos y el delito callejero), recelo (desconfianza hacia los políticos) y miedo (frente la marea de inmigrantes y la escasez de empleo).
Tendremos así un peligroso caldo emocional de incultura, frustraciones y resentimientos. De broncas defensivas poco racionales, en suma, con duros ánimos resilientes detrás de los cuales se agazapa, apenas contenida, la violencia.

Violencia que es, políticamente hablando, lo que ofrece el kirchnerismo. Por eso millones de votantes lo avalan aun sabiendo de su natural de bandidaje prepotente. Cediendo en el fondo como mujeres golpeadas, a la necesidad de ser contenidas en sus miserias, de tener a alguien que se imponga a otras tribus “hablando en su nombre” y que les demuestre cierto grado de compasión, ocupándose de sus necesidades primarias entre las cuales no es menor la necesidad de “pertenecer”; aun (bajados ya los lienzos de toda defensa moral) a una asociación delincuencial. Aun a una que a mediano plazo los conduzca a un matadero bolivariano del que ni sus nietos zafarán.
La alternativa, creen y se justifican confusamente, sería aún peor. Porque lo importante es el hoy, dicen; después se verá. Y si debemos marchar al matadero, piensan y callan, que sea arrastrando a todos quienes todavía tienen algún dinero, saciando al menos la sed de nuestro largo resentimiento. Y si es con una dosis de revanchismo, humillación por sometimiento (o huida) y saqueo legalizado, tanto mejor ya que son visiones que anestesian el angustiante sentimiento de impotencia ante la propia incapacidad.

Señoras, señores, los electorados sí pueden suicidarse; la Historia Universal avala esta afirmación y Venezuela es un ejemplo; nunca subestimemos la estupidez humana.
Pero sobre todo, no subestimemos la cínica maldad de los intelectuales del populismo. Ni la abominable traición a los ideales sanmartinianos de decenas de miles de presuntos beneficiarios de la nomenklatura estatista. Esos que, creen, podrán lucrar dirigiendo el desguace de nuestra nación y su entrega al lumpen en connivencia con las mafias, desde confortables oficinas con vista al río en las narco-torres de Puerto Madero.

El gobierno de M. Macri (que en el imaginario de propios y extraños fue de “centro-derecha” pero en los duros hechos un perfecto ejemplo de “centro-izquierda”), carga con la gran responsabilidad de no haber sabido o podido desarmar la mega bomba socio-económica dejada sobre su escritorio por el kirchnerismo a fines de 2015, ingenio que finalmente le estalló en la cara a partir de Abril del ‘18.

El fracaso en lograr desactivar la (a esta altura ya clásica) celada peronista de cuentas impagas, irresponsabilidades, robos, mafia y platos rotos, tiene al menos dos causas eminentes.
La primera es la muy criticada actitud de no blanquear ante la sociedad con la más extrema crudeza y desde el principio, la gravedad de la situación socio-económica e institucional y el verdadero estado de las cuentas nacionales que se recibían; data que hacía (hace aún) de nuestro país un ente inviable.
Pero la segunda, no menos importante, es el haber fallado en explicar a la sociedad con precisión y perspicacia también desde el inicio, cuál era el norte hacia donde querían dirigirnos, cómo haríamos ese trayecto y cuánto tiempo nos demandaría llegar. Cuál era el premio y cuál la posición concreta (para cada sector) a la que se arribaría tras el sacrificio que habría de encararse.
Faltó el relato que entusiasmara; el mito (todos son relatos y mitos inspiradores en este sentido; algunos notablemente más eficaces en lo social-utilitario, como el capitalismo y otros más perjudiciales para la gente, como el socialismo; ninguno alcanzará jamás el ideal, por otra parte) que diera alas a la confianza. Faltó la imagen vívida de un futuro posible que despertara, en serio, la esperanza (¡qué palabra tan poderosa!) de una amplia mayoría ciudadana.
Sin motivación no hay epopeya; no hay mística; no hay la voluntad ni el temple nacional necesario para encarar (con consenso) la áspera tarea de hacer viable a la Argentina llevando a cabo las profundas reformas estructurales que, Macri sabía, había que encarar. A falta de estas dos actitudes valientes por parte de sus líderes, una sociedad confundida se colocó gradualmente a la retranca (en lugar de dar a su gobierno la autoridad para hacer esas reformas) impidiéndolas. Impulsando un endeudamiento creciente como única vía posible no ya de corregir las causas de nuestra inviabilidad sino de, simplemente, postergar la explosión. Cosa que tampoco se logró, como está visto.

Como escuchamos hace poco, el voto argentino 2019 se va asemejando al drama de una familia de jóvenes cuyos abuelos dilapidaron toda su fortuna en fiestas, en regalos y en las patas de los caballos del hipódromo; a continuación sus padres los endeudaron en bancos y financieras para seguir manteniendo el nivel de vida del clan, incluido el de sus mayores (después de todo, abuelos y nietos gritaron día y noche durante años pidiendo ¡flan!) y ahora esos hijos, frente a la quiebra en ciernes, consideran imponer nuevamente a los ancianos viciosos al mando …añorando aquel bienestar perdido.
Es claro que los abuelos cachafaces solo están capacitados para “reventar” lo que reste en viejas y nuevas adicciones para después, ya por completo aislados, empobrecidos e irascibles, encarar a los gritos el reparto de bastonazos entre su descendencia.
No está tan claro que los padres, en cambio, sean incapaces de renegociar las deudas que contrajeron con sus amigos banqueros y pongan a toda la familia a estudiar y trabajar, por fin, restableciendo el orden y la esperanza.

Se cierne la tormenta. Entre los casi seguros bastonazos y ruina final al estilo chavista y la oportunidad de una redención, como libertarios hoy optamos por esta última como mal menor. 



El Ejemplo Irlandés


Agosto 2019

La mejor receta para combatir la pobreza argentina es el simple crecimiento de nuestra economía, cuyo tamaño es increíblemente pequeño en relación a nuestra población. A nuestra geografía e historia.

El crecimiento de una economía se apoya en una síntesis de 5 factores: capital, tecnología, ahorro, inversión y trabajo. Todos ellos seriamente dañados aquí por políticas de corte fiscal-populista, redistributivo y autárquico, votadas y aplicadas casi sin solución de continuidad durante los últimos setenta años. Una orientación errada, evidente responsable de nuestro fracaso. De nuestra pobreza.
Fallido patentizado hoy por un Estado demasiado grande para el tamaño de una economía modelo “taller protegido” que nos impone endeudamiento, emisión inflacionaria e impuestos muy altos. Tanto, que bloquean toda posibilidad de ahorro, base a su vez de inversiones productivas generadoras de crecimiento y empleo.

En un notable artículo reciente, el economista Roberto Cachanosky nos recuerda el caso irlandés; una sociedad pobre y de bajos ingresos hasta principios de los ’90.
País isleño situado al oeste de Gran Bretaña, Irlanda no cuenta con pampa húmeda ni Vaca Muerta alguna, tiene menos superficie que la provincia de Formosa y una población de sólo 4,8 millones. Pero hoy logra un ingreso anual por habitante de U$S 68.800 (y en rápido aumento), que supera al argentino en más de 4 (cuatro) veces. Y que los coloca quintos en el ranking mundial, por encima de los Estados Unidos y de sus vecinos ingleses.
Ah! la exportación de sus productos (básicamente conocimiento), supera en más de 5 (cinco) veces a todas nuestras exportaciones.
¿El secreto irlandés para pasar a jugar en primera división? Austeridad en el gasto estatal, bajos impuestos del orden de 12,5 % y apertura al mundo con facilidades regulatorias y laborales que la hacen competitiva a la hora de atraer emprendedores innovadores y capitalistas inversores.
Una división en la que nuestra Argentina jugó durante los 80 años que duró la etapa de economía liberal (a partir de 1853), que nos elevó al primer puesto en el ranking mundial de ingresos por habitante en el año 1895 y que nos mantuvo en el top ten durante décadas.

Irlanda es un caso ciertamente interesante porque también estuvo en el top ten antes de ahora y además… durante la friolera de 1.000 (mil) años.
En efecto; la isla celta es ejemplo histórico (entre los siglos VII y XVII de nuestra era) de una sociedad con leyes y cortes libertarias funcionando sin gobierno, legislatura, justicia estatal ni cosa parecida. Se trataba, eso sí, de una sociedad altamente organizada que fue la más culta y civilizada de la Europa de su tiempo.
Funcionaba con un sistema donde los “hombres libres”, voluntariamente asociados en cuerpos comunales denominados tuath, se reunían en asambleas anuales donde se decidían tanto políticas generales cuanto propósitos sociales beneficiosos.
La dimensión geográfica (cambiante) de un tuath la constituía la suma total de los terrenos de sus miembros. La soberanía, así, se subordinaba al derecho de propiedad de sus integrantes libres; algo inverso al sistema actual de estados-nación soberanos y coactivos que subordinan a sí mismos los derechos de propiedad de quienes les dan origen, legitimidad y sustento.
El país estuvo constituido de este modo por 80 o 100 tuaths, que elegían cada uno un rey-sacerdote ceremonial que era a la vez líder militar y presidente de asambleas pero que no podía decidir guerras, impartir justicia, legislar ni ordenar ninguna otra agresión inconsulta por su cuenta.
La justicia, totalmente privada, era impartida por juristas profesionales llamados brehons, versados en las leyes consuetudinarias y cuerpos de costumbres, seleccionados por las partes en conflicto en base a su sabiduría e integridad. Cabe señalar que había varias escuelas de jurisprudencia que competían entre si en tanto las sentencias se hacían cumplir en base a un complejo sistema de seguros, garantes, castigos, multas, fiadores y ostracismos sumamente desarrollado. Los criminales, por su parte, eran considerados deudores que debían restitución personal a su víctima; sistema inverso al actual donde el crimen se considera una ofensa “a la sociedad”.
Es interesante señalar que las milicias y por tanto cualquier aventura militar que las involucrara eran solventadas con aportes voluntarios de la comunidad, con lo que casi no existían tales aventuras y si las había, eran de escasa duración; simples reyertas según los estándares del resto de Europa. Otra gran enseñanza para la actualidad, por cierto.

Este bello y pacífico armado social, muy avanzado para su era, terminó con la invasión y brutal sojuzgamiento de Irlanda por parte de la monarquía absolutista inglesa (el Estado coercitivo y su violencia, como siempre).
Pero demostró una vez más, pese al obvio silencio de la historiografía estatista,  cómo puede funcionar una sociedad sin Estado. Sin coacción social y en forma totalmente voluntaria, sin caer en el caos ni la indefensión. Por el contrario, prosperando más que sus pares subsumidas, por el simple y motivador hecho de ser voluntaria y por no tener que cargar con los terribles sobrecostos de una corporación política que mucho ordena, nada produce y que si lo hace, lo hace mal.

La Argentina debe multiplicar en varias veces las ridículas dimensiones de su economía para terminar en serio con la pobreza. Y el único camino conocido para lograrlo es liberando de ataduras todo su enorme potencial: volcándonos sin complejos a un capitalismo de siglo XXI.
El ruido de rotas cadenas será entonces el de los herrajes que nos tienen maneados, representados por la impedimenta pseudo legal montada por nuestras 3 viejas y muy ricas oligarquías simbióticas de políticos profesionales, empresarios prebendarios y sindicalistas mafiosos. 
Tres corporaciones parásitas que roban y estorban a mansalva. Que impiden la evolución de nuestra sociedad.
Podemos seguir el ejemplo de Irlanda, claro, así como el de Singapur donde un Estado casi sin corrupción, muy liberal en lo económico, frugal en sus erogaciones y garante de una altísima actividad económica debida a impuestos de menos del 12%, logra ingresos de U$S 95.000 anuales por persona.
Sin perder de vista la saga de países “nuevos” y perspicaces, de rápido crecimiento en los últimos años como Uzbekistán, cuyas tasas impositivas totales de apenas 4 % para pymes y de hasta 12 % para grandes empresas están atrayendo a emprendedores y capitalistas, a pesar del temor que provoca su historial de ex satélite del soviet.




Estatismo, Educación y Pobreza


Julio 2019

Impunidad aparte, la posibilidad de que la multiprocesada y condenada Cristina F. de Kirchner se alce con la presidencia argentina (ya sea en forma directa o por interpósita persona) y de que sus cómplices camporistas lo hagan con la gobernación de Buenos Aires, remite a la visión de millones de personas dejándose empujar, arrinconar en vidas miserables, robar y hasta matar, bajo el efecto combinado de ignorancias inducidas,  miedos y sobre todo… falsas esperanzas.
Un derrotero de entrega y fatalismo visible hoy en la huida de las garras del siniestro SEBIN y de la ruina, vía emigración, de millones de venezolanos en diáspora.

La extensa lista de antivalores a la que los sindicatos “docentes” de nuestro país adscriben desde hace mucho tiempo, representan bien a ese “Socialismo Siglo XXI” venezolano de miedos, falsas esperanzas y fatalismo al que los kirchneristas nos deslizarán si acceden nuevamente al poder. Valores torcidos que son el sustrato ideológico de su “núcleo duro” (unos 8,5 millones de votantes), como parte del daño causado a generaciones de estudiantes en todos los niveles educativos de la nación.
Daño que básicamente continuará mientras el Estado continúe dictando contenidos obligatorios que no adscriban con claridad meridiana a los valores de la libertad; a los de nuestro mejor pasado alberdiano y sarmientino.
Si no adscriben a la más absoluta responsabilidad penal, parental y económica sobre las propias elecciones de vida. Al respeto cerval por los derechos constitucionales, en especial el de propiedad, madre de todos los demás. Y a una Justicia de “todos iguales frente a la ley”, en tanto único igualitarismo moralmente válido que asegure férreamente y sin excepciones los dos supuestos anteriores.  
Si no fulminan al colectivismo parasitario, basado en la estúpida idea de creer que se puede mejorar algo gravando y subsidiando, en una sociedad de funcionamiento utópico donde cada uno viva del resto. Y donde todavía se crea que el gobierno es un agregado de gente buena y sabia tratando (¡y pudiendo!) arreglar por la fuerza y desde arriba, los problemas de todos.
Si no adscriben al emprendedorismo, a la innovación, al ahorro para inversión y vejez, al esfuerzo educativo, laboral y cultural, a la constante del cambio tecnológico, a la plena integración con el mundo, a la total libertad sindical y sobre todo a la ética de una honestidad sin dobleces.

Tal y como están planteadas las cosas en nuestra Argentina y aunque la administración Macri retenga la presidencia este año, si no se cambia radicalmente nuestra lamentable orientación resentido-culposo-pobrista, si el capitalismo cultural (y por ende el económico) no se convierte en norte de mayorías, seguiremos condenados a aumentar año tras año el caudal de votantes dispuestos a dejarse empujar, arrinconar en vidas miserables, robar y hasta matar tras la ilusión de reivindicaciones de una irrealidad… penosa.

Lo mejor sin cortapisas sería que el gobierno tendiera a no dictar contenido educativo coactivo alguno a nadie y que se retirara gradualmente de un metier en el que los resultados de su gestión de más de 7 décadas se han revelado calamitosos. Que se quitara de en medio abriendo a la libertad de las más avanzadas, flexibles, profesionales e imaginativas iniciativas privadas de inversión, contenidos y gestión esta área tan sensible; demasiado importante para confiársela a un Estado siempre ideologizado y para colmo con una monumental historia de ineptitudes y sobrecostos.
Lo más sensato sería que dejara de obligar a todos a “aprender” ideas sólo en apariencia incuestionadas sobre cientos de temas. Como sobreentendidos corporativismos, autoritarios y masificantes; como inconsultas y ruinosas sumisiones impositivas o como extraños derechos a la interrupción de la vida de terceras personas; asuntos donde la diversidad de posturas morales y valoraciones éticas o utilitarias es (o podría ser) inmensa.
Como para muestra bastan un par de botones, fruto de esta “educación” estatal colonizada por quintacolumnistas y minada de antivalores han sido los votos que inclinaron la balanza llevándonos a la “conquista social” de colocarnos en la situación desesperante de que seis millones y medio (en disminución) de trabajadores del sector privado formal (el productivo) deban solventar ¿de por vida? a través de confiscación tributaria a veintiún millones (en aumento) de personas colgadas del sector estatal subsidiado (planeros y símil). Votos contumaces, que también posibilitaron al gobierno anterior aumentar en un 70 % (¡!) el ultra-ineficiente empleo público provincial, en el pueril intento de disfrazar la desocupación rampante que producía (y aún produce) su irresponsable modelo pobrista.
Desde luego, en el largo plazo el mejor programa de ayuda para la miseria es el crecimiento. Las inversiones. El buen empleo. En cuanto al corto plazo, es claro que las organizaciones privadas de caridad, sus ramas eclesiales solidarias y ONG’s ayudan a los pobres de manera mucho más inteligente que los gobiernos. Bien haría el Estado en cerrar el Ministerio de Acción Social y traspasar el 50 % (¡!) del presupuesto nacional que hoy se aplica a este tipo de ayudas, a estas instituciones.

Bien haría también en desguazar la maquinaria de la educación pública ideologizada (anticapitalista, anti- inversora y por ende anti buen empleo) que viene lavando el cerebro de la sociedad tras el objetivo de inculcarnos a fuego la fantástica idea de que políticos y políticas saben mejor que el resto de nosotros en qué consiste el bienestar general sustentable y, sobre todo, cómo llegar a él.
Toda una casta de docentes, intelectuales y divulgadores de mitos, rentados para convencer a la ciudadanía de que quienes comandan el Estado saben mejor que cada ciudadano productor cómo usar su dinero; cómo multiplicarlo generando empleo, cómo ayudar a otros (¿empezando por la propia familia, tal vez?), en qué cosas gastarlo mejor y cómo ahorrarlo en previsión de las eventualidades de la vida.
Para convencernos de que jamás deberemos calcular ni cuestionar el costo-beneficio final de su accionar ni rebelarnos contra el verdadero saqueo impositivo con el que se sostienen cómodamente al mando sin producir nada.

Todo parte de una parafernalia digna del peor oscurantismo medieval; de siervos de la gleba esclava en la que el estatismo sumió a toda la población argentina.
Atornillando los antivalores socialistas responsables del actual conformismo ignorante de la mayor parte del padrón electoral, que asegura a las oligarquías (o “corpos”) simbióticas de empresaurios depredadores, sindicalistas mafiosos y políticos fabricantes de pobreza poder mudar de caretas cada dos años, cambiando algo para que nada verdaderamente importante cambie.








De Antisistemas y Pactos Sociales


Junio 2019

Si bien la antinomia ideológica izquierda/derecha es imperfecta y poco precisa, la tomaremos en aras de una lectura más intuitiva de lo que sigue.
La democracia republicana, representativa y federal que en teoría nos rige (y que encarna de facto, en la Constitución Nacional, nuestro nunca individualmente firmado Contrato Social) es un sistema de ordenamiento comunitario concebido para discurrir por el “centro” político.
Posee, sin embargo, la resistencia estructural suficiente como para funcionar aún bajo la presión centrífuga que desde el propio gobierno ejerzan partidos de centroizquierda o de centroderecha, en general asimilados a “partidos de izquierda” (como el Socialista) y “partidos de derecha” (por caso, el Pro).  
No así bajo la presión disgregante de los partidos de extrema izquierda o extrema derecha que eventualmente logren alcanzar el comando del Estado.

Se trata, aun así, de denominaciones que cambian al compás de los tiempos: extrema izquierda podía entenderse hace unas décadas como comunismo estalinista y extrema derecha como conservadurismo liberal, con todo el mix de híbridos imaginables (pasando por socialdemocracia y corporativismo fascista).
Hoy y aquí, la extrema izquierda electoralmente posible está asimilada a chavismo, con Cristina F. de Kirchner (o su candidato títere) como cabeza visible y su partido Unidad Ciudadana.
Mientras que la extrema derecha posible, al menos como opción de voto a Octubre de este año, está asimilada a libertarismo, con José Luis Espert como referente del novel Partido Libertario en alianza con el recién formado frente Despertar.  

El tipo de democracia republicana que nos rige, con el contrato social antes mencionado tal como se lo entiende, se desmoronaría de acceder al poder cualquiera de estos extremos ideológicos.
No obstante, la variante chavista (la única de las dos con posibilidades ciertas de ganar, por ahora) sería mucho más contundente en su tarea de desguace que su contraparte libertaria destruyendo o anulando rápidamente tanto nuestra precaria independencia de poderes como los organismos de contralor del Estado y garantías de libre prensa.
Su acción disolvente y saboteadora, haciendo uso de ingentes fondos malhabidos en abierta promoción del caos, el malhumor social, la impunidad judicial, la violencia callejera y sindical desde fines de 2015 está a la vista de todos los argentinos y preanuncia con claridad el cariz de un eventual gobierno de este signo.
Su desprecio por la Constitución (con su espíritu liberal y protector de la propiedad) es bien conocido y en sus planes está cambiar radicalmente esta suerte de pacto social que todavía nos une para conducirnos, precisamente, hacia la extrema izquierda. Como todo hace prever, hacia la ruina y el éxodo masivo de los más capaces que nos anticipa el espejo venezolano. Pero también hacia la eternización de su corrupta nomenklatura en el gobierno, hacia el consabido latrocinio y al omnipresente Estado-mamá intentando, a como dé lugar, sostener su modelo clientelar de pobrismo asistencialista.

Desde el extremo opuesto del arco ideológico, la variante libertaria apunta al achique y eventual licuación final del Estado (de sus impuestos coercitivos y de su inmenso poder de opresión) por caro, innecesario y peligroso, tanto como al cambio del actual e inestable pacto social. Sólo que como un norte inspirador de largo plazo ya que en lo inmediato, sólo proponen subir un escalón hacia la “normalidad” económica y jurídica de países como Chile o Perú.
Verdad es que los libertarios adscriben al mandato moral de la no-violencia en todo el campo de la acción humana, que incluye el principio de no agresión sobre derechos y bienes individuales. Y verdad es también que el Estado representa la sistematización del proceso de robo “legal”, usando para ello el monopolio de la fuerza. Entendiendo por robo a toda sustracción no consentida de bienes honestamente adquiridos, sin que la escala del atropello modifique en lo más mínimo el concepto moral en cuestión (sea un solitario ladrón armado, una banda de delincuentes amenazantes o toda una organización recaudadora apoyada en fuerza policial, aún elegida y comisionada para dicho saqueo por millones de personas).
Por tanto, el objetivo final de esta novedosa extrema derecha es oponerse por principio a toda agresión que afecte la integridad física de cualquier persona o la integridad de sus derechos, incluyendo el derecho de propiedad sobre sus bienes.
Explícitamente orientado el gobierno hacia dicho objetivo ideal de no-violencia social y conforme al conocido postulado de la tendencia, los actuales desaguisados creados por el estatismo populista tenderán gradualmente a revertirse al incorporar seguridad jurídica y física y por tanto inversión, creatividad y empleo privado en áreas donde hoy la coacción -financiada desde lo impositivo- impera. Dinamizando de a poco actividades en las que el Estado ha sido (por diversas limitaciones mentales ancladas en siglos idos) tradicional e indiscutido monopolista y que son gravísimamente deficitarias en su calidad y costo final a más de actuar como poderosos frenos a la riqueza comunitaria, tales como justicia, educación, salud e infraestructura públicas, asistencialismo, previsión, seguridad, defensa o relaciones con otras sociedades.

Como se ve, ambos extremos políticos resultan ser antisistema. Incompatibles (uno a corto y el otro a largo plazo) con nuestro vapuleado pacto social.
Si bien recientes encuestas dan cuenta de que el 63 % de la población descree de la democracia en tanto herramienta útil para la promoción de verdadero bienestar popular,  resultaría un verdadero drama (a escala continental, incluso), romper con el sistema por izquierda en este mismo año 2019. Desbarrancando a la parte aún sana, profesional y productiva de nuestra sociedad por la pendiente de un autoritarismo dictatorial de cuño madurista. O castrista.

Como bien señaló ese gigante de la argentinidad ilustrada que fue Jorge Luis Borges, citado en el encabezamiento del reciente libro Libertad, Libertad, Libertad, de los economistas Javier Milei y Diego Giacomini, “el más urgente problema de nuestra época es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo. Para mí el Estado es el enemigo ahora; yo querría un mínimo de Estado y un máximo de individuo. Para eso quizá sea necesario esperar algunos decenios o siglos, lo cual, históricamente, no es nada. Creo que con el tiempo, llegaremos a merecer que no haya gobiernos”

El Regreso de los Muertos Vivos o El Chavismo Contraataca


Mayo 2019

Resulta importante para nuestro país tanto como tonificante para la mente explorar sin miedo lo disruptivo, lo lateral, lo diferente en materia de teorías económicas y ordenamientos sociales, sin confundir (cediendo a nuestra pequeña zona de confort mental /emocional) lo prohibido por genuinamente riesgoso con aquello que, simplemente, no conocemos o conocemos mal.
¿Estaremos pensando con claridad, libres de preconceptos inculcados y de emotividades de estudiantina?
Por lo pronto, debería ser más obvio para todos que la ética enriquece (no sólo cultural sino económicamente) y que la racionalidad con inclusión de lo moral como valor fundante fortalece y asienta en su bienestar a todos y cada uno de los integrantes de las sociedades que, voluntariamente, deciden enseñar y aplicar estas guías directrices.

Todo esto puede ser muy cierto pero ¿dónde se esconden hoy estas virtudes edificantes? ¿cómo encontrarlas entre el fárrago de temores, amenazas, crisis y eslóganes de este año electoral? ¿cuál de los trenes es el que no deberíamos perder esta vez? ¿cuál es el distante pero crucial norte hacia donde deberíamos enfilar la proa nacional, aprovechando los vientos favorables que siempre existen?
En definitiva ¿dónde se cruzan, ideológicamente, las más sólidas y puras, las más inspiradoras y constructivamente poderosas expresiones de la ética racional?

Antes de proponer una respuesta a estos interrogantes, demos un vistazo políticamente incorrecto a nuestra realidad nacional, a Mayo de 2019.
A caballo de los graves desequilibrios cambiarios, inflacionarios y de riesgo país derivados en línea recta de la estructura productiva argentina votada y afianzada una y otra vez durante más de 70 años por el pleno de la centroizquierda, situación que la gestión del presidente Macri no logró hasta el momento revertir, una fracción demasiado numerosa de nuestra sociedad está considerando, según encuestas fiables, retroceder hacia el redil populista que empezamos a abandonar en 2016 y donde en gran medida aún nos hallamos.
Esto ocurre, más que por los desequilibrios en sí mismos, en virtud de la enorme presión mediática y financiera de una virtual coalición de oposiciones liderada por las 3 oligarquías simbióticas que comandaron durante las últimas 7 décadas el montado de nuestra inviable estructura productiva y del consiguiente crecimiento de la miseria estructural, en inverso paralelo con su propio enriquecimiento.  
Nos referimos por supuesto a las bien conocidas oligarquías de los pseudo empresarios (y financistas) prebendarios, de los pseudo sindicalistas millonarios y de los políticos profesionales ladrones. Algunos de ellos ya convictos o con causas penales en proceso. Muchos otros inexplicablemente libres a la fecha de escribir esta nota.

La embestida de esta poderosa (por los ingentes fondos malhabidos de que dispone) corporación criminal que gobernó de facto los hilos de la política argentina desde mediados del siglo pasado, encuentra apoyo en esta ocasión en multitud de organizaciones sociales pro parasitarias, en punteros, barrabravas, matones, vagos y otros desocupados, narcotraficantes, mafias de ex agentes de seguridad y jueces corruptos.
Y al decir de las encuestas, cuenta con los votos de los idiotas útiles de la centroizquierda socialista, del gran colectivo de los cínicos que se definen como peronistas “racionales” y de los totalitarios tirapiedras que vomitan su resentimiento contra la propiedad privada, el régimen republicano y la mismísima Constitución Nacional.
Todos y cada uno de ellos responsables de las gravísimas taras que a lo largo de 3 generaciones afianzaron el hundimiento nacional. Colaboradores activos todos, sin excepción, del sufrimiento, esclavitud económica y muerte prematura de sus queridos “humildes” y de ellos mismos, así como de la terrible decadencia cultural, ética y moral del país.
Con sus viejos trapos rojos al viento avanzan como un ejército de muertos vivos, dispuestos a retomar a partir de Diciembre la marcha (por ahora apenas puesta en pausa) hacia una suerte de chavismo a la criolla.

En el caso de los dirigentes y cómplices de las 3 oligarquías dominantes, se trata de desesperación ante la perspectiva de que “se avive -finalmente- la gilada”, de que su negocio (curro) de 70 años acabe y de que termine alcanzándolos la larga mano de la Justicia.
En el caso de la enorme masa o gilada empobrecida que hoy los mira con simpatía, se trata en cambio de desesperación ante la perspectiva de seguir cayendo de la clase media a la baja, de la baja a la pobreza dura y de allí a la indigencia.
Se trata de histeria en grado de negación ante la evidencia de que sus abuelos, abuelas, padres, madres y ellos mismos se equivocaron propalando y votando una y otra vez ideas basura y funcionarios imbéciles (cuando no redomados delincuentes), en contra de sus propios y directos intereses.
Desesperación de horror y vergüenza por tener que admitir ante propios y extraños que sembraron los vientos de las tempestades que hoy cosechan. Que son los culpables directos de su desgracia; de haber obturado sus propias esperanzas, las de sus hijos y nietos.
Tras lo cual, perdidos por perdidos o con poco que perder, se inclinan a apoyar un modelo francamente ladrón; inmoral, carente de ética y de límites. Vacío también de esperanzas de progreso; pero uno que al menos les asegure el sustento mínimo dentro del sistema “todos pobres”, bajo la férula violenta de un gran Estado mamá.

En la salida al final del túnel en el que tantos argentinos ciegos embretaron a la nación, la ética más limpia y desinteresada tanto como la moral racional más inteligente, eficaz y solidaria se cruzan en el campo de las ideas libertarias. De la iniciativa económica popular, liberada de dogales y mochilas. De las más amplias libertades cívicas y de vida. De la estricta no-violencia y de lo contractual voluntario, aplicados paso a paso a todo el campo de la acción comunitaria. De economía participativa y eficiencia dinámica empresarial con función social.
Se trata del cuerpo de ideas más evolucionado que existe, dejando en el pasado a todo lo anterior. De lineamientos prácticos desarrollados por décadas por teóricos de clase mundial que comprenden que la libertad, sin posibilidades económicas reales, no reviste “atractivo político” o emocional para las mayorías. Para quienes la “libertad de elección”, de consumo, de búsqueda de la felicidad y del bienestar familiar… terminan siendo una entelequia.

Ese es el norte. Por ahora de mediano o largo plazo, aunque se trate de conceptos de alta civilización, de aplicación inevitable a futuro.
Bueno sería que la intelligentsia argentina se empapara más en esta ideología avanzada, promoviendo como vanguardia intelectual los usos y guías que vuelvan a hacer de nuestro país, en una generación, faro del mundo, ejemplo, meca y esperanza.

El contraataque chavista, el enfrentamiento inminente entre civilización y barbarie implica, lamentablemente, la cuota de responsabilidad necesaria para dar este año al actual presidente otra posibilidad de hacer lo que no pudo, no quiso o no supo hacer hasta ahora en las áreas impositiva, laboral, previsional, de orientación económica y seguridad jurídica.
Pero también implica el coraje patriótico de apoyar a nuestro aún pequeño Partido Libertario, a honestos candidatos libertarios a las legislaturas y a todos quienes con sacrificio de lo personal luchan por llevar adelante estas nobles ideas, condicionando con su presencia el accionar de las mafias que hoy parecen dominar la escena.


Antipolítica


Abril 2019

Como afirmó con ácida lucidez Groucho Marx (intelectual y humorista estadounidense, 1890 – 1977), la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.
Dejando de lado las enormes diferencias entre Mauricio Macri y Cristina de Kirchner y más allá de la inocencia de los crédulos, hay algo que hoy se sabe; que está en el aire: como bien definió en su momento Edmond Thiaudiere (filósofo y novelista francés 1837 – 1930), la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular.
En nuestro caso, el interés particular de las tres corporaciones que desde hace más de 7 décadas lucran a expensas del pueblo y comandan el hundimiento nacional como medio para lograrlo. Verdaderas oligarquías simbióticas: la de los empresarios prebendarios, la de los sindicalistas millonarios y la de los políticos profesionales.

Lo político es sin duda una gran ocupación, fuente de fortuna y modo de vida para mucha gente. Actividad que por cierto merece un capítulo medular en la aún inédita Historia Universal del Parasitismo.
Mas una ocupación sin conexión alguna con el verdadero bienestar general ni con la evolución cultural de los ciudadanos, virtuosidades que sólo surgen del intercambio voluntario de un casi infinito número de intereses dentro de la comunidad, en pos de acuerdos que a todos y cada uno convengan.

Lo cierto y visible es que la política divide. Que no posee (en lo fáctico, más allá de bellos enunciados) vocación universalista y que, por el contrario, crea grietas.
Porque lo que une a los seres humanos es el ejercicio de la negociación de sus múltiples intereses en el respeto, la diversidad y la reflexión en base al diálogo, la justicia y la tolerancia. Seis ítems que están muy lejos de la actividad política real. Que es básicamente agresión coactiva de quienes tienen poder de presión en el nombre de algunos sobre todos los demás bajo el imperio de instituciones, estatutos y normas de relación no-voluntarias.
Bajo formas que no son contractuales; como deberían ser en una sociedad de personas libres, evolucionadas y responsables de sus actos, a tono con este siglo.

En la Argentina real, como norma general, la burocracia gubernamental a cualquier nivel genera oportunidades para que el poder de los intereses creados de nuestras tres oligarquías y sus factores de presión, influyan. Corrompan. Tuerzan las garantías teóricas del sistema. Frenen la meritocracia y abonen, deseándolo o no, la ineficacia, los sobrecostos, el nepotismo, la dádiva clientelar y las mafias criminales del capitalismo de amigos.
Es inevitable que estas oportunidades se generen, por más diferencias que haya entre las licencias éticas de un Estado macrista y otro kirchnerista. Y está en la naturaleza humana usarlas porque quienes son depositarios de poder gubernamental a cualquier nivel… no son ángeles sino simples mujeres y hombres, moralmente débiles.

Aunque pregone lo contrario, la política -globalmente considerada- garantiza en los hechos desde siempre y aún hoy que el hombre sea lobo del hombre y que, aunque disfrazada, impere la ley del más fuerte; de los monopolios (en particular los estatales) y de las transas en innegable detrimento de los más. De los débiles. De los ilusos. De los ignorantes. De los pobres.

Resulta claro que el poder político seguirá siendo agresión en tanto no se reduzca a formas de colaboración para la solución de problemas comunes, sin imperio alguno.
Y asimismo que la mejor forma de delegación del poder (de “democratización” de ese poder, si se quiere) es dárselo a las personas; al pueblo llano en un ámbito competitivo, voluntario y contractual de libre mercado.
No evolucionaremos por el camino (cristiano, gandhiano, budista, confuciano… ¿feminista?) de la no violencia hasta que cada lobo humano sea frenado y convertido en servicial cordero por el efecto de muchos iguales compitiendo -sin ventajas- con él por el favor de la gente en lo que sea que ofrezca o, lo que es lo mismo, por el voto diario de sus billeteras; sean estas grandes o chicas. De sus intereses personales, sean estos los que fuesen. No hay otra.

Esto es: poner el natural afán de diferenciación, ganancia y superación propio de creativos y empresarios, al verdadero servicio de la comunidad. Con inteligencia, sin coacción externa a sí mismos e incluso aunque ellos no lo desearen así.

Será el camino del fin de las 3 corporaciones parásitas que frenan a la nación. Y de su terrible faena de corrupción moral sobre millones de crédulos e “inocentes” votantes, convertidos en cómplices de sus latrocinios y en “inadvertidos” artífices del hundimiento argentino.



El Poder de la Esperanza


Marzo 2019

Sucede de tanto en tanto a lo largo de la historia, que “los de abajo” toman finalmente sus cuerdas y proceden a ahorcar a “los de arriba”. Quiebres que se verifican cuando las diferencias de fortuna y bienestar son demasiado grandes pero sobre todo cuando los desfavorecidos sienten que se quedan atrás, sin oportunidad de avanzar.
La insurrección prospera entonces y se ven cosas como el sangriento terrorismo de Estado acaecido durante el famoso “período del terror” de 1793/94 a poco de triunfar por las armas la Revolución Francesa, o el actual terrorismo de Estado de Venezuela a través del voto inicial en favor de la revolución chavista, con el apoyo de masas sin esperanza de las barriadas más pobres de sus ciudades.

Para las élites pensantes, el modo de desactivar bombas tales, que casi sin excepción conducen a calamidades peores de las que las motivaron (revoluciones rusa, cubana y sandinista, por caso), está en entender a tiempo el alcance de las palabras “sin oportunidad de avanzar”.

En Argentina, perdida la cultura del trabajo (como ya se perdió para un tercio del electorado, y en aumento), el votante empobrecido sólo atina a ver la enorme cantidad de dinero tirada por el gobierno en “política” y subsidios y la gastada por los ricos en sus lujos, concluyendo en el erróneo “la plata está; sólo es cuestión de recaudarla con firmeza, repartirla bien y que me llegue mi parte”.
De ahí a desencadenar a través del voto un efecto dominó que nos lleve a Argenzuela -al modelo madurista de ruina y éxodo- a través de una escalada de acciones directas autocebantes, hay sólo un paso.
Uno que bien podría dar nuestro electorado en Octubre y cuya probabilidad de ocurrencia podría atenuarse -aún con nuestra cultura del esfuerzo tan lastimada- si una mayoría de las familias que desde hace décadas vienen cayendo, percibiera con nitidez y realismo una luz al final del túnel.
Paso que incluso podría revertirse haciendo de nuestra Argentina una verdadera tierra de oportunidades si percibiesen no solo una luz sino todo un abanico de luces libertarias para emprender, trabajar y crear sin palos impositivos, legislativos ni laborales en la rueda.
Es obvio por comprobable que la planificación central de la economía no funciona. Que su fiscalismo, burocracia y reglamentarismo cerril no funcionan. Que la dádiva, las prácticas corruptas, la tergiversación docente de los valores y el clientelismo no funcionan. Que la progresiva clausura de libertades individuales y de derechos de propiedad y disposición que venimos votando desde hace décadas, no funcionan; que han arrastrado a todos hacia abajo y que han elevado solo a los políticamente conectados.

Nuestro gran país no funciona. Todos podemos percibirlo.
Y también percibimos que a caballo de la ignorancia y de su hija, la desesperanza, avanza una marea conceptual socialista que clama por “más impuestos a la riqueza”.
Sin enterarse de que en el otrora paraíso socialista europeo, hoy ultra endeudado, cada vez más países retroceden asustados desde las antiguas prácticas del Estado Providencia. Ni de que 9 de ellos ya eliminaron los tan “políticamente correctos” (en realidad sumamente estúpidos) impuestos a la riqueza, tras comprobar el daño que causó a sus economías la fuga de emprendedores y de capitales: una marea de verdaderos exiliados fiscales; fortunas y cerebros que huyeron (y aún huyen) en busca de mejores garantías a la propiedad honradamente adquirida y de un clima de negocios más abierto.

La mismísima y supuesta “Tierra de la Libertad”, Estados Unidos, sufre hoy (tras décadas de dirigismo, burocracia y fiscalismo crecientes) una epidemia de candidatos socialistas del partido Demócrata que, a caballo de encuestas favorables, se proponen a cargos públicos para los comicios del 2020 prontos a dar el golpe de gracia a la otrora meca del capitalismo.
¡Bien! Ya que los argentinos al parecer resentimos, odiamos (¿envidiamos?) tanto a los norteamericanos, qué mejor oportunidad de “revancha” que extender una alfombra roja a todos sus emprendedores, innovadores, creativos, científicos, filántropos, hacedores y capitalistas inversores, invitándolos a mudarse al sur con sus millones y sus tecnologías. Instándolos a construir su sueño americano… libre, poderosa, audazmente desde aquí.
¿Qué mejor “venganza” y giro de la historia que absorber en nuestro directo beneficio sus mejores energías, sus mejores mentes e ideas, dejando que la nación del norte se seque y consuma en su propio horno estatista mientras nosotros, ya más sabios (o escaldados), nos alejamos de él?

El master plan que despeje con decisión las barreras impositivas, laborales, previsionales y regulatorias que están impidiendo tal curso de acción debería ser explícito. Y de absoluta prioridad para quienes nos gobiernan.
La antes mencionada “oportunidad de avanzar” para los desmoralizados compatriotas que hoy sólo atinan a prever un voto en favor del modelo chavista está en la posibilidad claramente entrevista de un gran boom económico, de una gran inyección de inversiones productivas y de emprendedorismos de base operando sin trabas a todo nivel.
Para ello, deben internalizar un hecho histórico: que la riqueza legítima que fecunda al resto siempre ha sido acumulada antes por pequeñas minorías movidas por el talento, la ambición, el esfuerzo y, por qué no, la suerte.
Y que es posible que esas personas se enriquezcan más cada vez, desde el momento en que acceden a la capacidad de reinvertir con eficacia (cuando el Estado-croupier no se lo lleva) casi todo su patrimonio “sobrante”.
Beneficiando de paso la actividad económica de su entorno en un efecto no sólo de “derrame” sino multiplicador… a escala impredecible. Mayor cuanto más riqueza creen para sí esta clase de empresarios proactivos.

Si una persona de clase asalariada quisiese invertir, comenzar un nuevo negocio, adquirir nuevas habilidades y progresar podría hacerlo interactuando en un entorno así; inverso al actual y de ingresos incrementados,  ya que sería uno donde empleados y salarios serían los ítems demandados en tanto empresas y empleadores pasarían a ser… ¡los ofertados!

El desastre no es lo que podría sobrevenir de sacarle el dogal del cuello, el bozal del morro y la mochila del lomo a la gente de a pie (al capitalismo popular) en nuestro país.
El desastre y su pendiente infernal, señoras, señores, es lo que tenemos hoy mismo frente a nuestros ojos en el cercano espejo venezolano.
En el reflejo posible de la “conurbanización” final de toda la Argentina a una sola e inmensa villa miseria.