El Ejemplo Irlandés


Agosto 2019

La mejor receta para combatir la pobreza argentina es el simple crecimiento de nuestra economía, cuyo tamaño es increíblemente pequeño en relación a nuestra población. A nuestra geografía e historia.

El crecimiento de una economía se apoya en una síntesis de 5 factores: capital, tecnología, ahorro, inversión y trabajo. Todos ellos seriamente dañados aquí por políticas de corte fiscal-populista, redistributivo y autárquico, votadas y aplicadas casi sin solución de continuidad durante los últimos setenta años. Una orientación errada, evidente responsable de nuestro fracaso. De nuestra pobreza.
Fallido patentizado hoy por un Estado demasiado grande para el tamaño de una economía modelo “taller protegido” que nos impone endeudamiento, emisión inflacionaria e impuestos muy altos. Tanto, que bloquean toda posibilidad de ahorro, base a su vez de inversiones productivas generadoras de crecimiento y empleo.

En un notable artículo reciente, el economista Roberto Cachanosky nos recuerda el caso irlandés; una sociedad pobre y de bajos ingresos hasta principios de los ’90.
País isleño situado al oeste de Gran Bretaña, Irlanda no cuenta con pampa húmeda ni Vaca Muerta alguna, tiene menos superficie que la provincia de Formosa y una población de sólo 4,8 millones. Pero hoy logra un ingreso anual por habitante de U$S 68.800 (y en rápido aumento), que supera al argentino en más de 4 (cuatro) veces. Y que los coloca quintos en el ranking mundial, por encima de los Estados Unidos y de sus vecinos ingleses.
Ah! la exportación de sus productos (básicamente conocimiento), supera en más de 5 (cinco) veces a todas nuestras exportaciones.
¿El secreto irlandés para pasar a jugar en primera división? Austeridad en el gasto estatal, bajos impuestos del orden de 12,5 % y apertura al mundo con facilidades regulatorias y laborales que la hacen competitiva a la hora de atraer emprendedores innovadores y capitalistas inversores.
Una división en la que nuestra Argentina jugó durante los 80 años que duró la etapa de economía liberal (a partir de 1853), que nos elevó al primer puesto en el ranking mundial de ingresos por habitante en el año 1895 y que nos mantuvo en el top ten durante décadas.

Irlanda es un caso ciertamente interesante porque también estuvo en el top ten antes de ahora y además… durante la friolera de 1.000 (mil) años.
En efecto; la isla celta es ejemplo histórico (entre los siglos VII y XVII de nuestra era) de una sociedad con leyes y cortes libertarias funcionando sin gobierno, legislatura, justicia estatal ni cosa parecida. Se trataba, eso sí, de una sociedad altamente organizada que fue la más culta y civilizada de la Europa de su tiempo.
Funcionaba con un sistema donde los “hombres libres”, voluntariamente asociados en cuerpos comunales denominados tuath, se reunían en asambleas anuales donde se decidían tanto políticas generales cuanto propósitos sociales beneficiosos.
La dimensión geográfica (cambiante) de un tuath la constituía la suma total de los terrenos de sus miembros. La soberanía, así, se subordinaba al derecho de propiedad de sus integrantes libres; algo inverso al sistema actual de estados-nación soberanos y coactivos que subordinan a sí mismos los derechos de propiedad de quienes les dan origen, legitimidad y sustento.
El país estuvo constituido de este modo por 80 o 100 tuaths, que elegían cada uno un rey-sacerdote ceremonial que era a la vez líder militar y presidente de asambleas pero que no podía decidir guerras, impartir justicia, legislar ni ordenar ninguna otra agresión inconsulta por su cuenta.
La justicia, totalmente privada, era impartida por juristas profesionales llamados brehons, versados en las leyes consuetudinarias y cuerpos de costumbres, seleccionados por las partes en conflicto en base a su sabiduría e integridad. Cabe señalar que había varias escuelas de jurisprudencia que competían entre si en tanto las sentencias se hacían cumplir en base a un complejo sistema de seguros, garantes, castigos, multas, fiadores y ostracismos sumamente desarrollado. Los criminales, por su parte, eran considerados deudores que debían restitución personal a su víctima; sistema inverso al actual donde el crimen se considera una ofensa “a la sociedad”.
Es interesante señalar que las milicias y por tanto cualquier aventura militar que las involucrara eran solventadas con aportes voluntarios de la comunidad, con lo que casi no existían tales aventuras y si las había, eran de escasa duración; simples reyertas según los estándares del resto de Europa. Otra gran enseñanza para la actualidad, por cierto.

Este bello y pacífico armado social, muy avanzado para su era, terminó con la invasión y brutal sojuzgamiento de Irlanda por parte de la monarquía absolutista inglesa (el Estado coercitivo y su violencia, como siempre).
Pero demostró una vez más, pese al obvio silencio de la historiografía estatista,  cómo puede funcionar una sociedad sin Estado. Sin coacción social y en forma totalmente voluntaria, sin caer en el caos ni la indefensión. Por el contrario, prosperando más que sus pares subsumidas, por el simple y motivador hecho de ser voluntaria y por no tener que cargar con los terribles sobrecostos de una corporación política que mucho ordena, nada produce y que si lo hace, lo hace mal.

La Argentina debe multiplicar en varias veces las ridículas dimensiones de su economía para terminar en serio con la pobreza. Y el único camino conocido para lograrlo es liberando de ataduras todo su enorme potencial: volcándonos sin complejos a un capitalismo de siglo XXI.
El ruido de rotas cadenas será entonces el de los herrajes que nos tienen maneados, representados por la impedimenta pseudo legal montada por nuestras 3 viejas y muy ricas oligarquías simbióticas de políticos profesionales, empresarios prebendarios y sindicalistas mafiosos. 
Tres corporaciones parásitas que roban y estorban a mansalva. Que impiden la evolución de nuestra sociedad.
Podemos seguir el ejemplo de Irlanda, claro, así como el de Singapur donde un Estado casi sin corrupción, muy liberal en lo económico, frugal en sus erogaciones y garante de una altísima actividad económica debida a impuestos de menos del 12%, logra ingresos de U$S 95.000 anuales por persona.
Sin perder de vista la saga de países “nuevos” y perspicaces, de rápido crecimiento en los últimos años como Uzbekistán, cuyas tasas impositivas totales de apenas 4 % para pymes y de hasta 12 % para grandes empresas están atrayendo a emprendedores y capitalistas, a pesar del temor que provoca su historial de ex satélite del soviet.




Estatismo, Educación y Pobreza


Julio 2019

Impunidad aparte, la posibilidad de que la multiprocesada y condenada Cristina F. de Kirchner se alce con la presidencia argentina (ya sea en forma directa o por interpósita persona) y de que sus cómplices camporistas lo hagan con la gobernación de Buenos Aires, remite a la visión de millones de personas dejándose empujar, arrinconar en vidas miserables, robar y hasta matar, bajo el efecto combinado de ignorancias inducidas,  miedos y sobre todo… falsas esperanzas.
Un derrotero de entrega y fatalismo visible hoy en la huida de las garras del siniestro SEBIN y de la ruina, vía emigración, de millones de venezolanos en diáspora.

La extensa lista de antivalores a la que los sindicatos “docentes” de nuestro país adscriben desde hace mucho tiempo, representan bien a ese “Socialismo Siglo XXI” venezolano de miedos, falsas esperanzas y fatalismo al que los kirchneristas nos deslizarán si acceden nuevamente al poder. Valores torcidos que son el sustrato ideológico de su “núcleo duro” (unos 8,5 millones de votantes), como parte del daño causado a generaciones de estudiantes en todos los niveles educativos de la nación.
Daño que básicamente continuará mientras el Estado continúe dictando contenidos obligatorios que no adscriban con claridad meridiana a los valores de la libertad; a los de nuestro mejor pasado alberdiano y sarmientino.
Si no adscriben a la más absoluta responsabilidad penal, parental y económica sobre las propias elecciones de vida. Al respeto cerval por los derechos constitucionales, en especial el de propiedad, madre de todos los demás. Y a una Justicia de “todos iguales frente a la ley”, en tanto único igualitarismo moralmente válido que asegure férreamente y sin excepciones los dos supuestos anteriores.  
Si no fulminan al colectivismo parasitario, basado en la estúpida idea de creer que se puede mejorar algo gravando y subsidiando, en una sociedad de funcionamiento utópico donde cada uno viva del resto. Y donde todavía se crea que el gobierno es un agregado de gente buena y sabia tratando (¡y pudiendo!) arreglar por la fuerza y desde arriba, los problemas de todos.
Si no adscriben al emprendedorismo, a la innovación, al ahorro para inversión y vejez, al esfuerzo educativo, laboral y cultural, a la constante del cambio tecnológico, a la plena integración con el mundo, a la total libertad sindical y sobre todo a la ética de una honestidad sin dobleces.

Tal y como están planteadas las cosas en nuestra Argentina y aunque la administración Macri retenga la presidencia este año, si no se cambia radicalmente nuestra lamentable orientación resentido-culposo-pobrista, si el capitalismo cultural (y por ende el económico) no se convierte en norte de mayorías, seguiremos condenados a aumentar año tras año el caudal de votantes dispuestos a dejarse empujar, arrinconar en vidas miserables, robar y hasta matar tras la ilusión de reivindicaciones de una irrealidad… penosa.

Lo mejor sin cortapisas sería que el gobierno tendiera a no dictar contenido educativo coactivo alguno a nadie y que se retirara gradualmente de un metier en el que los resultados de su gestión de más de 7 décadas se han revelado calamitosos. Que se quitara de en medio abriendo a la libertad de las más avanzadas, flexibles, profesionales e imaginativas iniciativas privadas de inversión, contenidos y gestión esta área tan sensible; demasiado importante para confiársela a un Estado siempre ideologizado y para colmo con una monumental historia de ineptitudes y sobrecostos.
Lo más sensato sería que dejara de obligar a todos a “aprender” ideas sólo en apariencia incuestionadas sobre cientos de temas. Como sobreentendidos corporativismos, autoritarios y masificantes; como inconsultas y ruinosas sumisiones impositivas o como extraños derechos a la interrupción de la vida de terceras personas; asuntos donde la diversidad de posturas morales y valoraciones éticas o utilitarias es (o podría ser) inmensa.
Como para muestra bastan un par de botones, fruto de esta “educación” estatal colonizada por quintacolumnistas y minada de antivalores han sido los votos que inclinaron la balanza llevándonos a la “conquista social” de colocarnos en la situación desesperante de que seis millones y medio (en disminución) de trabajadores del sector privado formal (el productivo) deban solventar ¿de por vida? a través de confiscación tributaria a veintiún millones (en aumento) de personas colgadas del sector estatal subsidiado (planeros y símil). Votos contumaces, que también posibilitaron al gobierno anterior aumentar en un 70 % (¡!) el ultra-ineficiente empleo público provincial, en el pueril intento de disfrazar la desocupación rampante que producía (y aún produce) su irresponsable modelo pobrista.
Desde luego, en el largo plazo el mejor programa de ayuda para la miseria es el crecimiento. Las inversiones. El buen empleo. En cuanto al corto plazo, es claro que las organizaciones privadas de caridad, sus ramas eclesiales solidarias y ONG’s ayudan a los pobres de manera mucho más inteligente que los gobiernos. Bien haría el Estado en cerrar el Ministerio de Acción Social y traspasar el 50 % (¡!) del presupuesto nacional que hoy se aplica a este tipo de ayudas, a estas instituciones.

Bien haría también en desguazar la maquinaria de la educación pública ideologizada (anticapitalista, anti- inversora y por ende anti buen empleo) que viene lavando el cerebro de la sociedad tras el objetivo de inculcarnos a fuego la fantástica idea de que políticos y políticas saben mejor que el resto de nosotros en qué consiste el bienestar general sustentable y, sobre todo, cómo llegar a él.
Toda una casta de docentes, intelectuales y divulgadores de mitos, rentados para convencer a la ciudadanía de que quienes comandan el Estado saben mejor que cada ciudadano productor cómo usar su dinero; cómo multiplicarlo generando empleo, cómo ayudar a otros (¿empezando por la propia familia, tal vez?), en qué cosas gastarlo mejor y cómo ahorrarlo en previsión de las eventualidades de la vida.
Para convencernos de que jamás deberemos calcular ni cuestionar el costo-beneficio final de su accionar ni rebelarnos contra el verdadero saqueo impositivo con el que se sostienen cómodamente al mando sin producir nada.

Todo parte de una parafernalia digna del peor oscurantismo medieval; de siervos de la gleba esclava en la que el estatismo sumió a toda la población argentina.
Atornillando los antivalores socialistas responsables del actual conformismo ignorante de la mayor parte del padrón electoral, que asegura a las oligarquías (o “corpos”) simbióticas de empresaurios depredadores, sindicalistas mafiosos y políticos fabricantes de pobreza poder mudar de caretas cada dos años, cambiando algo para que nada verdaderamente importante cambie.








De Antisistemas y Pactos Sociales


Junio 2019

Si bien la antinomia ideológica izquierda/derecha es imperfecta y poco precisa, la tomaremos en aras de una lectura más intuitiva de lo que sigue.
La democracia republicana, representativa y federal que en teoría nos rige (y que encarna de facto, en la Constitución Nacional, nuestro nunca individualmente firmado Contrato Social) es un sistema de ordenamiento comunitario concebido para discurrir por el “centro” político.
Posee, sin embargo, la resistencia estructural suficiente como para funcionar aún bajo la presión centrífuga que desde el propio gobierno ejerzan partidos de centroizquierda o de centroderecha, en general asimilados a “partidos de izquierda” (como el Socialista) y “partidos de derecha” (por caso, el Pro).  
No así bajo la presión disgregante de los partidos de extrema izquierda o extrema derecha que eventualmente logren alcanzar el comando del Estado.

Se trata, aun así, de denominaciones que cambian al compás de los tiempos: extrema izquierda podía entenderse hace unas décadas como comunismo estalinista y extrema derecha como conservadurismo liberal, con todo el mix de híbridos imaginables (pasando por socialdemocracia y corporativismo fascista).
Hoy y aquí, la extrema izquierda electoralmente posible está asimilada a chavismo, con Cristina F. de Kirchner (o su candidato títere) como cabeza visible y su partido Unidad Ciudadana.
Mientras que la extrema derecha posible, al menos como opción de voto a Octubre de este año, está asimilada a libertarismo, con José Luis Espert como referente del novel Partido Libertario en alianza con el recién formado frente Despertar.  

El tipo de democracia republicana que nos rige, con el contrato social antes mencionado tal como se lo entiende, se desmoronaría de acceder al poder cualquiera de estos extremos ideológicos.
No obstante, la variante chavista (la única de las dos con posibilidades ciertas de ganar, por ahora) sería mucho más contundente en su tarea de desguace que su contraparte libertaria destruyendo o anulando rápidamente tanto nuestra precaria independencia de poderes como los organismos de contralor del Estado y garantías de libre prensa.
Su acción disolvente y saboteadora, haciendo uso de ingentes fondos malhabidos en abierta promoción del caos, el malhumor social, la impunidad judicial, la violencia callejera y sindical desde fines de 2015 está a la vista de todos los argentinos y preanuncia con claridad el cariz de un eventual gobierno de este signo.
Su desprecio por la Constitución (con su espíritu liberal y protector de la propiedad) es bien conocido y en sus planes está cambiar radicalmente esta suerte de pacto social que todavía nos une para conducirnos, precisamente, hacia la extrema izquierda. Como todo hace prever, hacia la ruina y el éxodo masivo de los más capaces que nos anticipa el espejo venezolano. Pero también hacia la eternización de su corrupta nomenklatura en el gobierno, hacia el consabido latrocinio y al omnipresente Estado-mamá intentando, a como dé lugar, sostener su modelo clientelar de pobrismo asistencialista.

Desde el extremo opuesto del arco ideológico, la variante libertaria apunta al achique y eventual licuación final del Estado (de sus impuestos coercitivos y de su inmenso poder de opresión) por caro, innecesario y peligroso, tanto como al cambio del actual e inestable pacto social. Sólo que como un norte inspirador de largo plazo ya que en lo inmediato, sólo proponen subir un escalón hacia la “normalidad” económica y jurídica de países como Chile o Perú.
Verdad es que los libertarios adscriben al mandato moral de la no-violencia en todo el campo de la acción humana, que incluye el principio de no agresión sobre derechos y bienes individuales. Y verdad es también que el Estado representa la sistematización del proceso de robo “legal”, usando para ello el monopolio de la fuerza. Entendiendo por robo a toda sustracción no consentida de bienes honestamente adquiridos, sin que la escala del atropello modifique en lo más mínimo el concepto moral en cuestión (sea un solitario ladrón armado, una banda de delincuentes amenazantes o toda una organización recaudadora apoyada en fuerza policial, aún elegida y comisionada para dicho saqueo por millones de personas).
Por tanto, el objetivo final de esta novedosa extrema derecha es oponerse por principio a toda agresión que afecte la integridad física de cualquier persona o la integridad de sus derechos, incluyendo el derecho de propiedad sobre sus bienes.
Explícitamente orientado el gobierno hacia dicho objetivo ideal de no-violencia social y conforme al conocido postulado de la tendencia, los actuales desaguisados creados por el estatismo populista tenderán gradualmente a revertirse al incorporar seguridad jurídica y física y por tanto inversión, creatividad y empleo privado en áreas donde hoy la coacción -financiada desde lo impositivo- impera. Dinamizando de a poco actividades en las que el Estado ha sido (por diversas limitaciones mentales ancladas en siglos idos) tradicional e indiscutido monopolista y que son gravísimamente deficitarias en su calidad y costo final a más de actuar como poderosos frenos a la riqueza comunitaria, tales como justicia, educación, salud e infraestructura públicas, asistencialismo, previsión, seguridad, defensa o relaciones con otras sociedades.

Como se ve, ambos extremos políticos resultan ser antisistema. Incompatibles (uno a corto y el otro a largo plazo) con nuestro vapuleado pacto social.
Si bien recientes encuestas dan cuenta de que el 63 % de la población descree de la democracia en tanto herramienta útil para la promoción de verdadero bienestar popular,  resultaría un verdadero drama (a escala continental, incluso), romper con el sistema por izquierda en este mismo año 2019. Desbarrancando a la parte aún sana, profesional y productiva de nuestra sociedad por la pendiente de un autoritarismo dictatorial de cuño madurista. O castrista.

Como bien señaló ese gigante de la argentinidad ilustrada que fue Jorge Luis Borges, citado en el encabezamiento del reciente libro Libertad, Libertad, Libertad, de los economistas Javier Milei y Diego Giacomini, “el más urgente problema de nuestra época es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo. Para mí el Estado es el enemigo ahora; yo querría un mínimo de Estado y un máximo de individuo. Para eso quizá sea necesario esperar algunos decenios o siglos, lo cual, históricamente, no es nada. Creo que con el tiempo, llegaremos a merecer que no haya gobiernos”

El Regreso de los Muertos Vivos o El Chavismo Contraataca


Mayo 2019

Resulta importante para nuestro país tanto como tonificante para la mente explorar sin miedo lo disruptivo, lo lateral, lo diferente en materia de teorías económicas y ordenamientos sociales, sin confundir (cediendo a nuestra pequeña zona de confort mental /emocional) lo prohibido por genuinamente riesgoso con aquello que, simplemente, no conocemos o conocemos mal.
¿Estaremos pensando con claridad, libres de preconceptos inculcados y de emotividades de estudiantina?
Por lo pronto, debería ser más obvio para todos que la ética enriquece (no sólo cultural sino económicamente) y que la racionalidad con inclusión de lo moral como valor fundante fortalece y asienta en su bienestar a todos y cada uno de los integrantes de las sociedades que, voluntariamente, deciden enseñar y aplicar estas guías directrices.

Todo esto puede ser muy cierto pero ¿dónde se esconden hoy estas virtudes edificantes? ¿cómo encontrarlas entre el fárrago de temores, amenazas, crisis y eslóganes de este año electoral? ¿cuál de los trenes es el que no deberíamos perder esta vez? ¿cuál es el distante pero crucial norte hacia donde deberíamos enfilar la proa nacional, aprovechando los vientos favorables que siempre existen?
En definitiva ¿dónde se cruzan, ideológicamente, las más sólidas y puras, las más inspiradoras y constructivamente poderosas expresiones de la ética racional?

Antes de proponer una respuesta a estos interrogantes, demos un vistazo políticamente incorrecto a nuestra realidad nacional, a Mayo de 2019.
A caballo de los graves desequilibrios cambiarios, inflacionarios y de riesgo país derivados en línea recta de la estructura productiva argentina votada y afianzada una y otra vez durante más de 70 años por el pleno de la centroizquierda, situación que la gestión del presidente Macri no logró hasta el momento revertir, una fracción demasiado numerosa de nuestra sociedad está considerando, según encuestas fiables, retroceder hacia el redil populista que empezamos a abandonar en 2016 y donde en gran medida aún nos hallamos.
Esto ocurre, más que por los desequilibrios en sí mismos, en virtud de la enorme presión mediática y financiera de una virtual coalición de oposiciones liderada por las 3 oligarquías simbióticas que comandaron durante las últimas 7 décadas el montado de nuestra inviable estructura productiva y del consiguiente crecimiento de la miseria estructural, en inverso paralelo con su propio enriquecimiento.  
Nos referimos por supuesto a las bien conocidas oligarquías de los pseudo empresarios (y financistas) prebendarios, de los pseudo sindicalistas millonarios y de los políticos profesionales ladrones. Algunos de ellos ya convictos o con causas penales en proceso. Muchos otros inexplicablemente libres a la fecha de escribir esta nota.

La embestida de esta poderosa (por los ingentes fondos malhabidos de que dispone) corporación criminal que gobernó de facto los hilos de la política argentina desde mediados del siglo pasado, encuentra apoyo en esta ocasión en multitud de organizaciones sociales pro parasitarias, en punteros, barrabravas, matones, vagos y otros desocupados, narcotraficantes, mafias de ex agentes de seguridad y jueces corruptos.
Y al decir de las encuestas, cuenta con los votos de los idiotas útiles de la centroizquierda socialista, del gran colectivo de los cínicos que se definen como peronistas “racionales” y de los totalitarios tirapiedras que vomitan su resentimiento contra la propiedad privada, el régimen republicano y la mismísima Constitución Nacional.
Todos y cada uno de ellos responsables de las gravísimas taras que a lo largo de 3 generaciones afianzaron el hundimiento nacional. Colaboradores activos todos, sin excepción, del sufrimiento, esclavitud económica y muerte prematura de sus queridos “humildes” y de ellos mismos, así como de la terrible decadencia cultural, ética y moral del país.
Con sus viejos trapos rojos al viento avanzan como un ejército de muertos vivos, dispuestos a retomar a partir de Diciembre la marcha (por ahora apenas puesta en pausa) hacia una suerte de chavismo a la criolla.

En el caso de los dirigentes y cómplices de las 3 oligarquías dominantes, se trata de desesperación ante la perspectiva de que “se avive -finalmente- la gilada”, de que su negocio (curro) de 70 años acabe y de que termine alcanzándolos la larga mano de la Justicia.
En el caso de la enorme masa o gilada empobrecida que hoy los mira con simpatía, se trata en cambio de desesperación ante la perspectiva de seguir cayendo de la clase media a la baja, de la baja a la pobreza dura y de allí a la indigencia.
Se trata de histeria en grado de negación ante la evidencia de que sus abuelos, abuelas, padres, madres y ellos mismos se equivocaron propalando y votando una y otra vez ideas basura y funcionarios imbéciles (cuando no redomados delincuentes), en contra de sus propios y directos intereses.
Desesperación de horror y vergüenza por tener que admitir ante propios y extraños que sembraron los vientos de las tempestades que hoy cosechan. Que son los culpables directos de su desgracia; de haber obturado sus propias esperanzas, las de sus hijos y nietos.
Tras lo cual, perdidos por perdidos o con poco que perder, se inclinan a apoyar un modelo francamente ladrón; inmoral, carente de ética y de límites. Vacío también de esperanzas de progreso; pero uno que al menos les asegure el sustento mínimo dentro del sistema “todos pobres”, bajo la férula violenta de un gran Estado mamá.

En la salida al final del túnel en el que tantos argentinos ciegos embretaron a la nación, la ética más limpia y desinteresada tanto como la moral racional más inteligente, eficaz y solidaria se cruzan en el campo de las ideas libertarias. De la iniciativa económica popular, liberada de dogales y mochilas. De las más amplias libertades cívicas y de vida. De la estricta no-violencia y de lo contractual voluntario, aplicados paso a paso a todo el campo de la acción comunitaria. De economía participativa y eficiencia dinámica empresarial con función social.
Se trata del cuerpo de ideas más evolucionado que existe, dejando en el pasado a todo lo anterior. De lineamientos prácticos desarrollados por décadas por teóricos de clase mundial que comprenden que la libertad, sin posibilidades económicas reales, no reviste “atractivo político” o emocional para las mayorías. Para quienes la “libertad de elección”, de consumo, de búsqueda de la felicidad y del bienestar familiar… terminan siendo una entelequia.

Ese es el norte. Por ahora de mediano o largo plazo, aunque se trate de conceptos de alta civilización, de aplicación inevitable a futuro.
Bueno sería que la intelligentsia argentina se empapara más en esta ideología avanzada, promoviendo como vanguardia intelectual los usos y guías que vuelvan a hacer de nuestro país, en una generación, faro del mundo, ejemplo, meca y esperanza.

El contraataque chavista, el enfrentamiento inminente entre civilización y barbarie implica, lamentablemente, la cuota de responsabilidad necesaria para dar este año al actual presidente otra posibilidad de hacer lo que no pudo, no quiso o no supo hacer hasta ahora en las áreas impositiva, laboral, previsional, de orientación económica y seguridad jurídica.
Pero también implica el coraje patriótico de apoyar a nuestro aún pequeño Partido Libertario, a honestos candidatos libertarios a las legislaturas y a todos quienes con sacrificio de lo personal luchan por llevar adelante estas nobles ideas, condicionando con su presencia el accionar de las mafias que hoy parecen dominar la escena.


Antipolítica


Abril 2019

Como afirmó con ácida lucidez Groucho Marx (intelectual y humorista estadounidense, 1890 – 1977), la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.
Dejando de lado las enormes diferencias entre Mauricio Macri y Cristina de Kirchner y más allá de la inocencia de los crédulos, hay algo que hoy se sabe; que está en el aire: como bien definió en su momento Edmond Thiaudiere (filósofo y novelista francés 1837 – 1930), la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular.
En nuestro caso, el interés particular de las tres corporaciones que desde hace más de 7 décadas lucran a expensas del pueblo y comandan el hundimiento nacional como medio para lograrlo. Verdaderas oligarquías simbióticas: la de los empresarios prebendarios, la de los sindicalistas millonarios y la de los políticos profesionales.

Lo político es sin duda una gran ocupación, fuente de fortuna y modo de vida para mucha gente. Actividad que por cierto merece un capítulo medular en la aún inédita Historia Universal del Parasitismo.
Mas una ocupación sin conexión alguna con el verdadero bienestar general ni con la evolución cultural de los ciudadanos, virtuosidades que sólo surgen del intercambio voluntario de un casi infinito número de intereses dentro de la comunidad, en pos de acuerdos que a todos y cada uno convengan.

Lo cierto y visible es que la política divide. Que no posee (en lo fáctico, más allá de bellos enunciados) vocación universalista y que, por el contrario, crea grietas.
Porque lo que une a los seres humanos es el ejercicio de la negociación de sus múltiples intereses en el respeto, la diversidad y la reflexión en base al diálogo, la justicia y la tolerancia. Seis ítems que están muy lejos de la actividad política real. Que es básicamente agresión coactiva de quienes tienen poder de presión en el nombre de algunos sobre todos los demás bajo el imperio de instituciones, estatutos y normas de relación no-voluntarias.
Bajo formas que no son contractuales; como deberían ser en una sociedad de personas libres, evolucionadas y responsables de sus actos, a tono con este siglo.

En la Argentina real, como norma general, la burocracia gubernamental a cualquier nivel genera oportunidades para que el poder de los intereses creados de nuestras tres oligarquías y sus factores de presión, influyan. Corrompan. Tuerzan las garantías teóricas del sistema. Frenen la meritocracia y abonen, deseándolo o no, la ineficacia, los sobrecostos, el nepotismo, la dádiva clientelar y las mafias criminales del capitalismo de amigos.
Es inevitable que estas oportunidades se generen, por más diferencias que haya entre las licencias éticas de un Estado macrista y otro kirchnerista. Y está en la naturaleza humana usarlas porque quienes son depositarios de poder gubernamental a cualquier nivel… no son ángeles sino simples mujeres y hombres, moralmente débiles.

Aunque pregone lo contrario, la política -globalmente considerada- garantiza en los hechos desde siempre y aún hoy que el hombre sea lobo del hombre y que, aunque disfrazada, impere la ley del más fuerte; de los monopolios (en particular los estatales) y de las transas en innegable detrimento de los más. De los débiles. De los ilusos. De los ignorantes. De los pobres.

Resulta claro que el poder político seguirá siendo agresión en tanto no se reduzca a formas de colaboración para la solución de problemas comunes, sin imperio alguno.
Y asimismo que la mejor forma de delegación del poder (de “democratización” de ese poder, si se quiere) es dárselo a las personas; al pueblo llano en un ámbito competitivo, voluntario y contractual de libre mercado.
No evolucionaremos por el camino (cristiano, gandhiano, budista, confuciano… ¿feminista?) de la no violencia hasta que cada lobo humano sea frenado y convertido en servicial cordero por el efecto de muchos iguales compitiendo -sin ventajas- con él por el favor de la gente en lo que sea que ofrezca o, lo que es lo mismo, por el voto diario de sus billeteras; sean estas grandes o chicas. De sus intereses personales, sean estos los que fuesen. No hay otra.

Esto es: poner el natural afán de diferenciación, ganancia y superación propio de creativos y empresarios, al verdadero servicio de la comunidad. Con inteligencia, sin coacción externa a sí mismos e incluso aunque ellos no lo desearen así.

Será el camino del fin de las 3 corporaciones parásitas que frenan a la nación. Y de su terrible faena de corrupción moral sobre millones de crédulos e “inocentes” votantes, convertidos en cómplices de sus latrocinios y en “inadvertidos” artífices del hundimiento argentino.



El Poder de la Esperanza


Marzo 2019

Sucede de tanto en tanto a lo largo de la historia, que “los de abajo” toman finalmente sus cuerdas y proceden a ahorcar a “los de arriba”. Quiebres que se verifican cuando las diferencias de fortuna y bienestar son demasiado grandes pero sobre todo cuando los desfavorecidos sienten que se quedan atrás, sin oportunidad de avanzar.
La insurrección prospera entonces y se ven cosas como el sangriento terrorismo de Estado acaecido durante el famoso “período del terror” de 1793/94 a poco de triunfar por las armas la Revolución Francesa, o el actual terrorismo de Estado de Venezuela a través del voto inicial en favor de la revolución chavista, con el apoyo de masas sin esperanza de las barriadas más pobres de sus ciudades.

Para las élites pensantes, el modo de desactivar bombas tales, que casi sin excepción conducen a calamidades peores de las que las motivaron (revoluciones rusa, cubana y sandinista, por caso), está en entender a tiempo el alcance de las palabras “sin oportunidad de avanzar”.

En Argentina, perdida la cultura del trabajo (como ya se perdió para un tercio del electorado, y en aumento), el votante empobrecido sólo atina a ver la enorme cantidad de dinero tirada por el gobierno en “política” y subsidios y la gastada por los ricos en sus lujos, concluyendo en el erróneo “la plata está; sólo es cuestión de recaudarla con firmeza, repartirla bien y que me llegue mi parte”.
De ahí a desencadenar a través del voto un efecto dominó que nos lleve a Argenzuela -al modelo madurista de ruina y éxodo- a través de una escalada de acciones directas autocebantes, hay sólo un paso.
Uno que bien podría dar nuestro electorado en Octubre y cuya probabilidad de ocurrencia podría atenuarse -aún con nuestra cultura del esfuerzo tan lastimada- si una mayoría de las familias que desde hace décadas vienen cayendo, percibiera con nitidez y realismo una luz al final del túnel.
Paso que incluso podría revertirse haciendo de nuestra Argentina una verdadera tierra de oportunidades si percibiesen no solo una luz sino todo un abanico de luces libertarias para emprender, trabajar y crear sin palos impositivos, legislativos ni laborales en la rueda.
Es obvio por comprobable que la planificación central de la economía no funciona. Que su fiscalismo, burocracia y reglamentarismo cerril no funcionan. Que la dádiva, las prácticas corruptas, la tergiversación docente de los valores y el clientelismo no funcionan. Que la progresiva clausura de libertades individuales y de derechos de propiedad y disposición que venimos votando desde hace décadas, no funcionan; que han arrastrado a todos hacia abajo y que han elevado solo a los políticamente conectados.

Nuestro gran país no funciona. Todos podemos percibirlo.
Y también percibimos que a caballo de la ignorancia y de su hija, la desesperanza, avanza una marea conceptual socialista que clama por “más impuestos a la riqueza”.
Sin enterarse de que en el otrora paraíso socialista europeo, hoy ultra endeudado, cada vez más países retroceden asustados desde las antiguas prácticas del Estado Providencia. Ni de que 9 de ellos ya eliminaron los tan “políticamente correctos” (en realidad sumamente estúpidos) impuestos a la riqueza, tras comprobar el daño que causó a sus economías la fuga de emprendedores y de capitales: una marea de verdaderos exiliados fiscales; fortunas y cerebros que huyeron (y aún huyen) en busca de mejores garantías a la propiedad honradamente adquirida y de un clima de negocios más abierto.

La mismísima y supuesta “Tierra de la Libertad”, Estados Unidos, sufre hoy (tras décadas de dirigismo, burocracia y fiscalismo crecientes) una epidemia de candidatos socialistas del partido Demócrata que, a caballo de encuestas favorables, se proponen a cargos públicos para los comicios del 2020 prontos a dar el golpe de gracia a la otrora meca del capitalismo.
¡Bien! Ya que los argentinos al parecer resentimos, odiamos (¿envidiamos?) tanto a los norteamericanos, qué mejor oportunidad de “revancha” que extender una alfombra roja a todos sus emprendedores, innovadores, creativos, científicos, filántropos, hacedores y capitalistas inversores, invitándolos a mudarse al sur con sus millones y sus tecnologías. Instándolos a construir su sueño americano… libre, poderosa, audazmente desde aquí.
¿Qué mejor “venganza” y giro de la historia que absorber en nuestro directo beneficio sus mejores energías, sus mejores mentes e ideas, dejando que la nación del norte se seque y consuma en su propio horno estatista mientras nosotros, ya más sabios (o escaldados), nos alejamos de él?

El master plan que despeje con decisión las barreras impositivas, laborales, previsionales y regulatorias que están impidiendo tal curso de acción debería ser explícito. Y de absoluta prioridad para quienes nos gobiernan.
La antes mencionada “oportunidad de avanzar” para los desmoralizados compatriotas que hoy sólo atinan a prever un voto en favor del modelo chavista está en la posibilidad claramente entrevista de un gran boom económico, de una gran inyección de inversiones productivas y de emprendedorismos de base operando sin trabas a todo nivel.
Para ello, deben internalizar un hecho histórico: que la riqueza legítima que fecunda al resto siempre ha sido acumulada antes por pequeñas minorías movidas por el talento, la ambición, el esfuerzo y, por qué no, la suerte.
Y que es posible que esas personas se enriquezcan más cada vez, desde el momento en que acceden a la capacidad de reinvertir con eficacia (cuando el Estado-croupier no se lo lleva) casi todo su patrimonio “sobrante”.
Beneficiando de paso la actividad económica de su entorno en un efecto no sólo de “derrame” sino multiplicador… a escala impredecible. Mayor cuanto más riqueza creen para sí esta clase de empresarios proactivos.

Si una persona de clase asalariada quisiese invertir, comenzar un nuevo negocio, adquirir nuevas habilidades y progresar podría hacerlo interactuando en un entorno así; inverso al actual y de ingresos incrementados,  ya que sería uno donde empleados y salarios serían los ítems demandados en tanto empresas y empleadores pasarían a ser… ¡los ofertados!

El desastre no es lo que podría sobrevenir de sacarle el dogal del cuello, el bozal del morro y la mochila del lomo a la gente de a pie (al capitalismo popular) en nuestro país.
El desastre y su pendiente infernal, señoras, señores, es lo que tenemos hoy mismo frente a nuestros ojos en el cercano espejo venezolano.
En el reflejo posible de la “conurbanización” final de toda la Argentina a una sola e inmensa villa miseria.




Ventajas de la Cristiana Humildad


Marzo 2019

Bien harían el Papa Francisco I y los religiosos que adhieren a sus extrañas ideas económicas en tener presente, en verdadero ejercicio de cristiana humildad (por qué no decirlo), la incompatibilidad intrínseca entre las doctrinas católica y socialista.

Es sabido desde tiempos del mítico Adán que el pecado original causante de la caída de la humanidad y de su consecuente expulsión del paraíso terrenal fue el de orgullo o arrogancia, tras creer el hombre y la mujer poder ser omniscientes como Dios.
Y también que, según hizo notar el gran pensador austríaco Friedrich A. von Hayek (1899 -1992, filósofo, jurista, economista y premio Nobel) el socialismo resulta ser, contrario sensu general, la más cabal expresión política, social y económica de aquel pecado original de arrogancia.
Una ideología, la socialista, poseedora de un entendible atractivo para muchísimas personas si consideramos, desde el punto de vista católico, a la “humanidad caída” como propensa a rebelarse contra el mandato natural (divino) de tener que lidiar con dolor en contextos sociales… de futuros ciertamente inciertos. Rebelión contra la propia naturaleza humana que, en busca de la certidumbre perdida, cae en la arrogancia de creer que es posible crear -a fuerza de instituciones coactivas- un “hombre nuevo”. Domesticado. Aplacado en su afán de lucro y socialmente ordenado por la perfecta maquinaria de un gran Estado omnipresente y omnisciente.

Está claro que hoy es posible, en buena medida, controlar el futuro y aventar la incertidumbre.
Algo factible a través del uso de nuestras tecnologías e inteligencias. Pero no para insistir en el imposible de controlarlo todo a través de la consabida planificación central restrictiva y extractiva, violentadora de libre albedríos, sino a través de una cada vez más perfecta comprensión de la naturaleza inmutable del ser humano, de sus afanes de ganancia y superación, para ordenarlos sutil y contractualmente en dirección al bienestar del mayor número. En dirección a una cada vez mayor certidumbre y tranquilidad socioeconómica, entendidas como plataforma ideal para la movilidad de clases y la elevación cultural.

La vanguardia intelectual humanista representada hoy por las corrientes libertarias de pensamiento crítico, sabe desde hace mucho que el modelo estatista redistribuidor (como el que siempre aplicaron el peronismo, los radicales y los militares, como el pasteurizado que también aplica, más allá de lo que digan, el gobierno de Cambiemos, como el brutal que aplicará el peronismo kirchnerista si logra retomar el poder este año) nunca funcionó para bien en grado ni parte alguna, simplemente porque está imposibilitado -por ley natural (divina, si se quiere)- de hacerlo.

De entre el sinfín de razones fácticas y teóricas para que esto sea así, veamos tres.
1) No es posible para el planificador central obtener (menos aún manejar) toda la data que necesitaría en simultáneo para coordinar con eficiencia sus múltiples órdenes. Por razones de volumen y, sobre todo, de casi infinita complejidad ya que nuestro proceso socioeconómico real es impulsado y modificado por las decisiones constantes de 44 millones de individuos interactuando dinámicamente en función empresarial (en el más amplio sentido de esta acepción).
2) Ningún planificador ni grupo de planificadores centrales puede decidir bien, con justicia individual objetiva, en gestiones de implicancia económica general (incluidas sus derivaciones colaterales con efectos cascada y mariposa), por sobre la suma de los millones de decisiones diarias subjetivas (porque eso es lo que son), de toda la población sometida a sus criterios.
3) El tirano “benévolo” de turno se esforzará, en el mejor de los casos, en conducirnos a su paraíso de certidumbres “de la cuna a la tumba” a través de un sólido corset coactivo de leyes e instituciones. Garrote en alto, intentará que nadie se aparte de la fila de sus dictados, so pena de terminar desbaratando el todo. Una rigidez inevitable que colisiona con nuestra naturaleza, que es creativa de nueva información; que es descubridora de nuevos fines y medios para hacer cosas mejores o distintas y que conlleva una función empresarial individual innata atada al afán de bienestar y diferenciación.  

Hablamos de información diaria no creada o peor aún, abortada, que en tanto tal no puede ser recolectada ni transmitida a la cúpula planificadora, siempre urgida a coordinar lo que deberemos hacer hoy y lo que debería suceder mañana. Un mañana que se les seguirá escapando a diario; que permanecerá ignoto (estéril) y que por tanto resultará depresor para el conjunto a mediano y largo plazo.
No sólo por la permanente falta de datos en el vértice sino en razón de la falta de estímulos de ganancia del sistema.
Un sistema, el socialista, inhibidor de la innovación, del riesgo empresario, de la llegada de capitales de exiliados fiscales de otros malos sitios y de la audacia emprendedora y creativa de la gente.

Hablando de hechos, no de teorías, es este pecado de arrogancia de izquierdas de creer saberlo todo, de creer poder manipular al todo y a todos, tan popular por desgracia, el que nos sigue llevando al desbarranque; resbalando y golpeándonos una y cien veces en el empedrado descendente de nuestra decadencia.
Se trata del pecado político de soberbia que conduce fatalmente (cual divino castigo, si se quiere) al bloqueo de las posibilidades de superación de los que menos tienen.
Y a las más injustas e inmensas diferencias de fortuna, facilitando el mayor y más veloz enriquecimiento de ruines y mafiosos, como es hoy tan evidente entre exfuncionarios, sindicalistas y pseudo-empresarios argentinos.

Un poco de cristiana humildad, por favor.




El Perro del Hortelano


Febrero 2019

¿Cómo gestionar un país en el que la mitad de sus empleados en relación de dependencia “trabajan” en el Estado? ¿Cómo hacerlo si, además, casi la mitad del movimiento económico revista en la economía informal sin pagar impuestos ni aportes? ¿Cómo volverlo atractivo a las inversiones productivas con leyes y estatutos laborales cuasi fascistas? ¿Cómo tornarlo competitivo a nivel global con una presión impositiva agobiante, de más de un tercio del PBI que para colmo, si se computa sobre el universo de los que la pagan (la mitad que opera en el circuito formal), sobrepasa por mucho la mitad de ese mismo producto?

Tomemos el caso icónico de la actividad agrícola, desde hace más de 70 años exprimida sin solución de continuidad: a Diciembre de 2015 el peronismo kirchnerista le expropiaba la insana cifra del 94 % de la renta mientras que a Diciembre de 2018, el actual gobierno continuaba expropiándole el 66 % (dos tercios).
Renta confiscada estúpidamente, además; al mejor estilo “perro del hortelano”, teniendo en cuenta el desastroso resultado-argentino-global resultante de haber destinado esos dineros (de retenciones, cambios diferenciales, superposiciones tributarias discriminatorias, etc.) durante tantas décadas a subsidiar a otros sectores de la economía en la esperanza de auxiliarlos (subsidiarlos) en su “despegue”. Algo que, como era previsible, no ocurrió: el Estado “no pasó ni dejó pasar”.

Porque, veamos: ¿qué sucedió con el subsector agrícola cuando el Estado-perro-del-hortelano lo dejó (en forma tan parcial como infrecuente) pasar? Tratándose de una actividad netamente federal, “de tierra adentro”, el tal dinero alternativo de los productores se volcó en muy alta proporción sobre los pueblos y ciudades del interior, inyectando prosperidad visible a lo largo y ancho de sus cadenas sociales. Arraigando a sus poblaciones.
Botones de muestra que marcan con crueldad la diferencia con los dineros “dulces” de industriales protegidos por aquellos subsidios, que con tanta frecuencia terminaron en mansiones esteñas, autos importados, viajes rumbosos y cuentas en el exterior. Cuando no en coimas y negociados de obra pública con la oligarquía político-sindical.

¿Y qué pasó, entretanto, con la inmensa mayoría; con la gente de a pie, asalariados y sub-ocupados sin privilegios?
Concedamos que, como efecto colateral, las retenciones hayan conseguido deprimir artificialmente un tanto el precio interno de ciertos alimentos en góndola (suposición resbalosa, si las hay), aún al costo de deprimir también a la producción agrícola y sus cadenas de valor.
La contracara de esta decisión política son las décadas habidas de proteccionismo a la industria, asegurándole un mercado cautivo (la Argentina) donde vender todo tipo de bienes a alto precio y baja calidad relativa.
Los fabricantes nativos, cuyas empresas venían creciendo a ritmo aceptable sin subsidios y en abierta competencia con el mundo hasta mediados de los años ’40, ganaron en toda la línea con el cambio de reglas en tanto los integrantes del pueblo llano, incluidos aquellos a los que la nueva industria protegida brindó empleo, perdieron.
Sí: fueron hundidos; se empobrecieron porque a lo largo de 3 generaciones pagaron elevados sobreprecios por casi todo lo que necesitaron y que podrían haber conseguido a menor valor y mayor calidad de una industria local abierta y competitiva o, claro está, del resto del mundo.
La sumatoria económica de tanto tiempo, tantas diferencias de valor y tantos efectos multiplicadores perdidos nunca se calculó, que sepamos, pero confluye sin duda en una cifra de dimensiones colosales; tan colosales como para explicar la mayor parte de nuestros actuales estándares de miseria, ignorancia inducida (bajeza moral) y decadencias de todo orden propias de una economía endogámica.

Los interrogantes iniciales de esta nota marcan nuestra actual situación y nuestros dilemas… en ese exacto sentido.
Volvamos entonces una vez más sobre la gran pregunta clásica: ¿cuándo se “jodió” la Argentina? y reflexionemos sin prejuicios con la siguiente, breve comparación.
Australia y Canadá eran países agroexportadores que luchaban por acercarse a nuestros niveles salariales, culturales, educacionales y productivos; pero ellos no cambiaron el paradigma después de la Segunda Guerra Mundial ni cayeron en el error de exprimir y frenar al agro para subsidiar a su industria y a su burocracia.
Resultado: hoy son potencias agroexportadoras e industriales globalmente competitivas, casi sin pobreza, conflictos intra-sociales ni desocupación, con pueblos educados y PBI enormemente superiores al nuestro.

¿Acaso eso nos dice algo, aparte de la vergüenza que representan estos sonoros cachetazos (sonrisa sobradora incluida) de los angloparlantes a nuestra inteligencia y a nuestro orgullo nacional?





Los Zapatos del Presidente


Enero 2019

Debe ser difícil e ingrato estar hoy en los zapatos del presidente Macri, inmerso como está en las consecuencias de la crisis devaluatoria que comenzara en Abril del año pasado. Con un país a los bandazos. Aferrado al timón que recibió a fines de 2015 con minoría parlamentaria en ambas cámaras. Y en circunstancias que no deben olvidarse.

Condiciones que configuraban una hipoteca poco menos que ilevantable, incluyendo una economía en default y encaminándose hacia la hiperinflación, un Banco Central casi sin reservas, presión tributaria confiscatoria, grave atraso cambiario con cepo de divisas, tarifas subsidiadas hasta en un 90 %, provincias gravemente insustentables e ingentes trabas a los derechos de propiedad y libre empresa.
Con un tercio de sus ciudadanos en situación de pobreza; con desocupación creciente a pesar de haber aumentado sin necesidad la planta permanente de agentes estatales en más de un millón y medio de personas, en alta proporción militantes del propio sistema depredador y dispuestos a entorpecer cualquier gestión de retorno a la racionalidad sin el más mínimo prurito patriótico; un accionar irresponsable que consolidó en el empleo público a un insostenible 50 % de los trabajadores en relación de dependencia.
Un gobierno que había desaprovechado la mejor década de la historia para los valores de los productos nacionales, dilapidando esos recursos en un clientelismo rampante y en una auténtica orgía de corrupción (estimada, hasta ahora, entre 100 y 200 mil millones de dólares).
El actual presidente recibió una Argentina no sólo sin modales sino cortoplacista, infantil y negadora. Con varios juicios multimillonarios perdidos a pagar, por ruptura de contratos e incumplimientos internacionales.
Desalineada de occidente aunque, eso sí, asociada por vía de coimas y retornos a un puñado de narco-dictaduras y regímenes delincuentes.
A fines de 2015 campeaba la impunidad judicial para con los corruptos, el narcotráfico y las mafias de casi todos los sectores relacionados con lo público y lo gremial, al amparo de miles de funcionarios y jueces venales designados ad hoc por la propia administración.
El sistema de infraestructura vial, ferroviaria y energética así como la de las áreas sanitaria, militar y educativa se encontraba “a punto de colapso” por falta de inversiones.
Situación a la que deben añadirse varias trampas armadas a modo de mecanismos de relojería que estallaron sobre el nuevo equipo a poco de asumir, tales como las calculadas deuda (estafa) del “dólar futuro” y la relampagueante sentencia de la Corte por inmediatos pagos coparticipables a las provincias; comprometiendo en ambos casos cifras descomunales fuera de toda cuenta.
Milagro Sala, Hebe de Bonafini, Lázaro Báez y Cristóbal López, cual jinetes del apocalipsis, dominaban entonces el “campo popular” a galope tendido en su raid de vaciamientos al erario, mientras el país pasaba de exportador a importador de gas y petróleo, acumulando facturas anuales que aún hoy cortan el aliento.
El nuevo gobierno se encontró también con una AFIP, una SIDE (o AFI), un INDEC y un costoso conglomerado de medios estatales y paraestatales funcionales al Relato, dedicados a perseguir opositores, generar propaganda, difundir fake news y cubrir las propias fechorías.
Coronando el cúmulo de “cargas de profundidad destituyentes” desgranadas en su huida, los 3 millones y medio de nuevos jubilados ingresados al sistema sin aportes; dinamitando a la ya quebrada y saqueada ANSES al punto de volver casi infinanciable el de por si grave déficit fiscal previsto para el año de arranque, 2016.
El aún hoy impune, aberrante asesinato del fiscal Nisman y el infame encubrimiento de los autores del atentado terrorista a la AMIA resultan prueba elocuente de aquella situación de desmadre y alta traición.

Sucintamente, tal fue el punto de partida al que habría que sumar en la columna del “debe” a los millones de planes sociales y AUH entonces en marcha, pagos y asignaciones que el gobierno de Cambiemos sólo atinó a aumentar en número y monto durante estos últimos 3 años en la esperanza de desactivar las recurrentes protestas y pseudo estallidos sociales teledirigidos desde las usinas de restauración curro-populista, abroqueladas en su ya clásico “cuanto peor, mejor”.

En verdad y en coincidencia con el diagnóstico y las recomendaciones iniciales de varios conocidos economistas locales, consideramos que la nueva administración debió haber blanqueado de entrada y con absoluta crudeza el estado de la nación, debió haber buscado un amplio acuerdo político y debió haber utilizado la marea de crédito entonces disponible para bajar fuertemente los impuestos.
Además de lo que sí se hizo, estas medidas implicaban, junto con una reforma laboral a tono con este siglo consensuada bajo amenaza de referéndum (“el que golpea primero…”), colocar al país en condiciones de competitividad y dotarlo de seguridad jurídica ante los ojos del mundo. Vale decir, abrir en serio las compuertas a la famosa lluvia general de inversiones productivas que nunca se dio.
Cumplido este supuesto, el resto de los problemas hubiese quedado empequeñecido o bien muy facilitadas sus vías de solución.

No se hizo así y ahora, a Enero de 2019, los subsidios a las tarifas de servicios públicos se sitúan (luego de haber bajado del 90 hasta el 30 %) en el orden del 60 % de su valor real al tiempo que se prevé que nada menos que la mitad del presupuesto nacional se aplique durante el año al rubro “gasto social” (cifra récord, equivalente al 11 % del PBI).
La mitad de los trabajadores en relación de dependencia siguen en el Estado, tal como en 2015, en tanto la presión impositiva, lejos de disminuir, aumentó.
Tampoco se ven movimientos audaces, conceptualmente sólidos y consensuados con transparencia en dirección a la baja de impuestos ni a la desregulación de nuestras jurásicas reglamentaciones laborales y sindicales. Ni en dirección a la sustentabilidad definitiva de nuestro fundido sistema previsional.
Temas medulares, si los hay, que junto a los anteriores frenan cualquier esperanza de inversiones a gran escala. Que impiden cualquier conato de crecimiento serio, como antesala a la generación de la capacitación y el empleo que reduzcan los niveles argentinos de bajeza moral, de ignorancia y finalmente… de pobreza.

No quisiéramos estar en sus zapatos ya que a esta altura resulta evidente que al cabo de sus 4 años de mandato y al margen de muchos buenos ajustes “menores”, el gobierno de Cambiemos no habrá logrado frenar nuestra decadencia. Mucho menos revertirla. Por más que la excusa de la herencia recibida sea 100 % cierta y que su peso (también cultural, prebendario, clientelar y filo-mafioso en gran parte de la población) sea excesivo para una administración en minoría parlamentaria.

Si bien como libertarios argentinos hemos afirmado que nuestro modelo de democracia es inviable, para empezar por la ya irremontable grieta entre honestos y delincuentes (o cómplices), entre cultores del trabajo y defensores del parasitismo que divide transversalmente a sangre y fuego al país, y que la respuesta definitiva sólo puede provenir de un viraje pronunciado hacia la verdadera libertad de industria y al más absoluto respeto a los derechos de propiedad y disposición, debemos convenir que en el “mientras tanto” este sistema renqueante debe seguir. Y que otro período presidencial de la misma coalición constituye el mal menor frente a la posibilidad de que los mismos vivillos/corruptos mendaces del ‘15 u otros peronistas tan demagogos como irresponsables vuelvan a tomar las riendas. Y nos lancen al abismo de sus dislates económicos y éticos (al abismo de la pobreza y sus violencias) con mucha mayor fuerza que la actual. Porque es parte importante de la grieta el hecho de que muchos millones de argentinos con poco que perder no teman -y hasta deseen- vivir en dictaduras socialistas como las de Venezuela o Cuba.

Puede que el presidente y sus equipos asuman que fracasaron por pusilanimidad. Por falta de valentía. Desgastándose hasta la extenuación en multitud de escaramuzas en general correctas aunque periféricas, sin atreverse a encarar el nudo del problema.
Puede que finalmente caigan en la cuenta de que el equipo entero deberá inmolarse por la nación en esta contienda decisiva exponiendo frente a los argentinos, como no lo hicieron antes, la realidad de una situación que sigue siendo terminal.
Ofreciendo una explicación con mea culpa por el tiempo perdido, que demuela nuestros mitos; uno a uno, sin anestesia y sin piedad.
Una exposición inteligente, didáctica y lapidaria que recorra problemas, soluciones, perspectivas y… tiempos.
Que aclare de una vez el costo de hacer o no “lo que hay que hacer” a corto, mediano y largo plazo, con la mira puesta en un país viable.

Hablamos de un discurso de Estado que debería llevarse a efecto durante los próximos meses a un nivel profesional-publicitario… de saturación. Para que, una vez bien comprendido por todos los argentinos, hasta por los más aislados, apolíticos o duros de entendederas, se le pida al pueblo en plebiscito electoral el aval para embarcarse en una nueva épica; mucho más audaz; la de un país orgulloso de sí mismo; la de una sociedad no sólo sustentable sino realmente libre. Capitalista sin complejos y como tal, poderosa. Inclusiva en serio.

Algo que sin ese previo sinceramiento, de corte brutal, no será posible.